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Todos somos argentinos

HISTORIAS DEL FUTBOL NUESTRO: UN RECLAMO ALBICELESTE

«¡Y dale con Pernía!», dicen que le contestó César Luis Menotti a un periodista cuando fue consultado por enésima vez acerca de la no convocatoria del lateral de Boca Juniors a la Selección nacional que se estaba preparando para jugar el Mundial ’78.
Vicente Pernía era considerado por esos años como el mejor «4» del país, pero el Flaco Menotti se decidió por el entonces central de San Lorenzo, Jorge Olguín, más técnico y menos marcador que el ídolo del Xeneize.
La respuesta del entrenador del seleccionado a la insistente consulta de la prensa, cimentada en el clamor popular por la presencia del Tano, dio lugar a un famosísimo sketch del humorista Mario Sapag. En cada programa (Las mil y una de Sapag), durante su caracterización del DT, el cómico respondía «¡Y dale con Pernía!» cuando le pedían explicaciones sobre la ausencia del jugador. Y agregaba: «Pernía es triste; Olguín es alegre».
La anécdota, además de popularizar la frase, marca al Tano Pernía como uno de los primeros jugadores pedidos por el pueblo futbolero para integrar el seleccionado, que con la llegada de Menotti había comenzado un proceso de organización que, con el paso de los años, terminó de consolidarlo como «el equipo de todos los argentinos».
Los casos como el de Pernía -de jugadores exigidos por el pueblo/medios- se sucedieron con el correr de las décadas y quizás el último de gran trascendencia fue el de Carlos Tevez. «Sabella, Tevez es argentino», reclamaban los hinchas con pancartas solicitándole al entrenador la presencia del Apache -por entonces figura de Juventus- en el equipo que iba a jugar el Mundial Brasil 2014.
«Tenía tres números 9 con Messi, Higuaín y Agüero, y cuatro si cuento que Palacio podía jugar por ahí también», se excusó tiempo después el DT, quien no atendió el reclamo por la incorporación del «jugador del pueblo» como sí había hecho tres años antes Sergio Batista, en vísperas de la Copa América Argentina 2011. En aquel torneo continental, la Selección quedó eliminada a manos de Uruguay por la vía de los penales. Tevez falló el suyo.
Resultados al margen, los pedidos populares por uno u otro jugador fueron, son y serán -más allá de las operetas mediáticas, empresarias o dirigenciales a través de la utilización del colectivo «la gente»- una de las pocas vías por las que los argentinos pueden llegar a sentirse parte del equipo de todos. La otra es alentando y mirando los partidos de la Selección. Aunque no todos tienen la posibilidad de hacerlo…

Heridas.
Tenca Hernández festeja pero no sonríe. El volante de All Boys acaba de convertir el primer gol del Auriazul en el choque ante Atlético Macachín, por la decimoséptima fecha de la Liga Cultural de fútbol, pero no se muestra feliz. Su equipo gana, recorta la diferencia con el puntero Deportivo Rivera, pero la alegría futbolera no es completa.
El goleador se dirige al banco de suplentes, le alcanzan una camiseta de la Selección y la muestra a los plateístas y fotógrafos. «Todos somos argentinos», parece expresar con su gesto de protesta. En esos instantes, mientras él abría el partido en un Dr. Ramón Turnes al que le sobraban tribunas, el equipo nacional comenzaba a jugar ante Qatar el encuentro final del Grupo B de la Copa América en Brasil.
«Ya hace rato que cada vez que hay un partido importante nos pasa lo mismo», se queja después del juego el propio Tenca, mientras deja la cancha al trote con el objetivo de ver al menos los minutos finales del Argentina-Qatar, cuyas alternativas siguió con su teléfono celular durante el entretiempo.
Y enseguida muestra una herida abierta que sufren varios futbolistas desde fines del año pasado, cuando increíblemente tuvieron que jugar la final zonal All Boys-Independiente de Doblas a la misma hora que la definición de la Copa Libertadores entre Boca y River, quizás el partido de clubes más trascendente de la historia argentina.
«Con la final de la Libertadores nos pasó lo mismo. Por eso pedimos que el horario de los partidos, cuando juega la Selección, lo fije la Liga; que pongan un horario y que bajen la orden. Que no pidan que los clubes se pongan de acuerdo porque siempre hay algún interés de alguno y nos hacen otra vez perder el partido de la Selección a todos los que lo queremos ver. Pensábamos que después del Boca-River iba a cambiar, pero no…», agrega el mellizo Hernández, que a modo de protesta organizó junto a su hermano Antú y otros jugadores la especial celebración.
«El festejo fue por eso. Espero que sirva porque todos somos argentinos», cierra el volante. Y apura el ritmo para llegar a observar el final del partido de la Selección.