El desafío de no rendirse

CARLUCHE VOLVIO DE LA "TRANSPYRENEA" Y VA POR LA "ULTRA MACHUPICCHU"

El atleta pampeano no pudo completar la travesía en Los Pirineos, a la que calificó como “diez veces más difícil de lo que imaginaba”. Tuvo un cuadro de deshidratación; se recuperó y volvió a la carrera, pero sufrió una lesión. Igualmente, asegura que irá por más.
La experiencia de José Luis Carluche en Los Pirineos no fue la que esperaba. Sufrió más de lo que imaginó, estuvo complicado de salud, se lesionó y quedó desencantado con la organización de la carrera. Pero nunca bajó los brazos y, apenas pisó suelo pampeano, se puso en funciones de cara a su próximo desafío: una ultramaratón en el Machu Picchu.
La “TransPyrenea”, que se corrió por primera vez, fue la competencia Rando Race más larga del mundo. Una travesía de 895 kilómetros por el cordón de Los Pirineos, en la que unos trescientos competidores partían desde el mar Mediterráneo con destino al océano Atlántico. Se trataba de una carrera de autosuficiencia, en la que los atletas tenían un margen de 400 horas para completar el trayecto, pasando por bosques, caminos montañosos y zonas desérticas, entre otras complicaciones del terreno y el clima.
Con la intención de completar esa travesía viajó el pampeano Carluche, que a los 47 años buscaba un desafío aún mayor a las ultra maratones que había corrido en diferentes lugares del mundo, incluida una en el desierto del Sahara.
“Fue diez veces más dura de lo que imaginaba”, resumió el atleta horas después de regresar a Santa Rosa. “La dureza estaba en la parte técnica, tanto en los ascensos como en los descensos”, agregó Carluche, que a modo de ejemplo recordó “un descenso vertical de tres kilómetros” que logró completar luego de cinco horas de esfuerzo físico y mental. “De tanto pegarle con la punta de los dedos a la piedra, tenía que parar llorando del dolor, y después seguía. Fue durísimo”, relató.

Dos intentos.
Carluche largó junto a otros trescientos corredores desde Le Perthus, a orillas del Mediterráneo, pero a los tres días tuvo que desistir por recomendación médica. “Largamos con 40 grados de temperatura y muchísima humedad. Los diez kilos que llevaba en la mochila (en la que llevaba sus víveres y objetos necesarios para encarar la travesía) se sentían, pero lo peor fue la comida”, señaló el pampeano.
En ese sentido, recordó que en el primer campamento les ofrecieron unos “fideos con chorizo colorado y salsa de ají”, y que a partir de allí todo se derrumbó. “La comida me mató; estuve dos días corriendo con diarrea, bajé casi cinco kilos y el médico me dijo que abandonara”, dijo, aún apesadumbrado por la situación.
Pero fiel a su estilo, Carluche no bajó los brazos, y cuando logró recuperarse fue por más. “A los tres días se largaba otra competencia, de 450 kilómetros, que se unía a la principal, y la largué”, recordó.
“Venía quinto, llevaba 27 horas sin dormir y a 2.400 metros me agarró una neblina por la que no veía nada. Estuve perdido cinco horas arriba de la montaña, caí a un bañado y me torcí un tobillo. Al otro día llegué al puesto, con el tobillo muy inflamado y mucho dolor en el tendón de Aquiles. Venía un tramo de 60 kilómetros de montaña, pero hice 10 y como el dolor era muy grande, tuve que abandonar”, relató, al referirse a su último intento.
De esa manera, el pampeano no pudo ser uno de los 67 competidores que cruzaron la meta en el tiempo que indicaba el reglamento de la carrera. “Tuvieron que acortar la carrera porque hubo muchos abandonos, y de los que llegaron la mayoría corría con asistencia, que es una ventaja muy importante”, explicó.
“Ellos -los que tenían asistencia- llegaban a un punto y tenían lugar para dormir, la comida lista, médicos y masajistas. Nosotros, cuando encontrábamos carpa, dormíamos en la carpa, y si no donde podíamos. Estábamos solos”, comentó Carluche, quien se mostró desencantado porque “la organización falló mucho” y permitió muchas “avivadas” de algunos corredores.

Por más.
“Los atletas de punta son admirables. Viven de esto y son muy buenos. En cambio uno corre como puede, para darse un gusto y tratar de medirse. Y en este caso puedo decir que estoy muy lejos de los mejores, principalmente por el lugar y las condiciones de entrenamiento”, se sinceró el pampeano.
De todas maneras, ya dio vuelta la página, se olvidó de Los Pirineos y se puso un nuevo objetivo: la “Ultra Machupicchu Trail”, una carrera de 100 kilómetros con epicentro en el Camino del Inca y un tramo a 4.700 metros de altura. “Ya hice los trámites para la inscripción, la carrera es en marzo de 2017”, dijo el atleta, que en noviembre irá a una clínica de descenso al cerro Champaquí, “para incorporar técnicas”.
Porque la palabra “rendirse” nunca pasó por su cabeza, ni cuando estuvo en una situación extrema en Los Pirineos, ni mucho menos ahora, cuando junto a los suyos, en su Santa Rosa, comienza a soñar con nuevos desafíos.

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