De Alem a Milei: ciclos de vida y muerte
El posible acuerdo de la dirigencia radical con fuerzas contrapuestas como La Libertad Avanza no solo pone en tensión a sus propias bases electorales y los mismos principios del partido centenario, sino que también convalida un modelo económico e institucional que excluye y violenta.
Por Héctor J. Pampa
La Unión Cívica Radical (UCR) de La Pampa, tal y como la conocíamos, no existe más. Es un hecho. En un desangelado acto, las cúpulas radicales decidieron convalidar posibles alianzas y acuerdos electorales con fuerzas políticas históricamente antagónicas.
La decisión simboliza mucho más que “tragarse un sapo”, es una declaración de principios que tensiona con la realidad de sus propias bases electorales.
Dime con quién andas y te diré quién eres.
Más allá de que los resultados sean buenos o malos —el tiempo lo dirá—, la realidad es objetiva: los socios de la UCR pampeana se parecen mucho menos a Leandro N. Alem y a su sobrino Hipólito Yrigoyen que al régimen que estos mismos combatieron. De sostenerse la idea de un frente con Adrián Ravier, Juan Carlos Tierno, Martín Maquieyra y lo que quede del PRO, los dirigentes radicales harán trizas los valores que supieron construir, defender y legar a lo largo de más de un siglo.
¿A qué se enfrentaron los fundadores de la UCR en la mítica Revolución del Parque de 1890? La pregunta admite una respuesta mucho más extensa desde la historiografía, pero puede resumirse en algunos aspectos centrales: concentración del poder, fraude electoral, falta de participación popular y desigualdad. Todo ello, bajo un régimen que había convertido al Estado en potestad de una élite que gobernaba de espaldas a buena parte de la sociedad.
Frente a eso nació una tradición política partidaria que hizo de la soberanía popular, el republicanismo, la defensa de las instituciones, el federalismo, la libertad política y la participación de las mayorías sus principales banderas.
Y ese set de valores no quedó solamente en el discurso. Se expresó en hechos concretos: la Ley Sáenz Peña, la Reforma Universitaria, la creación de YPF, la incorporación de las clases medias a la vida política, la defensa de la vida y la paz y la recuperación democrática de la mano de Raúl Alfonsín y hasta una mirada continental que acompañó el nacimiento del Mercosur.
¿Qué tiene que ver todo esto con el posible rejunte encolumnado detrás de la reelección de Javier Milei, del que formarían parte en la provincia la UCR junto a LLA, el PRO y Comunidad Organizada, de Juan Carlos Tierno? Nada. Vale decir que no es la primera vez que en política se flexibilizan posiciones y se establecen acuerdos pero esto… ¿no es demasiado?
No es solo ideología y valores, hay una realidad que grita. Comparar la historia del radicalismo con el presente de la Argentina de Milei genera un shock difícil de digerir. No se trata de diferenciar entre buenos y malos, si no de concebir dos formas antagónicas de entender y hacer política. Porque además de la ideología, las tradiciones y los valores, hay una realidad concreta que obliga a preguntarse qué tan compatibles son ambos modelos.
¿Qué dicen los números?
Desde que asumió Milei, cerraron más de 30 mil pymes y se perdieron más de 411 mil puestos de trabajo registrados. La inversión pública está paralizada, la industria nacional perdió cerca de 100 mil empleos y la construcción, más de 80 mil. Las exportaciones industriales de mayor valor agregado cayeron hasta representar apenas el 28% del total exportado.
Más de 20 millones de argentinos están endeudados, los jubilados que cobran la mínima perdieron un 9,1% de poder de compra. La educación tampoco escapa a la motosierra: se incumple con la ley de financiamiento universitario, se recortan becas, programas y fondos para las escuelas técnicas. ¿Y el federalismo? Bien, gracias. Las provincias recibieron 18 mil millones de dólares menos teniendo a La Pampa entre las más perjudicadas y dando lugar a posibles desvíos de fondos públicos.
¿Y las formas?
Ya no es una pregunta, es una realidad. Martín Berhongaray, “Poli” Altolaguirre, Daniel Kroneberger y compañía con el posible acuerdo no solo confirman su adhesión a la política económica libertaria, sino que abren la puerta a una violencia institucional inaudita.
No es la primera vez en nuestro país que se disputa una hegemonía en términos adversariales, pero nunca, en la historia democrática, un presidente trató de “mierdas humanas” o “soretes mal cagados” a periodistas y opositores, ni llamó “terroristas” a docentes y alumnos de la educación pública, ni se burló de personas con discapacidad, empleados públicos, jubilados y de tantos otros sectores perjudicados por su propio modelo. ¿Estos niveles de autoritarismo y violencia también estarán legitimados en el modelo provincial que pretenden construir? Ravier ya está dando señales.
Los límites del pragmatismo
Los pragmáticos lo celebran, pero no hay pragmatismo sin costos y no se pueden esconder las miserias debajo de la alfombra. Si optás por Milei, nada podés pedirle a L. N. Alem, H. Yrigoyen, C. Larralde, a Balbín y mucho menos a Alfonsín.
Decidir acordar también es enviar un mensaje a emprendedores, estudiantes universitarios, comerciantes, industriales, trabajadores del campo, jubilados, maestros, policías, empleados estatales y a gran parte de la sociedad que está sufriendo las consecuencias del modelo libertario.
Todo debe quedar bien claro de cara a un electorado que no solo decidirá quiénes gobernarán en la próxima elección, sino también qué modelo de provincia recibirán las presentes y futuras generaciones.
Artículos relacionados
