Los Carro, de festejo tras la tristeza

Fueron alrededor de 45 días de incertidumbre para la familia Carro. Desde que el Juzgado de Menores decidió sacar a D. de la casa donde se crió desde que tenía 20 días de vida, comenzó una batalla judicial donde la familia que lucha por la adopción de la pequeña solo la podía verla a través de un régimen de visitas. Después que la nueva jueza de la causa dispuso que vuelva con ellos, los ánimos son completamente distintos. Y ayer celebraron el final de un año muy especial.
Fue un almuerzo a la canasta en el predio del centro tradicionalista El Indio, con muchos invitados. Familiares, amigos, vecinos y gente con la que trabaron relación a partir de las marchas, se hicieron presentes desde las 10 de la mañana. Se juntaron a comer y a pasar una tarde a puro sol, y LA ARENA fue testigo del encuentro.
D. estuvo hasta después del almuerzo y tras eso Mirta Maidana de Carro –para ella, casi como su mamá– la llevó a dormir a su casa, por eso es que no está presente en las fotos. Eduardo Carro explicó que todavía persisten los problemas con su estado nervioso que tuvieron preocupados a todos, pero con los días ha ido mejorando ese aspecto. Esa especie de ataques de pánico que la niña tiene han sido más espaciados y más leves en los últimos días, mientras sigue siendo tratada por profesionales.

La historia.
D. dejó su casa en el barrio Aeropuerto el viernes 7 de noviembre, después que su familia resistiera durante un día entero, desde la tarde del jueves, la medida impuesta por la jueza del Menor y la Familia, María Cristina Baladrón. Los Carro habían renunciado a su condición de familia sustituta para comenzar los trámites de adopción de la nena, pero la jueza comenzó un expediente paralelo.
La pequeña, de 3 años, pasó a estar con otra familia sustituta, y los Carro la podían visitar una hora por día. Según explicó ayer Eduardo, el estado nervioso de la nena en esa casa era tan inestable que debía ser medicada para que pueda dormir. Afortunadamente, los últimos estudios establecieron que no tiene ninguna dependencia de esos fármacos.
Al caso de D. se sumó el de S., la hermanita criada por la familia Vargas que fue entregada en adopción a una mujer. Juntas, ambas familias comenzaron a encabezar marchas de reclamo que llegaron incluso a escraches a las viviendas de la jueza Baladrón y de la asesora de Menores, Cristina Funes. La comunidad los acompañó, y el reclamo se hizo fuerte.
Finalmente, tras las presentaciones de los abogados, la causa de D. recayó en la jueza civil María del Carmen García –Baladrón se excusó por la “presión social”–, quien en una semana recibió a la familia y luego determinó que la niña vuelva con ellos. Los Vargas, por su parte, ahora tendrán derecho a litigar en el expediente de S. y les fue concedido un régimen de visitas, tras aceptar la Cámara de Apelaciones una presentación de su abogada.

En familia.
La jornada de ayer fue propicia para pasarla con seres queridos, y los Carro y los suyos la aprovecharon de principio a fin. Cuando el equipo de este diario llegó al lugar, corrían las rondas de mate y se ofrecían porciones de torta, mientras otros disfrutaban de los tradicionales picados futbolísticos bajo el sol de la tarde.
Eduardo tuvo tiempo para acordarse de la familia Vargas, quienes criaron a S., la hermana de D. Carro entiende la situación que están pasando no sólo por compartir las marchas y la lucha por las nenas, sino porque al ver la situación de su hija imagina un cuadro similar para S.
Para los Vargas la lucha sigue, aunque a partir de hoy podrían comenzar a ver su hija del corazón (ver aparte). Mientras, los Carro buscan recuperar el tiempo perdido en estos últimos tiempos, en un caso que ha tenido en vilo a toda la comunidad. Ayer, por fin para ellos, todas fueron sonrisas.