El gobierno ya se lanzó
Lo que ya ocupa el centro de la atención del oficialismo es la reelección de Milei. Los pasos apuntan a relativizar la incertidumbre política y financiera, especialmente en un año electoral como el próximo.
Eduardo Lucita*
El gobierno retomó la iniciativa política, busca imponer una la agenda parlamentaria y define su reelección, mientras profundiza su modelo económico. La oposición sigue sin dar señales de recuperación. Todo está por verse.
La reforma laboral sigue implementándose sin prisa pero sin pausa, la política de ajuste con mas represión sigue su curso acicateada por la menor recaudación fiscal. La caída del consumo, el endeudamiento de las familias y la economía real que no repunta están presentes en el día a día de nuestra sociedad.
Sin embargo el sentido común, ese sentido que naturaliza las cosas, sentenció desde hace tiempo que durante el mundial la cuestión política quedaría en suspenso y que si nuestro seleccionado lograba el campeonato –algo difícil pero no imposible- esa suspensión duraría algo más de tiempo.
Esa sentencia no se cumplió. No bien el gobierno obligó a la forzaba renuncia de su Jefe de Gabinete –titular de un culebrón financiero que duró 112 días en los que el oficialismo estuvo como perdido- y cuando el mundial recién atravesaba la disputa por los octavos de final, retomó el centro de la escena política.
Iniciativa y agenda.
El nombramiento de Diego Santilli (exponente de la casta si los hay) como nuevo Jefe de Gabinete (con funciones ampliadas ya que retiene el Ministerio de Interior) le dará mayor volumen político (es un experimentado político profesional y un hábil declarante).
Así el gobierno busca por un lado imponer una agenda parlamentaria amplia (reforma política (electoral), leyes de inviolabilidad de la propiedad privada, de nuevo código civil y penal, régimen para zonas frías, súper RIGI… A los que hay que agregar los anuncios del propio presidente: reforma de la Carta Orgánica del Banco Central (prohibiendo emisión para financiar déficit) y un mecanismo (similar al de EE.UU.) que limite el uso de fondos públicos (rígida disciplina fiscal).
Mientras que por el otro intenta llevar tranquilidad a “los mercados” (léase acreedores) anunciando una hoja de ruta que garantizaría el pago de los intereses y el capital de la deuda de este año y el que viene.
Operativo reelección.
Lo que ya ocupa el centro de la atención del oficialismo es la reelección de Milei. Los pasos descriptos en el apartado anterior apuntan a relativizar la incertidumbre política y financiera, especialmente en un año electoral como el próximo.
El operativo reelección tiene como primera prioridad la reforma política (electoral). Centrada en la eliminación de las PASO y en habilitar una suerte de colectoras sui géneris, (no colisionarían con el sistema de la boleta única de papel (BUP). Para llevarla adelante, así como para la aprobación de la agenda legislativa, necesitan de la colaboración de los gobernadores. Como moneda de cambio la LLA no presentaría candidatos propios en esas gobernaciones por lo que las reelecciones estarían garantizadas.
En segundo lugar la reforma contiene cambios en la ley de financiamiento de los partidos, obligación de destinar parte de esos fondos a la capacitación de funcionarios públicos, mayores exigencias (que afectan a los más partidos chicos) como mayor número de afiliados respecto del padrón electoral, representación en al menos 10 distritos para lograr la personería jurídica y alcanzar el 3% en dos elecciones consecutivas para no perderla.
Garantías de pago.
También juega un rol importante en este operativo la decisión del gobierno de “honrar los compromisos”. Frente a los temores de insolvencia por los abultados vencimientos, especialmente del próximo año, que entre capital e intereses suman 24.900 millones de dólares, el ministro Caputo presento un plan financiero que detalla esos vencimientos y las fuentes de financiamiento para hacer frente a esos vencimientos. Paradojalmente este 9 de Julio, el Día de la independencia Nacional, el ministro pagó un abultado vencimiento de esa deuda que nos condiciona y nos hace perder soberanía años tras año y gobierno tras gobierno.
Un primer detalle de este plan es que entre las fuentes de financiamiento no se incluye regresar a los llamados mercados voluntarios de crédito. Los fondos serán provistos por créditos de bancos internacionales, por organismos multilaterales, por lo recaudado por privatizaciones y por la colocación de nueva deuda en el mercado local. Un segundo detalle es que no contempla la deuda del Banco Central, tampoco las líneas de swap que mantiene con China y EEUU. Un tercer punto a considerar es que abre un interrogante sobre los vencimientos que se acumularan en el 2028.
De cara al 2027.
El gobierno ha dejado en claro su estrategia. Por un lado buscó dar una muestra de poder político en el acto de conmemoración del Día de la Independencia Nacional. Avanzó en lo que sería una segunda fase del Pacto de Mayo dominada por reeditar la alianza con los gobernadores para aprobar leyes en el Congreso, pero también en clave electoral. Buscar las alianzas y los mecanismos necesarios para garantizar la reelección presidencial sin complicar las reelecciones en sus provincias. Por el otro mostrar una suerte de blindaje financiero frente a posibles turbulencias en el año electoral. Es el riesgo político que puede provocar salidas de capital y terminar en una corrida cambiaria como en el 2025.
El programa financiero depende de muchos supuestos que veremos si se cumplen. No son pocos quienes señalan que la incertidumbre eleccionaria “depende menos de garantías financieras y más de la oferta política”. El analista Carlos Pagni así lo señala: “Esa paz financiera sólo es concebible en dos escenarios: uno en el que la candidatura de Milei resulta invulnerable u otro en el que esa candidatura es desafiada por la de otro dirigente que no inspira duda alguna sobre la continuidad del rumbo actual”. Sin embargo en esa incertidumbre también debiera incluirse las expectativas por el resultado de las elecciones de medio término en EE.UU. Por ahora todo está por verse.
A un año largo de las próximas presidenciales la estrategia del oficialismo está definida, aunque no es seguro logre sus objetivos. El presidente ha dado señales de que no cambiará su modelo económico, por el contrario lo profundizará. Su apuesta es a que la macro termine ordenando la micro, pero sin políticas activas que estimulen el consumo no hay micro que se ordene.
La caída de los ingresos de los trabajadores y sectores populares, el crecimiento del desempleo y la informalidad, el endeudamiento de las familias, la falta de una percepción de futuro que no sea un agravamiento de las condiciones actuales también pesaran al momento de las elecciones.
Mientras tanto el presidente ya está lanzado por un nuevo mandato. El resto sigue deshojando la margarita.
*Integrante del colectivo Economistas de Izquierda (EDI)
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