Se casó a distancia y la denunció por robo

CASAMIENTO POR SKYPE

Para Abel Montecino la historia no tuvo un final feliz. Aunque en julio pasado recibió arroz sobre su cabeza y la historia se hizo conocida en todo el país, poco tiempo después todo se derrumbó: no hubo amor correspondido y resultó estafado por la mujer que él pensó era la de sus sueños.
Montecino (65 años), oriundo de la vecina ciudad rionegrina de Cipolletti, se casó a la distancia con la colombiana Margarita Ceballos Isaza (52). Pero pocos meses después el hombre realizó un descargo en las redes sociales y denunció haber sido estafado por la mujer y abandonado en Bogotá. “Entre nos no hay química”, le habría dicho la mujer según publicó el diario Río Negro.
Montecino reclamó que la mujer, con la que contrajo matrimonio desde Cipolletti y ella dio el sí desde Colombia a través de una video-llamada por Skype, lo estafó y le robó dinero e inclusive oro, para luego dejarlo abandonado en Colombia.
“Del ridículo no se vuelve”, confesó con pesar el argentino, un hombre viudo que conoció a la colombiana a través de un sitio de “solos y solas” de creencias evangelistas.
“Vacié para vos mis tarjetas de crédito”, relató en una publicación de Facebook, y agregó “gasté mis ahorros y lo que casi a diario me enviaban de mi oficina aquí en Cipolletti”, se lamentó. “Y los últimos 500 dólares que me quedaban para comprarle una notebook a Carolita (su hija mayor), me los robaste esa madrugada del 30 de agosto junto a la pepa de oro de la alianza de Miriam (su difunta esposa)”.
Montecino aseguró que la mujer lo dejó “abandonado en un lugar extraño y desconocido para mí, como es Bogotá”, y enfatizó: “Ninguno de los tuyos me llamó para decirme qué bus debía tomar”.
Los posibles motivos de este desamor quedaron también expresados en su descargo: “porque entre nos no hay química” le habría argumentado la extranjera. Abel sostuvo que alcanzó a escuchar estas palabras, que podrían haber sido emitidas telefónicamente. “Tú eres demasiado inteligente para saber cómo volver a tu país, aunque los pasajes de venida y vuelta ya los había pagado”, también le replicó Margarita y alegando que “a los que amamos a Dios todas las cosas nos ayudan a bien”.