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La soberanía o el coloniaje

Redacción 30/09/2026 - 00.16.hs

Las elecciones del domingo en Brasil no solo definirán el futuro del hermano país, sino también el tablero político en la región sudamericana, donde predominan los gobiernos de derecha y aliados de EE.UU.

 

IRINA SANTESTEBAN

 

El presidente “Lula” da Silva se presenta a su reelección, y su principal contrincante es el hijo del ex presidente Jair Bolsonaro, Flavio, quien no tiene el carisma de su padre pero sí el apoyo del gran poder concentrado en Brasil y de Donald Trump.

 

En este comicio se enfrentan valores importantes como la defensa de la soberanía, la democracia y la integración regional, contra el retorno del bolsonarismo que, por el peso económico, político y geopolítico del gigante sudamericano, producirá consecuencias más allá de sus fronteras.

 

El 4 de octubre más de 158 millones de votantes elegirán presidente, vicepresidente, gobernadores, senadores y diputados federales, estaduales y distritales. Si ningún candidato supera el 50 por ciento de los votos válidos, habrá segunda vuelta el 25 de octubre.

 

Si bien hay doce fórmulas presidenciales inscriptas, la disputa central será entre Luiz Inácio “Lula” da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), y Flavio Bolsonaro, senador por Río de Janeiro y candidato del Partido Liberal (PL). Lula irá por su cuarto mandato presidencial, después de haber gobernado entre 2003 y 2010 y desde 2023.

 

Un triunfo de la ultraderecha inclinaría la balanza en ese sentido, en una América Latina donde ya predominan los gobiernos de ese signo, aliados de EEUU. Y ello pese a que el ex presidente Jair Bolsonaro fue condenado por el Supremo Tribunal Federal a 27 años y tres meses de prisión por los delitos de tentativa de golpe de Estado para impedir la asunción de Lula tras las elecciones de 2022. Dicha condena quedó firme y Bolsonaro comenzó a cumplirla en noviembre de 2025, hoy con prisión domiciliaria.

 

Intromisión.

 

Trump apareció en esta campaña, como ya lo hiciera en 2025 en las legislativas de Argentina, donde su intromisión fue un factor de peso para el triunfo de la La Libertad Avanza. Recibió a Flavio Bolsonaro en la Casa Blanca en mayo de este año, en pleno año electoral, y viene adoptando medidas diplomáticas y económicas contra Brasilia, ejerciendo presión contra Lula.

 

Tan es así que un grupo de 31 legisladores de EEUU, como la congresista de Nueva York Alexandria Ocasio-Cortez -de ascendencia portorriqueña y miembro del Partido Socialista Democrático - y el senador demócrata Bernie Sanders, reclamaron al secretario de Estado Marco Rubio que se abstenga de intervenir en las elecciones brasileñas y que respete el resultado certificado por las autoridades electorales.

 

Bolsonaro niega este apoyo, pero en su campaña prometió incorporar a Brasil al denominado Escudo de las Américas, iniciativa de coalición multinacional de cooperación militar y de seguridad que impulsa Trump, y que ya ha sido aceptada por Argentina, Chile y Paraguay.

 

¡Tan diferentes!

 

Javier Milei representó nuevamente su patético show en la 81° Asamblea General de la ONU en Nueva York, atacando no solo a esa entidad sino también al gobierno de Lula. En su discurso expresó su deseo de que Brasil abandone su “curso socialista decadente”. En contraste, el presidente brasileño utilizó esa tribuna para defender la soberanía de su país y el derecho del pueblo brasileño a decidir su destino sin tutelajes externos. Touché!

 

Lula advirtió que la democracia brasileña vuelve a estar “en jaque”, pero que no permitirá que enemigos internos o externos atenten contra la voluntad popular. Afirmó: Brasil no es “patio trasero” de nadie. No fue poca cosa en un continente donde la mayoría de mandatarios se subordinan a Washington.

 

Las diferencias se expresan en muchos aspectos. Una de las iniciativas recientes más significativas del gobierno brasileño fue incorporar la educación política y los derechos de ciudadanía como contenidos obligatorios de la educación básica. La medida choca de frente con el proyecto bolsonarista “Escola sem Partido”, que pretendía restringir la libertad de cátedra bajo la denuncia permanente del supuesto “adoctrinamiento ideológico”. Nueva coincidencia con el actual gobierno argentino, que persigue a docentes que expresen ideas progresistas.

 

El Supremo Tribunal Federal declaró inconstitucional el programa “Escola sem Partido”, por considerar que vulnera la pluralidad de ideas y constituye una forma de censura previa. La educación política y social no partidaria en las escuelas cuenta con el apoyo mayoritario de la población brasilera, según lo confirmó una reciente encuesta citada por Gustavo Veiga (Página 12, 01/09/2026): el 73 por ciento de la población brasileña consultada, se expresó en oposición a cualquier medida de control en la educación y a favor de formar ciudadanos y ciudadanas capaces de comprender la democracia, sus instituciones y sus conflictos.

 

Contra las apuestas.

 

Lula tomó una medida de gran importancia social: por decreto ordenó la prohibición de las apuestas deportivas y los casinos por internet, y al mismo tiempo anunció el envío al Congreso de un proyecto para endurecer las sanciones contra el juego ilegal. La medida tiene por objeto combatir el endeudamiento de las familias, un drama que también se vive en Argentina, donde las apuestas on line son publicitadas con una tibia advertencia: “si sos menor no podés apostar”.

 

Según datos oficiales, 25 millones de brasileños apostaron en 2025 por un volumen de 220.600 millones de reales.

 

Enseguida hubo reacciones adversas en Brasil: clubes de fútbol y empresarios del juego se quejaron por la pérdida de ingresos y advirtieron por el posible crecimiento del mercado clandestino. La decisión de Lula puso en debate una cuestión que debería ser preocupación de cualquier gobierno: una actividad presentada como entretenimiento es en realidad, un mecanismo de endeudamiento que golpea especialmente a los sectores de menores ingresos. Cualquier parecido con Argentina, no es mera coincidencia.

 

La participación de Brasil en los BRICS, el bloque geopolítico y económico integrado por Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica y los nuevos miembros incorporados en 2024 (Egipto, Etiopía, Irán y los Emiratos Árabes Unidos), también está en peligro con Bolsonaro. Argentina había sido invitada a integrar esa alianza pero Milei lo canceló, acatando los deseos de EEUU, desaprovechando un espacio de cooperación diferente al que predomina en Occidente.

 

La elección está muy reñida, según una medición de la consultora Quaest, Lula obtiene 39 por ciento y Bolsonaro 34 por ciento en primera vuelta, con un ajustadísimo marco para la segunda vuelta.

 

Por ello, la elección de Brasil es de fundamental importancia para la Patria Grande latinoamericana, pues están en pugna dos proyectos opuestos, frente a un escenario hostil para los gobiernos populares.

 

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