El torno no es la picana, Peralta
La frase, por supuesto, proviene de la película "Esperando la carroza" (1985) de Alejandro Doria. La pronuncia el personaje Antonio Musicardi (interpretado por Luis Brandoni) dirigiéndose a un policía que se queja de dolor de muelas. "El torno no es la picana, Peralta. El torno es para la salud" introducía en la comedia una sombría referencia a la tortura instaurada sistemáticamente por la dictadura de 1976-1983, que acababa de terminar. De hecho, durante los juicios llevados a cabo por esos crímenes, sobrevivientes de centros como la ESMA y La Perla mencionaron como parte del "menú" de la tortura, la extracción forzada de dientes, golpes o daño bucal, amenazas con instrumental odontológico, y la entusiasta participación o presencia de médicos y odontólogos en las sesiones de tortura.
Terror.
En realidad, no hace falta ese dato histórico para que muchas personas sientan una visceral aprehensión al uso del torno por parte de su odontólogo, al punto de entrar en pánico con sólo escuchar el agudo sonido del aparato, aplicado a otro paciente, desde la sala de espera.
Buena parte de ese terror fue el que alimentó el éxito de la película "Maratón de la muerte" (1976) en la que el dentista/nazi Dr. Szell (Laurence Olivier) atormentaba con su instrumental quirúrgico al pobre Dustin Hoffman; terror incrementado en ese caso por la experiencia de los campos de concentración alemanes, donde la tortura odontológica era extendida, no sólo con fines de crueldad y amedrentamiento, sino también para la extracción de dientes de oro, entonces habituales.
La pregunta sería, ¿cuánto de ancestral tendría este miedo al "torno para la salud", cuando sospechamos que el aparato es una invención relativamente reciente, en términos de la historia de la humanidad? Pues bien, tal parece que esa técnica odontológica de horadar los dientes para eliminar caries y otras infecciones tiene milenios de historia, y se remonta a la época de nuestros primos extintos, los neardenthales.
Siberia.Hace cosa de una década se descubrió, en la cueva siberiana de Chagyrskaya, un diente molar perteneciente a un paciente de hace unos 59.000 años, que presentaba un agujero tan profundo como curioso. Y no va que un estudio reciente, publicado en la revista PLOS One, concluye en que el poseedor de la muela en cuestión había sufrido un fuerte dolor de dientes, que forzó la intervención quirúrgica en cuestión.
A través de un meticuloso estudio arqueológico, científicas de la Academia Rusa de Ciencias demostraron que el agujero en cuestión no fue causado por el natural trabajo de una caries, sino por un taladro de piedra operado manualmente. La demostración incluyó la réplica de las marcas de desgaste en molares de humanos actuales, a través de un fino taladro hecho de jaspe, un duro tipo de cuarzo que suele encontrarse en el área donde está ubicada la cueva del yacimiento.
La cuestión es que nuestro paciente -probablemente llamado Ugh o algún sonido gutural por el estilo- fue objeto de un tratamiento de canal, lo cual coloca el nacimiento de la profesión de odontólogo unos 40.000 años antes de lo que se creía. Lo cual resulta doblemente sorprendente, ya que para tratar esa caries se requirió un cierto nivel de sofisticación mecánica y neurológica, tanto para identificar la fuente del dolor, como para seleccionar la herramienta adecuada y la técnica correcta para desgastar la muela y llegar al tejido interno.
Ouch!
Un paciente odontológico moderno temblaría de terror al imaginarse una operación semejante, que debió requerir un tiempo y una fuerza de voluntad considerables y que, en efecto, se practicó sin anestesia. Sin embargo, la muela encontrada tenía signos de de uso sostenido después de la cirugía, dando a entender que el paciente sobrevivió al procedimiento.
Las arqueólogas que trabajaron en el descubrimiento, Ksenia Kolobova y Lydia Zotkina (especialistas en producción y uso de herramientas antiguas) tuvieron la colaboración de Alisa Zubova, cuya profesión (chupate esa mandarina) es "antropóloga dental". El estudio supone que al final de la operación, para tapar el hueco creado tras la extracción de la pulpa de la muela, se empleó cera de abeja, resina de pino o algún otro componente vegetal, probablemente con propiedades analgésicas o antisépticas.
En la cueva también se encontraron los instrumentos presumiblemente utilizados a modo de torno, cuyo uso rotativo era manual, y por ende, lento. Pero tal parece que los neardenthales, Dios los bendiga, eran bastante adeptos a la medicina invasiva, y nos dejaron varios ejemplos de amputaciones voluntarias como método curativo.
El antropólogo John Olsen (Universidad de Arizona) que asistió también en el reporte, tiene varias cosas positivas que decir en favor de aquellos lejanos primos homínidos, hoy lamentablemente extinguidos, que lograron sobrevivir durante cientos de miles de años en un ambiente ciertamente hostil. "Ellos sabían que cada vez que salían de caza, había una probabilidad bastante alta de no volver a casa. Y al cabo de algunas generaciones, esa psicología se hizo carne de tal modo, que tal vez les hacía ver que cosas tales como un tratamiento de conductos sin anestesia, en realidad, no eran para tanto".
PETRONIO
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