Un síntoma alarmante
La falta de percepción adecuada del acontecer político, o la enorme egolatría que lo condiciona, acaso no le hayan permitido advertir al presidente Javier Milei un síntoma alarmante para con su gobierno: las cada vez más intensas críticas de la Iglesia Católica y sus dignatarios señalando primero irregularidades en su quehacer, más tarde postulándolas como advertencias y recientemente, en la homilía del 25 de Mayo a cargo del arzobispo de Buenos Aires, monseñor García Cuerva, lanzando una durísima crítica en las mismas barbas del mandatario, con su gabinete en pleno.
Qué llevó al Presidente a semejante contumacia es algo difícil de determinar. La especulación al respecto puede ir desde la desmedida megalomanía presidencial a una falta de sentido político absoluta, pasando –cómo no—por su pregonada adhesión a la religión judía y las barbaridades que comete el actual gobierno de Israel en el genocidio palestino, y que Javier Milei apoya.
El sacerdote no se anduvo con chiquitas ni eufemismos. Con un realismo doloroso advirtió que los riesgos de la fragmentación política del país permiten avizorar “una nube de desmembramiento social que apunta en el horizonte”. En algo muy parecido a un apóstrofe, el arzobispo le enrostró al presidente, que estaba a muy pocos metros del púlpito: “Basta de arengar la división y la polarización porque nadie se salva solo”, y agregó que “el ‘sálvese quien pueda’ no es más que la expresión de un individualismo cruel que rompe los vínculos de fraternidad y descompone la Nación”. Al que le quepa el sayo…
Después de semejante chaparrón de críticas (y de dónde provenían) al Ejecutivo poco le quedaba por decir. El Presidente dijo un tanto confusamente y escapándole a las particularidades: “Me parece que ha dado una opinión válida dentro de un encuadre sobre las sagradas escrituras”. Sin embargo, no pudo con el genio y consideró “exagerado” que el arzobispo porteño hablara de “terrorismo” en las redes sociales, una actividad en la que Milei se mueve abiertamente con una ética dudosa.
Acaso la prudencia presidencial –motivada, según se dice en la posibilidad de una próxima visita papal al país—quedó de lado en la palabra de Benegas Lynch, uno de los diputados más cercanos en La Libertad Avanza, que no vaciló en tildar al arzobispo de “militante con sotana del massismo", una calificación cuanto menos impropia dados los actores y su circunstancia. Además, en oposición al prudente –y obligado— silencio presidencial lo acusó de “romantizar la pobreza", de estar “influenciado por el socialismo” y de ser contradictor con el mensaje de Cristo, nada menos. Exagerando su fanatismo -o las instrucciones preventivas--, se despachó con un concepto que, seguramente, no tendrá buenas consecuencias con el tiempo. Afirmó que repudia el vínculo del Estado con la iglesia católica: “La unión religión y Estado fue receta del horror en Europa. La Argentina la heredó de España. No debería existir tal unión”.
En lo precedente es fácil advertir que en lo que aparentaba ser un simple tedeum tradicional había respuestas preventivas a una posible crítica, como se dio, pero que pecaron de exageradas, ampliando la grieta entre las instituciones.
Con un dato curioso: las críticas anticlericales del gobierno no incluyeron al kirchnerismo.
Artículos relacionados
