Dos años de ausencia
Hoy se cumplen dos años de la ausencia de Loan Danilo Peña, el niño correntino de cuatro años desaparecido misteriosamente. Hasta el momento es muy poco lo que se sabe al respecto, para más confuso e incierto, pero de lo que no caben dudas es el penoso papel que les cupo a los responsables de la seguridad pública, tanto de orden nacional como provincial, y esa circunstancia comprende desde la presunta participación de un policía provincial hasta el absurdo promovido por la entonces ministra de Seguridad –Patricia Bullrich—que dijo trasladarse con un equipo que incluía cámaras radiográficas a los efectos de comprobar si el niño no había sido devorado por algún animal salvaje.
No es mucho lo que la investigación ha aportado en los dos años transcurridos. Los peritos han llegado a la conclusión de que es prácticamente imposible que el pequeño haya llegado hasta el sitio que se presume como el de la desaparición, caminando solo sin que nadie lo viera o escuchara. En los peritajes y evaluaciones de rumbos y caminos posibles a la desaparición parece afirmarse la consideración referida a “quienes se apropiaron del niño”. Este enfoque conlleva un trasfondo de lo más sórdido: la existencia de redes de trata con fines de explotación sexual, pedofilia, pornografía y/o venta de niños.
Cualquier posibilidad se abre a la especulación y cobra importancia, máxime en una región donde se ha dicho que no fue este el primer caso ocurrido. El suceso también motivó una prevención en los países limítrofes y hasta la Interpol lanzó un alerta internacional. Conmovió a la Argentina toda y dio lugar a que fuera aprovechado por personalidades mediáticas que anunciaran “noticias sensacionales”, pero que acabaron diluyéndose. De hecho, la Justicia provincial se declaró incompetente y la causa judicial pasó al fuero federal.
Lo evidente y estremecedor es que vivimos en un país donde un niño puede desaparecer sin dejar rastros, lo que obliga a pensar en las razones que motivaron ese hecho y el fondo del asunto: ¿un extravío casual que epilogó en desaparición?, ¿un caso más de la trata de niños, venta incluida?, ¿un asesinato obra de un paranoico?, ¿un hecho ritual, propio de un país donde las sectas avanzan en forma notable…? ¿Acaso una víctima del tráfico y venta de órganos que el presidente de la Nación alentara tiempo atrás y que además se negara a recibir al padre del niño?
A dos años de la desaparición, los imputados en el caso forman parte de una densa red de familiares, funcionarios y amigos, sospechosos todos, algunos de haber implantado pruebas falsas y versiones incomprobables relativas a terceras personas tendientes al encubrimiento de los presuntos responsables. El caso también ha tenido aristas políticas ya que se acusó al mismo gobernador de la provincia de demoras en la activación del protocolo de búsqueda en las etapas iniciales del operativo. Algo que se está repitiendo en el país en casos similares.
A la espera del juicio, a realizarse por el Tribunal Oral Federal, habrá diecisiete personas entre imputados y acusados. Las expectativas están puestas en saber si en los pocos días que quedan se concretará con resultados la reconstrucción que pidió la querella. Mientras tanto, los padres del pequeño y el país todo participarán de lo que aparentan ser los pasos definitivos de este horror. Ellos “mantienen la esperanza de que se rompa el pacto de silencio entre los principales acusados y digan qué pasó y dónde está Loan”, junto con un castigo ejemplificador a los responsables.
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