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Una Psicología transformadora de la realidad

Redacción 12/08/2026 - 00.39.hs

El 8 de agosto fue instituido como Día del Psicólogo y Psicóloga Víctima del Terrorismo de Estado, en homenaje a Beatriz Perosio, secuestrada hace 48 años y quien permanece en calidad de desaparecida.

 

IRINA SANTESTEBAN

 

Con motivo de las Jornadas Nacionales de Psicología, organizadas por la Federación de Psicólogas y Psicólogos de la República Argentina (FePRA) y el Colegio de Psicólogas y Psicólogos de La Pampa, nos pareció atinado escribir sobre la primera presidenta de esa entidad federativa que agrupa a todos los colegios profesionales de la Psicología.

 

Beatriz Leonor Perosio no solo fue una víctima de la dictadura militar genocida. Fue una profesional que trabajó por las infancias, por los derechos de sus colegas y por una avanzada concepción de la Salud Mental en relación con la comunidad, las instituciones hospitalarias y las condiciones de vida de las personas.

 

Su martirio.

 

El 8 de agosto de 1978, Beatriz fue secuestrada por el Ejército en el jardín de infantes que había fundado junto a una compañera, para formar infancias con pensamiento y conciencia crítica. Muy joven, con solo 31 años, ya era presidenta de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires (APBA) y de la Federación de Psicólogos de la República Argentina (FePRA). Había tenido una formación religiosa y desde el cristianismo luego adhirió a la militancia maoísta.

 

Fue llevada al Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio El Vesubio, donde fue brutalmente torturada y permanece desaparecida, algunos sobrevivientes relataron luego su comportamiento ejemplar en medio de horribles circunstancias. Su secuestro se produjo durante la campaña represiva contra la organización política en la que militaba, Vanguardia Comunista (VC), actual Partido de la Liberación. Entre julio y agosto de 1978 también fueron secuestrados dirigentes como Roberto Cristina y Elías Semán, entre otros.

 

Trabajo social.

 

Beatriz no concebía la profesión como una práctica encerrada en un consultorio. Su campo estaba en las instituciones, en los hospitales, en las escuelas, en los lugares de trabajo, en la cultura. Le interesaba comprender el sufrimiento y las problemáticas de las personas en relación con las condiciones en las que vivían.

 

Su compañero de vida, Jorge Sevilla, cuenta que Beatriz inició su trabajo como psicóloga en un colegio de Ascensión, una pequeña población rural ubicada cerca de Junín en la provincia de Buenos Aires. Allí se desarrollaba una educación "liberadora" en contraposición a las concepciones enciclopedistas y autoritarias. De ese trabajo quedó un folleto que presentó en un congreso de la Federación Argentina de Psiquiatras (FAP), donde analizaba la estructura de clases y tenencia de la tierra en la zona, datos de relevancia para comprender luego la conflictiva a abordar.

 

Esa mirada aparece también en uno de sus trabajos intelectuales más interesantes, publicado en 1973 en la revista Los Libros, una prestigiosa publicación fundada por Héctor Schmucler y que tuvo entre sus directores a Ricardo Piglia (también de VC) y Beatriz Sarlo. Fue un análisis crítico del programa de salud pública de Héctor Cámpora y el Plan Liotta, que proponía un Sistema Nacional Integrado de Salud. Beatriz examinó las diferentes etapas de ese programa, progresista, cuestionando algunos aspectos.

 

Recorridos.

 

Beatriz era una infatigable trabajadora de la salud que recorría los servicios hospitalarios para conocer in situ las problemáticas de sus colegas. Defendía ese ámbito -las instituciones públicas y los hospitales – como el campo propicio para el trabajo de psicólogos y psicólogas, en el convencimiento de que había que proponer una nueva forma de desarrollar su profesión, con un carácter transformador y al servicio de los reclamos más urgentes del pueblo. Un ejemplo es el trabajo de campo que realizó con operarias de Standard Electric que soportaban condiciones laborales represivas, presentado en la Federación Argentina de Psiquiatría (FAP) y publicado en Los Libros en 1973.

 

Cuando fue elegida presidenta de APBA, en diciembre de 1974, Beatriz ya llevaba recorridos más de 50 servicios hospitalarios, en su búsqueda constante de conocer personalmente el trabajo de sus colegas y los problemas a los que se enfrentaban. No defendía una “Psicología Neutral”, ni una profesión aislada de los conflictos de su tiempo. En su concepción, el trabajo desarrollado en el Estado, tanto en la investigación como en la práctica, debía revertir en beneficio del conjunto de la comunidad y las necesidades sociales.

 

Beatriz formó parte de la Coordinadora de Trabajadores de Salud Mental, donde profesionales de la Psicología, Psiquiatría y otras disciplinas se reconocían desde una identidad común: como trabajadores de la salud. Ello no caía bien en los círculos selectos de esas profesiones y por ello participó de arduas discusiones sobre políticas sanitarias, modelos de atención y el lugar de las instituciones públicas.

 

Su concepción profesional se resumía en una idea: una nueva concepción de las ciencias de la Salud Mental, en un sentido transformador de los instrumentos teóricos y técnicos para ponerlos al servicio de las luchas populares.

 

Memoria institucional

 

En las instituciones en las que actuó Beatriz -APBA y FEPRA -, se practicaba la democracia sindical, la participación de los socios, la honestidad en el manejo de los fondos y una consulta permanente con las bases, receptando los reclamos, para luego hacer la planificación de los objetivos y concretarlos.

 

Producido el secuestro de Beatriz, y en medio del terror de la dictadura, esas entidades se animaron a pedir por la aparición con vida y la integridad de Beatriz, incluso cuando estaban sufriendo allanamientos y el secuestro de otro miembro de la comisión, Alfredo Smith, también militante de VC.

 

Ello se reflejó también en las publicaciones de la Gaceta Psicológica, de julio de 1979, en ocasión de tratarse la Memoria de la entidad, donde se refleja la enorme tarea desplegada por Beatriz como dirigente de la APBA. (SOTO, Américo; “Vida y Luchas de VC”, págs. 9 a 15).

 

La Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de La Plata le puso su nombre a un aula. En cambio en la Universidad de Buenos Aires ello no fue posible, porque las autoridades de la Facultad de Psicología adujeron que Beatriz Perosio no había sido estudiante de esa Universidad sino de la UCA (Universidad Católica). Semejante estrechez y mezquindad nos convence más de traer al presente las ideas y la práctica de Beatriz.

 

Es importante que a casi medio siglo de su secuestro, las nuevas generaciones conozcan las vidas de personas como Beatriz, que pensaron sus disciplinas con un sentido transformador y al servicio al pueblo.

 

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