Una vocación colonial
De la desatinada minimización --o directamente destrucción-- del Estado por parte de las presidencias neoliberalísimas de Mauricio Macri y Javier Milei no se han salvado ni las Fuerzas Armadas. Cabe recordar que en el primero de esos mandatos nuestro país compró a Francia al menos cuatro aviones Super Etendard, con casi cuarenta años de antigüedad y que, según las informaciones gubernamentales, nunca han volado en Argentina.
Peor le ha ido a la administración Milei con la compra al gobierno de Dinamarca de una veintena de cazas de origen norteamericano, no solamente muy antiguos (aquel país renovaba su vetusta fuerza aérea) sino también desprovistos de determinada tecnología de combate moderna, de acuerdo con una condición impuesta por Gran Bretaña, siempre en prevención de un ataque a Malvinas.
Igualmente, el gobierno mileísta desechó con soberbia una oferta de China de aviones de guerra de última generación y con una financiación mucho más conveniente. En síntesis: fiel a su vocación colonial, el gobierno acumuló un considerable conjunto de chatarra aérea.
Lejos quedaron aquellos años en que la Argentina era uno de los primeros países que experimentaba motores a reacción con el avión Pulqui II. Gobiernos posteriores desecharon la máquina que fue adquirida y mejorada por los europeos, que lo trasformaron en un artefacto eficiente. Ahora Brasil, con quien siempre hubo una suerte de carrera tecnológica, continuó con sus antiguos proyectos respecto a un avión de combate propio y ha celebrado la salida de la línea de producción del primer caza supersónico ensamblado en su territorio, un acontecimiento que trasciende ampliamente el ámbito militar. "Lo verdaderamente relevante no es únicamente la llegada de un nuevo avión a las filas de la Fuerza Aérea Brasileña, sino el hecho de que un país latinoamericano haya alcanzado un nivel industrial que durante décadas pareció reservado a un grupo muy reducido de potencias”, destacaron desde el país vecino.
Reivindicando su condición de país pacifista, Brasil ha pasado a integrar el exclusivo grupo de naciones que puede fabricar sus propios aviones supersónicos de caza, sin apelar al remanido aprovisionamiento de tecnología extranjera, a menudo ya superada.
Pero no solamente en el aire ha quedado retrasado el país argentino. Recientemente Colombia –que otrora fuera uno de los puntos firmes de la geopolítica norteamericana en América del Sur- ha iniciado la construcción de su primera fragata nacional , un hito significativo para la industria naval y la defensa del país.
La nave “se construye íntegramente en el país”, utilizando ingeniería local y tecnología internacional, con la consiguiente promoción de la industria naval colombiana. Es una de las más modernas del subcontinente en cuanto a diseño y versatilidad bélica y fue construida en astilleros propios, similares en capacidad a los que tuvo Argentina y de los cuales Mauricio Macri expresó una opinión personal explícita de su concepción de la industria nacional: “Si pudiera quemarlos, los quemaría”.
Es pertinente asimismo recordar la postergación en la fabricación y mejoramiento del Tanque Argentino Mediano (TAM), que también se produjera en el país, lo mismo que las armas livianas que durante mucho tiempo salieron de Fabricaciones Militares.
Semejantes atrasos en lo tecnológico aparecen como armónicos con un reciente trascendido respecto a que el personal de las Fuerzas Armadas podrá tener dos empleos para compensar los bajos sueldos, que también afectan al sector militar.
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