Turismo sin barreras

Verónica Martínez ganó el concurso “Madre Emprendedora” gracias al proyecto de una página web de turismo accesible: una herramienta clave para ayudar a quien tiene movilidad reducida a disfrutar del placer de viajar. El jueves será premiada en el Senado.
El despertador suena a las 5.30. A las 7 ya está en la Dirección de Rentas y a las 15 se va a su “oficina” para trabajar en el proyecto. Sus hijos, su esposo Marcelo, las sesiones de kinesio, algunas clases particulares de Matemática y Contabilidad y hasta los entrenamientos de Power Chair. Todo en un día. “A las ocho y media de la noche no doy más”, se ríe Verónica cuando termina de enumerar una rutina que parece necesitar más de una jornada para que entre en 24 horas.
“No me gusta quedarme en los problemas sino ser parte de la solución, ese es mi lema”, dice Verónica Martínez, una santarroseña de 39 años, madre de dos hijos y reciente ganadora (a nivel nacional) del concurso ‘Madre Emprendedora’ por una idea de empresa que trabajará en esa “industria sin chimeneas” que es una de las más importantes del mundo: el turismo.
“Hace tiempo que tengo ganas de hacer algo diferente. Soy empleada pero siempre estoy viendo la forma de hacer algo por mi cuenta. Yo soy contadora y quiero desarrollar algo propio, soy muy emprendedora en ese sentido. Mi corazón siempre estuvo en la administración de empresas y me gusta mucho viajar. El problema que tengo es que planear un viaje me lleva mucho tiempo, mucha planificación y búsqueda y me tengo que adaptar a un entorno: terreno, lugares, circuitos, obviamente hay cosas que no puedo hacer. Así surgió la idea de armar un portal de turismo accesible. Tiene que ver con estos años de búsqueda y con lo que me toca vivir a diario cuando voy de viaje”, explicó Verónica sobre “Sí… voy!”, el proyecto por el que fue elegida a nivel provincial junto a otros tres emprendimientos y por el que luego ganó la instancia nacional.
Verónica nació con una Atrofia Muscular Espinal (AME) del tipo II que le impide ponerse de pie. En 2015 la Asociación Civil ALPI -que trabaja en rehabilitación de personas con problemas motores- la reconoció como una “Héroe Real” en la Bienal que se llevó a cabo en Buenos Aires. Su caso fue destacado como único en el país por ser la primera mujer con AME II en ser madre de dos hijos.
Ese reconocimiento mereció la tapa de La Arena y para el jueves próximo busca apoyo para un nuevo viaje a Capital Federal: en el Senado le entregarán la beca completa para el concurso Naves, la financiación para un curso sobre exportación y 10 mil pesos.
Servicio a un click.
“El proyecto tiene un fin de lucro pero también un gran componente social. El portal está dirigido a personas con movilidad reducida, puede ser temporariamente es decir si te quebraste una pierna, si una mujer está embarazada o una familia con cochecito de bebé. Se brinda todo el asesoramiento necesario. No es solo por discapacidad motriz. Hoy cuatro de cada 10 personas tienen movilidad reducida en el mundo, es un segmento muy descuidado, desaprovechado. A nivel país hay algunas páginas web pero con información muy suelta, escasa. No solo se va a detallar los hoteles accesibles sino toda la cadena que implica el viaje”, explicó Verónica.
El principal eslabón a trabajar -agregó- es el transporte. “Es la principal barrera, sea terrestre como aérea. Por eso la idea del portal es planear un viaje con tranquilidad, sin sorpresas: brindar información útil sobre topografía, geografía, hoteles, circuitos turísticos, si hay personal idóneo,todo para que el viaje tenga los menos sobresaltos posibles”.
Verónica convive a diario con las dificultades de movilizarse en una silla de ruedas. En Santa Rosa, en la provincia, en el país. En un colectivo, un taxi o un avión. En el Parque Luro o en las Cataratas del Iguazú. Incluso en el momento en que presentó su proyecto en un complejo de cines porteño.
“Se previó un lugar accesible para que pueda ingresar pero tenía que subir al escenario donde está la pantalla de cine. Y estaba lleno de escalones, así que propuse que el jurado se acerque: vinieron caminando y en el pasillito les expliqué el proyecto. Por suerte se entendió la idea así que el premio me va a servir para avanzar con el portal”.
Una inversión.
Desde el punto de vista de los negocios, Verónica tiene claro que la rentabilidad es un punto fuerte del emprendimiento. “En Europa, por ejemplo, el promedio de gasto diario de un turista es de 600 euros, y el turista con discapacidad 800, un 30 por ciento más por los servicios adicionales que requiere. Lo que pasa es que las agencias de viaje lo ven como un gasto y en realidad es una inversión, si capacitás gente que pueda atender ese segmento va a ser redituable”, resaltó.
Pese a algunos avances, los medios de transporte siguen siendo todo un trastorno para quien no puede caminar. “Una amiga que tiene mi misma enfermedad estuvo diez días en Mendoza y gastó 5 mil pesos en taxi. Cada vez que voy a Buenos Aires es un tema: si voy en avión me tienen que subir por las escaleras, entre dos porque no hay mangas. Después allá es difícil conseguir taxi porque no te quieren subir la silla. En micro puedo tener el pase gratuito por discapacidad, pero no puedo subir. El año pasado hicimos con Marcelo una escapada de tres días a Cataratas. Por suerte el avión tenía la manga, pero en los aviones no hay baños para nosotros así que hay que aguantar. Por eso cada viaje es una lotería”.
El proyecto de Verónica es amplio y propuso que la reciente puesta en marcha de la Licenciatura en Turismo de la Universidad Nacional de La Pampa agregue una capacitación en turismo accesible. “Sí… Voy!”, además, ofrecerá salida laboral para, al menos en una primera instancia, un/a licenciado/a en Turismo, uno o dos programadores y alguien especialista en publicidad y diseño gráfico.
Integración.
“La idea es volcar información en el portal y mientras tanto avanzar en otras etapas. También va a funcionar como una red social para que la gente cuente sus experiencias. En otra fase se agregará que a través de la web se haga toda la contratación. Y la intención es trabajar otras discapacidades, no solo la motriz, y que surjan convenios con los Estados municipales, provinciales, nacionales. Se armará una gran base de datos sobre accesibilidad”.
Verónica explica cada detalle, cada idea, con precisión profesional. Y sobre todo, con pasión. “Me gusta trabajar en soluciones, así como en mi vida no me quedo con los problemas, acá aplico lo mismo: proponer ideas, trabajar desde Santa Rosa y expandirnos.De a poco se va cambiando el concepto de discapacidad pero hay mucho por hacer. Siempre se la asoció con enfermedad o algo negativo, pero también es ver cómo uno se integra, el concepto tiene que ver con la integración física y social. Y sobre eso hay que trabajar”.

Todo lo que se puede hacer
Verónica conoció a Marcelo (36) en 2005 a través de un chat. En 2009 se casaron y él se vino desde Morón para instalarse en Santa Rosa. Hoy viven en una casa en el barrio Néstor Kirchner junto a Alina (4) y Lautaro (5), una familia que tiene el apoyo clave de los padres de ella: Olga y Agustín, que en su vivienda de Villa Alonso cuidan los nietos, ofrecen el lugar para la oficina de Verónica y regalan toneladas de cariño.
“Me crié creyendo que no estaba destinada a ser mamá. Las personas con discapacidad somos consideradas seres asexuados y no cumplimos con los estereotipos de la estética. Mi marido vino a romper con esos prejuicios que hasta yo misma tenía”, dijo en su momento Verónica cuando valoró ser uno de los primeros casos registrados en la Argentina de embarazo y maternidad en una mujer con AME, una enfermedad neuromuscular y genética que se manifiesta por la falta de una proteína neuromotora en la médula espinal.
“Esa enfermedad hace que no tenga fuerza. Siempre dependo de alguien: para vestirme, ir al baño, higienizarme”, dice Verónica cuya vida parece desmentir por completo esa realidad. “Desde que tenía un año que estoy en silla de ruedas, pero siempre tuve en claro que podía hacer las mismas cosas que el resto de los chicos, aunque todos los días hay limitaciones o cosas que no puedo hacer. Pero siempre lo acepté de esa forma y me enfoqué en lo que sí puedo”.
Y lo que sí puede hacer Verónica es un deporte. “Me invitaron a sumarme al fútbol en silla de ruedas, el Power Chair, nunca pensé que iba a hacer un deporte en mi vida y a los 39 años lo estoy cumpliendo. Recién se inicia y necesitamos apoyo porque cada silla cuesta 180 mil pesos. La verdad que se armó un grupo muy lindo”.

Cuando ‘sí’ debe ser ‘no’
Verónica cuenta con humor decenas de anécdotas en las que su discapacidad le jugó una mala pasada pero por responsabilidad de otros. “Hace unos años, cuando estábamos de novio con Marcelo, llamé a Turismo y me dijeron que sí podíamos hacer el circuito en Parque Luro. Fuimos con otra pareja y fue muy duro porque las ruedas se trababan con los yuyos, mi cabeza se movía, Marcelo estaba muerto por la fuerza y hasta usaron el cinto para poder tirar de la silla. El guía nos abandonó y todo en medio de la noche y de la brama. Llegamos igual hasta el mirador, pero son esas veces que por no decirte no, te dicen sí, y es mucho peor. Por eso la idea también es trabajar en la capacitación en lo relacionado al Parque Luro y otros lugares de la provincia”.