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El camino une, la actitud salva

Redacción 05/10/2026 - 00.14.hs

Lejos de ser una jornada meramente festiva o de celebración abstracta, esta efeméride se presenta hoy como un llamado urgente a la acción ante una realidad incontrastable: el sostenido incremento de siniestros viales que enlutan a diario a familias en todo el país. Un día que, paradójicamente, a veces nos trae más tristezas que alegrías debido a las vidas que se pierden de forma evitable sobre el asfalto.

 

El camino, en su concepción más pura, es un sinónimo de progreso, un puente físico que conecta comunidades, dinamiza la economía y propicia el encuentro humano. Sin embargo, cuando la negligencia, la impericia y el déficit estructural confluyen, ese mismo espacio de integración se transforma en un escenario de tragedias evitables. La seguridad vial no es un concepto técnico aislado; es un compromiso ético con la preservación de la vida, una responsabilidad compartida entre quienes planifican las rutas y quienes las transitamos. Por este motivo, el próximo lunes 5 de octubre los esperamos a todos en Plaza de Mayo para formar parte de un espacio de debate fundamental.

 

Para comprender la relevancia de este día, es imperativo remontarse al año 1925. Entre el 5 y el 16 de octubre de ese año, la Ciudad de Buenos Aires fue sede de un acontecimiento histórico: el Primer Congreso Panamericano de Carreteras. Aquel encuentro reunió a especialistas y gobernantes de la gran mayoría de las naciones americanas con un objetivo vanguardista para la época: articular políticas viales y aduaneras comunes, unificar criterios de conectividad y promover la expansión del transporte terrestre en pleno auge del automóvil.

 

Fue en las sesiones de ese emblemático congreso donde los delegados consensuaron instituir el 5 de octubre como el Día del Camino. Con el correr de las décadas, la efeméride expandió legítimamente su denominación para incorporar el concepto de la Educación Vial y la Seguridad Vial. Aquella visión inicial de 1925, centrada en la infraestructura y la ingeniería, mutó de forma necesaria hacia una perspectiva integral que entiende que el asfalto carece de sentido si no se educa a las personas que circulan sobre él. Hoy, a un siglo de aquellos primeros debates, los desafíos normativos y de infraestructura se mantienen más vigentes que nunca.

 

“Accidente”.

 

Abordar la problemática vial argentina exige desterrar de manera definitiva el término "accidente". Un accidente es un suceso impredecible e inevitable. Lo que ocurre en nuestras trazas viales son siniestros, fenómenos causales que pueden -y deben- prevenirse. En este diagnóstico, surgen dos variables críticas que se retroalimentan de manera peligrosa: las fallas en el entorno físico y la conducta humana.

 

Por un lado, es indispensable debatir sobre la urgencia de consolidar una infraestructura vial que perdone vidas. El concepto internacional de las forgiving roads (rutas que perdonan) refiere a autopistas y carreteras diseñadas de tal forma que, ante un error humano o una falla mecánica, la configuración de la vía minimice las consecuencias lesivas. Esto incluye: Banquinas pavimentadas, niveladas y despejadas de obstáculos rígidos. Zonas de despeje lateral amplias. Guardarraíles con sistemas de protección para usuarios vulnerables. Correcta demarcación horizontal y señalización vertical reflectiva.

 

Cuando el diseño vial es deficiente u obsoleto, el margen de error del conductor se reduce a cero, transformando una simple distracción en una fatalidad.

 

Por otro lado, nos enfrentamos a una alarmante falta de percepción de riesgo por parte de los usuarios de la vía pública. Existe una falsa sensación de control y una peligrosa habituación al peligro. Los conductores suelen subestimar las variables del entorno y sobreestimar sus propias capacidades mecánicas o de reacción. Esta desconexión con el peligro real es especialmente crítica en los eslabones más desprotegidos de la pirámide de la movilidad: los motociclistas y los ciclistas.

 

Convivencia.

 

Recientemente, la opinión pública se vio conmovedida por un hecho que estuvo a milímetros de convertirse en tragedia: en una ruta nacional, un camión de gran porte se vio obligado a realizar una maniobra de emergencia extrema, adelantando por la banquina para evitar arrollar a un grupo de ciclistas que circulaban por la calzada principal. La pericia y el milagro salvaron vidas ese día, pero el episodio reabrió una discusión técnica y legal insoslayable.

 

Establecer restricciones de circulación no responde a una animosidad hacia las bicicletas, ni significa que estén prohibidas en términos absolutos del espacio público. El eje central es, y siempre debe ser, la seguridad vial. Todo actor que circula por rutas, autopistas o avenidas principales debe comprender que la velocidad es un factor de riesgo tanto por exceso como por defecto. La normativa de tránsito establece con claridad la obligatoriedad de no circular a una velocidad inferior a la mínima, la cual está determinada por la señalización vial y, en su defecto, corresponde exactamente a la mitad de la velocidad máxima establecida para ese tramo.

 

Jornada.

 

Frente a este escenario, quedarse de brazos cruzados no es una opción. Por eso, hoy diversas organizaciones y sindicatos vinculados al sector nos convocan a participar activamente de la Jornada Federal de Concientización por la Vida, la Seguridad Vial y la Recuperación de la Infraestructura. El encuentro tendrá lugar en la Plaza de Mayo, de 11 a 11:25 será la Apertura. De 11:30 a 12:20 hs, un panel técnico sobre la necesidad de inversiones inteligentes en las rutas.

 

De 12:30 a 13:15 hs. el análisis de la seguridad en el tránsito como un derecho humano fundamental y la responsabilidad colectiva. De 13:30 a 15 hs., acciones en defensa de la vida y la necesidad de una política de Estado vial argentina: Debate enfocado en consolidar leyes y pautas viables a largo plazo que trasciendan los gobiernos de turno. De 15:15 a 16 una Mesa de cierre: conclusiones, lectura de documento y pasos a seguir.

 

Este espacio es impulsado con el esfuerzo conjunto de la Fundación Estrellas Amarillas, la Federación del Personal de Vialidad Nacional (Fepevina), el Sindicato de Empleados de Vialidad Nacional (Sevina / ATE), frentes de gremios estatales y organizaciones civiles dedicadas al cuidado de la vida en las rutas.

 

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