Las denuncias de vecinos se renuevan todas las semanas

RUIDOS MOLESTOS

Salones de fiestas, clubes, boliches y pubs, sedes gremiales e iglesias son los sitios que reciben más denuncias. Incluso el vecino de al lado puede ser el que nos impida el merecido descanso. Multas e inhabilitaciones entre las sanciones previstas.
Los ruidos molestos son un problema creciente en la ciudad de Santa Rosa. El secretario de Gobierno y Seguridad de la comuna, Román Molín, aseguró que, por semana, las denuncias que reciben oscilan entre las tres y las siete. Los salones de fiestas, clubes, sindicatos e iglesias están entre los sitios más apuntados por las quejas que los vecinos presentan. En el ranking también aparecen las quejas contra “el vecino de al lado”.
Hace diez días este diario informó que un grupo de vecinos del centro de la capital pampeana había enviado una carta al intendente Leandro Altolaguirre solicitándole que hiciera cumplir las ordenanzas sobre ruidos molestos y espectáculos públicos que, según la denuncia, un local comercial de la calle Quintana está infringiendo.

Ruidos gremiales.
Desde el año pasado, un vecino viene dando una lucha en el mismo sentido, pero en su caso, el problema son las fiestas que se realizan en el salón de un conocido gremio cuya sede está en la calle Ayala. El enorme salón del sindicato, muchas veces objeto de reuniones de cuño político, es también alquilado para realizar celebraciones familiares que se extienden hasta la madrugada.
El vecino en cuestión, de acuerdo a la información solicitada desde la comuna, ya recibió en su casa más de una vez a los inspectores de nocturnidad, quienes han constatado con sus decibelímetros, que el volumen de la música supera el nivel de ruido permitido por la ordenanza vigente.

Gritos al cielo.
Un tercer caso es el de otro frentista cuya lucha pasa por lograr que una iglesia pentecostal comprenda que el volumen de las prédicas y de la música religiosa no puede superar los decibeles permitidos por las regulaciones de la ciudad, impuestos con el objetivo de que los vecinos de los templos y otros salones puedan convivir sin sufrir la contaminación sonora.
En el barrio Empleados de Comercio, en la calle San Luis, otro vecino lleva días reclamando a las autoridades, aunque en su caso no tiene un salón de fiestas, un templo religioso, ni un pub lindando con su casa. El problema allí es que en la casa de al lado, otro frentista, acostumbra a escuchar la música con un volumen alto sin respetar los horarios de descanso.
Su presentación fue realizada en forma manuscrita ante el Juzgado Municipal de Faltas. “Pido a ustedes intervengan para así yo poder descansar en las horas que corresponden al descanso”, reza el escrito que presentó el 6 de septiembre último.

Choque de derechos.
Molín explicó que existe un problema cultural de difícil resolución. “Tenemos que entender que el derecho de uno termina donde comienza el del otro. Yo tengo derecho a divertirme, pero si mi diversión pasa por generar un ruido que impide el descanso de mi vecino, entramos en un conflicto”, reflexionó.
En la actualidad, en la ciudad están vigentes las Ordenanza 1528/94 y 4323/11. La primera establece a qué se considera ruidos molestos y cuáles son los máximos decibeles permitidos, según las zonas de la ciudad y los horarios en que se produzcan las emisiones sonoras. La segunda creó un registro municipal de personas responsables de emisión de sonidos.

Multas.
Las normas establecen sanciones para quienes provoquen emisiones de sonidos sin estar registrados o para quienes sí lo estén pero no cuenten con un responsable habilitado para la emisión de sonidos. También para los responsables habilitados que excedan el nivel sonoro máximo establecido por la normativa vigente.
Las sanciones pueden incluir, además de las multas, cuyos montos son fijados por la ordenanza tarifaria vigente (oscilan entre los 426 y 5.000 pesos), inhabilitaciones comerciales provisorias, en el caso que el responsable acumule tres sanciones por exceso a los límites sonoros permitidos en un período de sesenta días corridos; o la acumulación de cinco infracciones durante un período de tiempo de un año.
El infractor puede sufrir, inclusive, la clausura definitiva si acumula tres inhabilitaciones provisorias superiores a veinte días.

Los decibeles que se permiten.
La Ordenanza 1598/94, sancionada por el Concejo Deliberante de Santa Rosa, dividió a la ciudad en tres zonas y dos horarios para establecer los decibeles máximos permitidos. Así, en zonas residenciales, el ruido no puede superar los 50 decibeles en el horario diurno (6 a 22 horas) y un rango de 30 a 40 decibeles, en horario nocturno (de 22 a 6 horas). En zonas comerciales, se permiten 60 (diurno) y 40-45 (nocturno) decibeles. En zonas industriales, en cambio, los registros permitidos son más altos: 65 (diurno) y 50-55 (nocturno) decibeles.

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