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A lo cubano

Redaccion Avances 07/08/2026 - 09.31.hs

Ante la supresión de envío de petróleo desde Venezuela a Cuba, orquestada por Estados Unidos, el pueblo cubano sigue resolviendo sus problemas "a lo cubano", expresión equivalente a nuestro "lo atamos con alambre".

 

JOSÉ ALBARRACÍN

 

A comienzos de año, cuando la traición y falta de dignidad de parte de la dirigencia venezolana le permitió capturar al presidente Nicolás Maduro y asumir de facto el gobierno del país, una de las primeras cosas que hizo Donald Trump fue suprimir todo envío de petróleo de Venezuela a Cuba. Con esto -dijo en varias ocasiones- esperaba que el gobierno cubano, al que EE.UU tiene bloqueado económicamente desde hace casi setenta años, caería por su propio peso. Detrás de esta arquitectura estaba el canciller Marco Rubio, conspicuo representante del exilio cubano en Miami, que finalmente vería así cumplir su sueño húmedo de destronar la revolución encabezada por Fidel Castro en 1959.

 

Apuestas.

 

Los pronósticos variaban, pero se suponía que sin petróleo de ningún tipo -también se bloqueó el suministro por parte de terceros países, excepto un cargamento ruso que logró alcanzar la isla en marzo pasado- la economía se desplomaría en abril pasado. Para no hablar de las penurias que el proceso causaría a la población, incapaz de movilizarse en vehículos, refrigerar o cocinar alimentos.

 

Siete meses después de la caída de Maduro, el supuesto colapso cubano no se ha producido. Aquí, también, Trump se encontró con un hueso bastante más duro de roer. Como en Irán, donde la supuesta guerra relámpago destronaría en días a otro gobierno odiado por Washington, y ahora están desesperados por acordar la paz, aunque les cueste miles de millones de dólares en indemnizaciones a Teherán.

 

Hubiera sido deseable que este proceso fuera reportado por alguna agencia noticiosa latinoamericana, pero lejos de ello, los detalles de la Cuba actual nos llegan a través de un reporte firmado la semana pasada por los periodistas norteamericanos Jack Nicas, Alex Pena y Lisette Poole González (NYT), que obtuvieron visa y se movieron libremente por la isla durante más de una semana. Lo que descubrieron es que el pueblo cubano sigue resolviendo sus problemas como siempre, "a lo cubano", expresión que equivale a nuestro "lo atamos con alambre".

 

Catangas.

 

Ya no se ven por las calles los gigantes Chevys y otras catangas norteamericanas de los años '50, que se usaban como exóticos taxis, tras instalarles y adaptarles motores soviéticos. En su lugar, el transporte público se maneja principalmente por esos "motocarritos" ("rickshaws", comunes en Asia) propalados por motores de energía eléctrica, con paneles solares atornillados al techo.

 

En lo que parece una bendición oculta, están forzando a Cuba a hacer la transición más rápida de los combustibles fósiles a la energía solar. Aproximadamente un 20% del consumo de energía en la isla se abastece con baterías de litio y paneles solares provenientes de China: algunos han sido importados por particulares, gracias al aporte de parientes que viven en el extranjero. Pero muchos de estos sistemas -en particular los destinados a hospitales, asilos y otros institutos de cuidado- fueron donados por Beijing.

 

Pero no acaba aquí el ingenio de los cubanos. Los periodistas entrevistaron a Humberto Palmero, un granjero de 55 años, quien siguiendo tutoriales en Youtube instaló en su patio una destiladora capaz de transformar el plástico astillado en combustible para su motocicleta. En un video lo muestran incluso, con sus experimentos, obteniendo hidrógeno combustible a partir del agua. A lo largo y a lo ancho del país, cientos de mecánicos se las ingenian para hacer funcionar generadores con gas natural, más accesible y abundante que la nafta o el gasoil, que están racionados. Cuba tiene yacimientos propios de petroleo, pero son escasos y de baja calidad.

 

Solidaridad.

 

Desde luego, no toda la población tiene acceso a estas fuentes de energía. Pero los cronistas norteamericanos pudieron ver varios ejemplos de cómo funciona esto de "resolver" a lo cubano. Por ejemplo, familias con acceso a energía instalando televisores en la vereda para que los niños del barrio puedan ver películas o partidos del Mundial de fútbol. Bares que habilitan sus enchufes para la carga de teléfonos celulares. Gestores culturales que abren sus casas con energía solar para organizar conciertos de música popular.

 

Y es que no es la primera vez que los cubanos se enfrentan a una crisis energética y de abastecimiento. A comienzos de la década de los años noventa, cuando la caída de la Unión Soviética, se vivió el llamado "período especial", un eufemismo del gobierno en La Habana para describir una época en que la gente comía milanesas hechas con cáscara de pomelo para matar el hambre.

 

La novedad interesante es que este nuevo sistema eléctrico nacional, si bien es administrado en parte por el gobierno -que necesariamente debe racionar la energía eléctrica, y de allí los frecuentes apagones- está en manos de los propios ciudadanos.

 

El humor social no es óptimo, ni mucho menos, especialmente luego de noches de insomnio por el calor de verano sin ventiladores ni aire acondicionado. Pero pese al descontento, y a que existe un sector social proclive a las reformas políticas, no han habido manifestaciones en contra del gobierno.

 

Con cincuenta y cuatro gigantes parques solares instalados desde el año pasado con el aval chino, la Cuba actual parece, al menos en parte, una postal del futuro. Porque si hay algo que a los cubanos no les falta -además del ingenio y la resiliencia- es el sol caribeño.

 

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