¿Querés recibir notificaciones de alertas?

Las notificaciones están desactivadas

Para activar las notificaciones:

Domingo 07 de junio 2026

Todo preso es político

Redacción 07/06/2026 - 00.15.hs

Decir que Carlos Alberto "El Indio" Solari era un misterio, es algo que bien podría pregonarse acerca de todo hombre a la hora de su muerte. Pero en su caso ese misterio aparece abonado, no solo por una vida privada celosamente guardada, sino, por sobre todo, por un estilo poético deliberadamente oscuro, ambiguo, que sin embargo se las ingenió para movilizar por todo el país a -literalmente- centenas de miles de personas. Qué es lo que los llevaba por las rutas argentinas -entorpeciendo el tránsito y la vida de las ciudades donde se convocaban estas autodenominadas "misas"- era un misterio hasta para la mismísima Mercedes Sosa, que algo sabía de canciones y de poesía, pero que sin embargo se declaraba incapaz de comprender el mensaje del letrista de "Los Redonditos de Ricota".

 

Estupor.

 

Quien esto escribe debe confesar un estupor parecido. Entre otras cosas, porque resulta imposible cultivar un perfil de "rolinga" cuando se es incapaz de peinar un flequillo decente.

 

Por eso acudimos aquí a la palabra de un verdadero cultor de este ícono del rock argentino, que bien entrado en años y con familia a cuestas seguía acompañando cada presentación a lo largo y a lo ancho del país.

 

Sostiene el amigo PMC -tal sus verdaderas iniciales: su nombre permanecerá en un pudoroso anonimato- que el viernes lloró todo el día, ayudado a no dudarlo por el clima pampeano, lluvioso y gris. Para él la primera palabra que aparece, la clave de todo, es "identidad": el músico y poeta Solari constituyó "parte de la identidad de muchas generaciones". Debe recordarse que su trayectoria se prolongó por más de cinco décadas, y que mucho antes de grabar su primer disco, bien entrados los años 80, ya había adquirido carácter de mito, desde sus presentaciones en esa meca rockera que es La Plata.

 

"El Indio", en esta mirada, trascendería al fenómeno musical y hasta al ídolo popular. Las letras son crípticas, raras, permanentemente ambiguas, y él mismo confesaba jugar con eso. Pero lo que transmitía a través de esas palabras eran "experiencias colectivas de comunidad y pertenencia, en una situación de absoluta igualdad de condiciones, incluso con gente muy marginal, entre la que te sentías seguro y tranquilo porque todos estaban en la misma frecuencia, buscando exorcisar pasiones, sentimientos y experiencias".

 

Ambigüedad.

 

"Desde esa ambigüedad de lo poético logró precisamente eso: que cada uno pudiera canalizar su propia experiencia de vida y trascender. Así uno fuera un intelectual, una eminencia, o un villero, una persona rota, marginal. ¿Cuántos pudieron lograr eso?"

 

No es extraño, entonces, que algunas letras de Solari lidiaran con la cuestión de la marginalidad, como por ejemplo "Pabellón Séptimo", acerca de la muerte de internos en el penal en Villa Devoto (tranquilamente podría referirse al episodio ocurrido en Santa Rosa, La Pampa, a comienzo de los años '90). Una canción con tanta fuerza que hasta terminó siendo usada en los alegatos del juicio, y que dio pie para la icónica frase de que "todo preso es político".

 

Esas metáforas, en suma, sirvieron para darle a miles y miles de personas una manera de ver el mundo, de vivir la vida. Hasta un espacio de contención ante los avatares de la vida como el desamor, tema muy frecuente en sus canciones.

 

Sostiene PMC que el ideario político de Solari y sus Redonditos reside en una canción titulada "Nuestro amo juega al esclavo", nunca más actual que en nuestros días: de cómo los verdaderos detentadores del poder juegan a hacerse los distraídos mientras nos sojuzgan, nos explotan y, encima, se llevan cargado al sistema democrático que alguna vez dijeron abrazar.

 

Incómodo.

 

Cómo hace seis años atrás con Diego Maradona, los poderosos de Argentina no saben bien qué hacer con este muerto, les queda incómodo, y no sólo por la pasión de multitudes que concita.

 

Cuenta Ricardo Piglia que cuando murió Roberto Arlt -un escritor enorme, de cuño popular- su cuerpo era tan grande que el ataúd debió ser bajado de su última morada por el balcón de la calle, ya que no pasaba por las puertas y escaleras normales. Imposible una metáfora mejor.

 

Algo parecido ocurre con "El Indio". Hubo una idea de que su velatorio -que está previsto para hoy- se llevara a cabo en el Congreso Nacional, pero el inefable presidente de Diputados, Martín Menem, salió rápidamente a aclarar que ese edificio "no reúne las condiciones de infraestructura, logística y seguridad necesarias" para semejante evento.

 

Será mejor así: Ese lugar donde, de un tiempo a esta parte, se vienen degollando en seco todos los derechos básicos del pueblo argentino, no reúne las condiciones sanitarias para un ritual tan humano y civilizado como la despedida de un ídolo popular.

 

PETRONIO

 

'
'