Liberalismo o patria
¿Para qué sirven los amontonamientos, las alianzas “anti” o en contra de un adversario?, si no ofrecen una alternativa válida para no ser “más de lo mismo” …
* Silvio J. Arias
De cara a 2027, el escenario electoral argentino parece instaurar paralelismos históricos muy claros, por la polaridad de sus propuestas económicas, el accionar de sus dirigentes políticos y la asfixiante continuidad de cierta coyuntura internacional; afectando -una vez más- el armado del devenir nacional.
La constitución de amontonamientos “anti” opositores, frente a un eje político determinado es uno de esos rasgos. En 1946, la Unión Democrática reunió a radicales, socialistas, comunistas, demócratas progresistas y conservadores, para enfrentar al creciente movimiento político nacional y popular, más importante de la historia argentina. La fuerza aglutinante de esa alianza -tutelada por Estados Unidos- no fue la coincidencia ideológica, sino la oposición a la figura de Juan Domingo Perón (y todo lo que él significaba).
De forma análoga, en la Argentina actual, diversos sectores de derecha y centro-derecha comienzan ha converger electoralmente para oponerse -una vez más- a ese “hecho maldito” que es el justicialismo, cuya mala costumbre consiste en democratizar el acceso al poder político de la ciudadanía (voto femenino), redistribuir riquezas, dignificar la vida de las y los trabajadores, y sostener un proyecto de país con todos.
Una vez más, la soberanía política e independencia económica (banderas identitarias del justicialismo) ocupan la dimensión central en dicho paralelismo histórico. Nuestro acontecer nacional parece transitar claramente de la consigna “Braden o Perón” del 46, al “Liberalismo o Patria” de la actualidad. Desde el modelo económico, el justicialismo sigue optando por la industrialización del país, la presencia del Estado como regulador de sus instituciones y la neutralidad en los conflictos bélicos mundiales. Por su parte el liberalismo, apuesta a la patria financiera, desregulación del mercado, primarización de la economía, adquisición de deudas con el FMI, abandono de la obra pública y privatizaciones en sectores estratégicos de interés nacional.
Sin muchos cambios.
Desde el eje por la disputa del poder y sus componentes en pugna, las cosas tampoco han cambiado mucho en ochenta años: por un lado, tenemos a las fuerzas de derecha (más cerca del infierno que del cielo), centro derecha y liberales nucleadas en un proyecto de país “para pocos”, desindustrializado, egoísta, violento y deshumanizado; dejándonos bien claro que el liberalismo en la Argentina es sinónimo de dominación extranjera. Por otro lado, ese espacio nacional y popular tradicional de la Argentina, que sigue deseando un “país con todas y todos”, soberano, productivo, con ascenso social y valores comunitarios compartidos (pertenencia, identidad, solidaridad, cooperación, paz social, amor a la patria); premisas irritantes para el excluyente poder conservador nacional.
Por lo tanto, como están en juego dos modelos de país completamente opuestos, la dicotomía “liberalismo o patria” se vuelve tan sólida como aquella del siglo pasado, augurando resultados electorales similares. Así las cosas, el justicialismo deberá volcarse a la tarea de consolidar y definir ese escenario político, porque ya triunfó cuando lo hizo, ante las mismas fuerzas opositoras que hoy vuelven a constituirse en su contra; por los intereses que representa y las banderas que enarbola (justicia social, independencia económica y soberanía popular).
Ahora bien, planteado ese escenario de similitudes históricas entre dos procesos electorales polarizantes para la sociedad -1946/2026-, conviene preguntarse ¿para qué sirven los amontonamientos, las alianzas “anti” o en contra de un adversario?, si no ofrecen una alternativa válida para no ser “más de lo mismo” …
Mismas intenciones.
Las numerosas víctimas del experimento liberal mileista (jubilados, asalariados, pymes, comercio minorista, sector de la construcción, científicos), tendrán la posibilidad en 2027 de elegir una salida que los vuelva a incluir y dignificar como otrora, frente a esa que los aplastó hambreándolos y quitándoles derechos. Como es lógico, los beneficiados del actual modelo económico (el sector financiero, mercado de capitales, sectores exportadores y extractivos), tendrán su nueva “Unión Democrática” como opción electoral, todos unidos en un gran frente “anti” país, con otras caras, pero con las mismas intenciones conocidas de siempre.
La historia nos devuelve una esperanza fáctica, que seguramente sabrá capitalizar el justicialismo -unido una vez más-, porque como dijeron por ahí “lo viejo funciona”. En 1946 -ante un escenario similar- la respuesta fue contundente y Perón ganó con el 56% de los votos, porque supo interpretar el mandato popular de la masa asalariada, explotada durante décadas y harta de ser ninguneada en sus deseos y aspiraciones de movilidad social e inclusión política.
Hoy la dependencia económica, la ineficaz administración estatal y su consecuente insatisfacción democrática (salarios bajos, miseria, desempleo, hambre, industricidio, centralismo, violencia institucional, entrega de la patria), colocan en bandeja de plata presidencial, el antídoto natural contra el liberalismo: el justicialismo… popular, nacional, productivo e inclusivo. (* profesor en Ciencia Política. Afiliado PJ – La Pampa).
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