Un daño a la convivencia
Para mucha gente la imagen de Bolivia es la de un país pobre y subdesarrollado, con una fuerte presencia indígena y con una neta división político social: la Puna y el Oriente. Sin embargo Bolivia es muchísimo más que eso y también es pertinente recordar que hubo un tiempo en que se pensó conformar una única nación junto con Argentina.
De allí que el tan mentado caso Cerimedo haya deparado una sorpresa para todos los argentinos al comprobar la acción de la justicia boliviana. Es sabido que las encuestas marcan al aparato judicial de nuestro país como uno de los más ineficientes y lentos, con la simbólica balanza inclinada hacia ciertas tendencias políticas y algunas características parecidas a privilegios.
En el caso citado el aparato judicial boliviano funcionó con una rapidez y eficiencia sorprendente: en apenas cinco días el culpable tuvo prisión preventiva, sus propiedades sorprendentes allanamientos, los ejecutores del acto criminal identificados y se evidenciaron las relaciones con el poder político, además de complicidades en las más altas esferas del gobierno. También se efectivizó una fuerte protección a la testigo fundamental en el caso, todo esto al margen de destapar una repugnante red de corrupción de la derecha sudamericana.
Si se comparan los hechos con un caso de parecidas características -el intento de asesinato de Cristina Kirchner- se advierte la ineficiencia judicial argentina y la cantidad de detalles sugestivos y oscuros que se dieron en ese proceso, muchos de los cuales han quedado en agua de borrajas. Los medios periodísticos argentinos, casi sin excepción, saludaron la acción efectiva de los fiscales y jueces del país vecino.
En una de sus inesperadas charlas, -poco didácticas y pedagógicas, si nos atenemos al sentido estricto de las palabras- y con un desmesurado operativo de seguridad, la semana que pasó el presidente Javier Milei realizó una conferencia en un colegio privado de la comunidad judía, pero de orientación laica la ORT, una institución que, según uno de sus ex directivos, “nació en la Rusia zarista para ofrecer educación, trabajo y posibilidades de progreso a judíos perseguidos y empobrecidos; una institución cuya historia está atravesada por la educación y la emancipación; una institución internacional que siempre promovió no sólo una educación de calidad, sino también la tolerancia y el respeto por la diversidad de opiniones”. ORT está vinculada con el partido israelí del mismo nombre, totalmente opositor a las políticas que rigen actualmente al estado judío.
No fue una presentación afortunada, ni siquiera oportuna, ya que se realizó con el título “Ética como política de Estado” un título cuanto menos discutible dadas las circunstancias que atraviesa su gobierno. En el transcurso, ante alumnos de cuarto y quinto año, el Presidente manifestó sus ideas extremas en cuanto a economía y sociedad, calificando al marxismo como diabólico y la propiedad privada como un don otorgado por Dios. De paso descalificó nuevamente a los periodistas e, insólita e indirectamente, reclamó mayores aplausos.
Con la excepción de la DAIA, la otra entidad judaica alineada con la política mileísta, las críticas a la presentación presidencial fueron muy fuertes y abarcaron desde docentes a padres de alumnos, además de ex directivos y gremialistas ya que, en esencia, hizo “una reivindicación del judaísmo ortodoxo en una institución educativa laica” al tiempo que no tuvo en cuenta el impacto en los jóvenes al incentivar el odio y la polarización, dañando la convivencia democrática.
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