Sabores de inclusión

La elaboración y venta de dulces y salados le da la oportunidad a un grupo de jóvenes con discapacidad intelectual de insertarse en el mundo del trabajo. "A la gente le gusta mucho lo que hacemos", dijo Germán.

Lo que más me gusta es atender sola", asegura María mientras guarda cuidadosamente unos alfajorcitos de maicena para un cliente que, según le cuenta a su vendedora, son ideales para acompañar los mates de la mañana. En la parte trasera del local, la cocina está en plena actividad. Paloma, Román, Lola y Germán amasan, cortan, distribuyen el dulce de re-postería, la crema, el chocolate. Y aunque están súper concentrados, charlan y se divierten. Trabajan.
"La gente viene y pregunta cuándo estamos nosotros. Quieren conocernos y hablar, pero lo mejor es que nos dicen que les gusta mucho lo que elaboramos, y eso nos pone más contentos", cuenta Germán sobre "Tentempié, dulce y salado" el comercio que abrió sus puertas el mes pasado y cuenta con el trabajo de seis jóvenes y adultos con discapacidad intelectual.
El emprendimiento se lleva adelante gracias a la Fundación Madre Teresa. A través del Instituto Pam-peano Educativo Laboral (IPEL) se realizan las ca-pacitaciones y con seis pasantías se les brinda la oportunidad de insertarse en un mercado del trabajo que, para las personas con discapacidad intelectual, presenta los mayores obstáculos.
"Un grupo de cuatro estamos en la cocina y otros dos en venta al público. Preparamos y vendemos productos dulces y salados como pastafrolas, masas finas, alfajores, medias lunas. También arabitos, sandwiches de miga,
pizzas", enumeró Paloma. "Y además ofrecemos servicio de catering para eventos", añadió María, que hace unos días tuvo un gran desempeño cuando Tentempié fue convocado por el Ministerio de Bienestar Social de la provincia para hacerse cargo del catering tras un acto en la sala de Pensamiento de la Cámara de Diputados.
María atiende detrás del mostrador junto a Damián. Ellos dos tienen contacto directo con los clientes que ingresan al local de Juan B. Justo 382. Conversan, preguntan, buscan el producto solicitado y preparan los paquetes. Cuando necesitan ayuda, como a la hora de cobrar, llaman a Caroli-na Moretti, que junto a su hermana Belén coordinan el proyecto de inclusión.
"Antes de abrir al público tuvimos un largo periodo de aprendizaje y práctica. Durante muchos días simulábamos la situación real de atender a los clientes para obtener seguridad y quitar los nervios. Eso se logró y ellos están cada vez más sueltos para hacer su trabajo", explicó Belén, que está a cargo de la coordinación de la cocina mientras que Caro-lina hace lo mismo pero en la parte de venta al público.
La Fundación Madre Tere-sa trabaja básicamente con jóvenes y adultos con discapacidad intelectual. Mario Lonegro es el titular de la ONG y según afirmó son las personas que más dificultades tienen a la hora de conseguir una chance de trabajo. Esa inserción se produce a través de las llamadas pasantías laborales.
"Una persona con discapacidad motriz puede movilizarse a través de una ram-pa y acceder al lugar de trabajo, o una persona cie-ga puede adaptarse a una computadora, al igual que una persona sorda, pero quienes tienen discapacidad intelectual padecen mayores dificultades", aseguró Euge-nia Arenzana, secretaria de IPEL.
Desarrollar una actividad productiva les permite también desenvolverse con otra naturalidad en su vida diaria, y Germán lo ejemplificó: "Estoy aprendiendo mucho a cocinar y el otro día en casa hice unos tallarines caseros. Salieron muy ricos así que voy a seguir intentando".
En IPEL se entregan dos certificaciones para aquellos que buscan un oficio: uno es como Ayudante Panadero y otro para Ayudante Horticultor. En las pasantías del comercio alimenticio todos rotarán en los distintos puestos y tendrán la oportunidad de crecer laboralmente.
"Me gusta mucho lo que hago, es re lindo estar todos juntos y que la gente venga a comprar. Me levanto temprano a la mañana y ya sé la actividad que me toca", indicó Román, vestido con el clásico atuendo de cocinero, con delantal y gorro blancos.
"Nosotros no les damos la oportunidad de trabajar porque sí, ellos se lo tienen que ganar, demostrar el interés y el esfuerzo, de esa manera es más gratificante para todos", aclaró Belén para dejar en claro que, como en cualquier trabajo, hay que demostrar capacidad y una buena cuota de sudor. Y si no, que lo diga Lola: "Termino agotada, tenemos que reponer y reponer porque se vende mucho".
El proyecto sumó otra pata solidaria porque desde el sábado pasado los varones y mujeres del grupo comenzaron a acercarse a la ONG Apani para donar elementos necesarios para la gran cantidad de perros y gatos que hay en el predio.
"Presentamos el proyecto en el encuentro de jóvenes cooperativistas que se hizo hace unos días en La Usina de la CPE y ya lo pusimos en marcha, así que la gente puede acercarnos a Tentempié alimento balanceado, leche para cachorros, chapas, frazadas, medicamentos para perros, y nosotros todos los sábados lo llevamos", indicó Belén.
El sonido de la campanita indica la entrada de otro cliente y hay que atender detrás del mostrador. Los arabitos y los sandwiches tientan a cualquiera y la mercadería se vende enseguida. Es hora de trabajar. "¿Va a llevar algo más?", pregunta María. Y su sonrisa lo dice todo.