Un furcio homérico
Sobre fines del mes pasado el presidente Milei fue abucheado e insultado por los vecinos del barrio porteño de Boedo, en medio de un descomunal operativo de seguridad. Irónicamente se despidió de los manifestantes con un beso al aire, pero su contumacia lo llevó a posteriori a una presentación cascoteada, digamos, desde múltiples facciones.
Es que en su desmedido afán de protagonismo (que a menudo lo ha puesto en ridículo) Javier Milei pretendió dar una clase magistral en un establecimiento de nivel superior utilizando el clásico texto de La Odisea, de Homero. Dentro de la exposición, apeló como eje de su charla al mito del personaje Odiseo (conocido también como Ulises) para ejemplificar en relación a ese relato al ego y la dificultad de reconocer errores. Se supone que como parte de la batalla cultural a la que suele aludir.
Paradójicamente y allí mismo ese afán por hablar de muchas cosas –demasiadas— lo llevó a cometer un furcio de aquellos que siempre se recuerdan y pasan a ser populares. Es que la cierta similitud en la eufonía y la fonética de los nombres lo llevó a confundir a Odiseo con Eliseo y, dejando de lado el prudente aserto que aconseja que para hablar de ciertos temas se requiere un mínimo de conocimientos específicos, cuando no ser un especialista siguió adelante con la redenominación del héroe griego.
Como era de esperar, aunque algo traídos de los pelos, el kirchnerismo y los periodistas también tuvieron alguna inclusión en el Olimpo presidencial al declarar que “si esos seres cargados de maldad, los periodistas, se tomaran un segundo para escuchar, no dirían las estupideces que dicen”, pero escupió para arriba. En su risible y desafortunada expresión Milei dijo textualmente que “cuando Eliseo va a consultar con el oráculo, el oráculo le dice ‘no podés ganar si no tenés a Filoctetes´. El ego no le permitía a Eliseo pedirle perdón a Filoctetes; se sentía como que frente al resto iba a perder autoridad, Por lo tanto, la verdad es que si tanto le importaba eso a Filoctetes, digamos a Eliseo, bueno, bancate el error, negro".
En la historia original –que corresponde a La Ilíada y no a La Odisea-- Filoctetes era el mejor de los arqueros que tenía Odiseo. Rumbo a la guerra de Troya es mordido en el pie por una serpiente y, como sufre de dolor y no puede ser curado, los líderes griegos deciden abandonarlo en una isla desierta.
No deja de ser curiosa la interpretación presidencial del episodio, que aparentemente Milei quiso trasformar en un ejemplo de pragmatismo o moral política (no queda bien en claro) en el cual según la moraleja, los errores políticos deben ser asumidos por quien los comete, conclusión difícilmente aplicable a los procederes del propio Presidente. Para peor el ejemplo mileísta también hace agua porque el mito es parte de una obra del dramaturgo griego Sófocles y no de Homero, o sea que, al margen del error presidencial hay al menos otro, también considerable.
Para el ciudadano común, acostumbrado a que alocuciones presidenciales rebosen de términos duros y soeces, el empleo de la mitología griega en la exposición no deja de sorprender y los mal pensados verán, seguramente, una pluma del equipo presidencial en los apuntes en que basó su exposición. Para ambos –Presidente y amanuense— es aplicable la conclusión citada más arriba por Milei: “Bueno, bancate el error, negro”.
Va de suyo que semejante equivocación dejó abierta la puerta a las burlas a través de las redes sociales, donde los memes apuntaban fundmentalmente a la ignorancia literaria del mandatario. Hubo ironías para todos los gustos, que dejaron en claro que el Presidente está lejos de ser un hombre de letras; o mejor, de manejarlas con cierta soltura. Uno de los opinantes en esas redes, tan gracioso como breve, estampó que “Milei tiene menos letras que una tabla de logaritmos”.
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