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«El Presidente espera la detención»

LAS PRESIONES DE LA AFI SOBRE EL JUEZ CARZOGLIO EN LA CAUSA CONTRA MOYANO

Se lo dijeron al juez Luis Carzoglio: «El Presidente está obsesionado con Pablo Moyano». Y no se lo dijo cualquiera. La frase fue pronunciada por el jefe de Legales de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), Juan Sebastián De Stéfano, y el jefe de Finanzas, Fernando Di Pasquale, sentados en la oficina del magistrado. «¿Usted que quiere?», le preguntó Di Pasquale al juez. Carzoglio dice que no entendió que le estaban ofreciendo dinero.
«Quiero hablar con el Presidente, pero primero tengo que ver el expediente sobre Moyano que recién me llega hoy», contestó el juez. El diario Página 12 reconstruyó la historia tras conversaciones con funcionarios judiciales y con abogados que pidieron reserva de su identidad.

Borrador.
«Mire, le vamos a hacer las cosas sencillas», le dijeron los hombres de la AFI. «Le vamos a mandar un borrador de una resolución de detención de Pablo Moyano para que usted lo firme. Le va a llegar dentro de un rato». Hoy Carzoglio tiene ese borrador guardado en una caja fuerte. Pero también hay otro borrador entregado a otro juez. De cumplirlo, ese segundo magistrado debía firmar no solo la detención de Pablo Moyano. También la de Hugo Moyano.
El jueves 4 de abril la cúpula de la AFI, encabezada por Gustavo Arribas, estuvo ante la Comisión Bicameral de seguimiento de las actividades Inteligencia. Las sesiones son secretas pero por la diversidad de presencias trascendió que en el encuentro admitieron que dos personas de la ex SIDE fueron a ver a Carzoglio a su juzgado. Adujeron que buscaban saber si el juez iba a detener a Pablo Moyano. Su argumento fue que en ese caso podría haber una huelga general y manifestaciones y ellos debían estar al tanto para tomar las medidas necesarias.
Cualquier presencia de miembros del Poder Ejecutivo ante un juez significa por sí misma una presión objetiva. Y además el jefe de Legales y el jefe de Finanzas no parecen los funcionarios adecuados para evaluar las consecuencias políticas y sociales de la detención de un gremialista. Tampoco es que la cita se pactó de manera oficial.

«Esta obsesionado».
El equipo de Carzoglio afirma que cuando Albanese llegó a Lanús, el fiscal Leguiza se subió a su auto. Leguiza le dijo a Albanese que el Presidente Mauricio Macri quería hablar con Carzoglio. El secretario del juez regresó a Avellaneda temblando. El magistrado lo tranquilizó con una frase: «Por supuesto, hablo con el Presidente cuando quiera. Como hablo con todos».
El paso siguiente fue la visita de los dos altos cargos de la AFI. La versión de Carzoglio señala que no es que quisieran saber si él iba a detener o no a Pablo Moyano en la causa relacionada con la barra brava de Independiente. No se trataba de saber. Se trataba de presionar.
En aquel momento la ola mediática sobre el tema era abrumadora y resultaba público y notorio que de esa manera el Gobierno estaba anunciando la detención de Pablo Moyano. En realidad las escuchas telefónicas presentadas en la causa no evidenciaban una relación de jefe a subalterno entre Pablo y el barra, «Bebote» Alvarez, sino un vínculo de idas y vueltas, con exigencias del barra y respuestas tensas del camionero, que es dirigente del club. «El Presidente está muy interesado en el caso de Pablo Moyano», le dijeron a Carzoglio los enviados de la AFI. Más aún: «Está obsesionado. Espera la detención de Moyano».
Carzoglio les contestó que todavía no había recibido la causa. La insistencia por detener a Moyano provenía, del fiscal Sebastián Scalera. Según denunció el abogado de los Moyano, Daniel Llermanos, fue puesto en juego por el procurador bonaerense Julio Conte Grand como «fiscal especial» sólo para perseguir a los dos dirigentes camioneros. Vitale venía rechazando los planteos de Scalera para detener a los Moyano y finalmente se declaró incompetente. Por eso, el expediente fue remitido a Avellaneda y recayó en Carzoglio.

Una barra.
Carzoglio se negó a detener a Pablo Moyano y emitió una resolución sosteniendo que las pruebas no mostraban al camionero como jefe de la barra brava sino manteniendo una relación más bien tensa con los capos. Era notorio que la Casa Rosada quería detener a los Moyano básicamente porque formaban parte del sector gremial duro contra medidas del gobierno, entre ellas la flexibilización laboral. Esa franja de gremialistas había frenado la reforma impulsada por el Ejecutivo.
Desde entonces se desató una ofensiva contra el magistrado para destituirlo. Por arte de magia reavivaron un juicio político dormido y finalmente lo suspendieron. (Página12.com)