...Pero con vino tinto y pan
Nacido en el barrio montevideano de Palermo en 1943, hijo de madre brasileña y de padre ausente, Omar Rubén Rada Silva pasó dos años de su temprana infancia internado con tuberculosis: como los antibióticos todavía no habían ingresado al Uruguay, tuvo que curarse a fuerza de puras ganas de vivir. Aquel niño enorme -verdadera fuerza de la naturaleza- terminó sucumbiendo esta semana, a los 83 años, luego de un mes de pelearla contra una neumonía bilateral. Esta vez, sus pulmones dijeron basta.
Con aceite.
Ese niño moreno y desgarbado, que vivió hasta los diez años en una pieza de pensión con sus hermanos y primos -a cargo de su madre y una tía- y que no alcanzó a terminar la escuela primaria, se convertiría con los años en una estrella internacional de la música, con el nombre artístico de Ruben Rada. O, más precisamente, como "Negro" Rada, un apodo bastante obvio del que él nunca renegó, ya que, sin desconocer la existencia de racismo en el Río de la Plata, está claro que siempre, entre nuestros pueblos, la palabra "negro" tuvo un claro componente afectivo.
Para dejar de "gambetear la pobreza en la pieza de pensión", el pasaporte al éxito vendría del lugar menos esperado: el de los tambores de Palermo (barrio candombero si los hay) los mismos que le habían enseñado la alegría, el sentido comunitario y el orgullo de su ascendencia africana. Fue así como el pequeño Rada Silva comenzó a "comer con aceite", como dicen los uruguayos cuando la situación económica mejora.
Sus primeras armas en la música las haría, por supuesto, en una murga de carnaval (Morenada), aunque su debut profesional vendría recién a los 17 años, en un combo de raíces jazzísticas llamado The Hot Blowers, en el que tocaban también los hermanos Hugo y Osvaldo Fattorusso, que luego fundarían el exitoso grupo beat Los Shakers, y con los años, serían sus socios musicales en varias otras ocasiones.
Con alma.
Su primer referente como cantante había sido Carlos Gardel, pero luego llegarían Louis Armstrong (probable origen de su espíritu de "showman") y Los Beatles, que influirían no sólo a los Shakers, sino también al primer grupo "pop" de Rada, "El Kinto", donde también haría sus primeros pininos otro gigante de la música uruguaya, Eduardo Mateo.
Pero esa estética "beat" uruguaya nunca se separó demasiado del candombe, como lo demuestra el siguiente grupo del Negro, "Tótem", que grabó tres discos de culto a comienzos de los años '70. Ahí comienza a aparecer el Rada compositor, con temas como "Dedos", donde ya demuestra -sobre todo en su habilidad para encontrar estribillos inolvidables- su compromiso con lo popular.
Hay algo muy africano en este arte suyo: en esa tradición, salvo honrosas excepciones, no importan tanto los grandes solistas, sino la música como llamada y respuesta, como fenómeno comunitario. Y fue durante esa década que la original raíz afrolatina uruguaya se haría escuchar a nivel global, cuando los hermanos Fattorusso fundarían en EEUU el grupo de jazz-fusión Opa, en cuyo segundo disco participa Rada.
Por aquellos años el gurí de barrio Palermo podría haberse transformado en un percusionista y cantante estrella de la elite internacional, como Naná Vasconcelos. Una anécdota suya de aquel entonces lo coloca en una habitación "llena de humo" con Bob Marley, Airto Moreira y Milton Nascimento: esos eran los monstruos con los que se codeaba.
Con corazón.
Pero a Rada lo tiraba su corazoncito rioplatense, y como la situación económica en su Uruguay natal no daba para vivir de la música, el comienzo de los '80 lo encontró ya radicado en Buenos Aires, donde nacerían sus tres hijos, y donde viviría por doce años, antes de emigrar a México por un breve periplo.
Sería entre nosotros que compondría varias de sus canciones más memorables, como "Rock de la calle" y "Malísimo", ambas incluídas en un disco fundamental llamado "La Banda", en el que tocaban verdaderas luminarias del jazz porteño como Jorge Navarro, Ricardo Sanz y Bernardo Baraj. Luego, en un disco solista hermoso, "En Familia", se incluiría su hit "Blumana" (conocido por la película Barock) y "El omnibus", sobre la triste impresión que le causó su regreso al Uruguay.
Ahí también aparece "Lo bueno es lo malo, lo malo es lo bueno", acaso su mayor acercamiento a la crítica social, denunciando cómo el mundo está mal administrado, "si hasta en Nueva York" hay niños mendigos. Pero mientras su compatriota Daniel Viglietti (con toda la nobleza de su arte y su compromiso político) cantaba "yo sé que es preciso morir, yo sé que es preciso matar" Rada canta: "no te vas a morir porque a vos te de la gana", y llama a la comunión en el candombe.
Fue gracias a su ecosistema argentino -en particular, al productor "Cachorro" López- que el año 2000 le regaló su mayor éxito -y su premio Grammy- con el tremendo disco "Quién va a cantar". Allí previó el protocolo que debíamos seguir todos para despedirlo, en la canción "Muriendo de plena": nada de llorar ni lamentarse, hay que bailar y comer rico.
Hace falta mucho coraje para hacer esa confesión: "Porque yo en la vida he sido feliz, y quiero morirme comiendo perdiz". Ah, claro: "pero con vino tinto y pan, pero con vino tinto".
PETRONIO
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