Problemas en la calles del barrio Pueblos Originarios

El paisaje del último barrio entregado por el IPAV en Santa Rosa no dista mucho del que ofreció cualquier otro de los complejos habitacionales a pocos días de ser adjudicado. Sin embargo, el barrio Pueblos Originarios, habitado desde octubre, además de un panorama desprovisto de árboles y de tapiales, presenta pendientes en las calles que corren de este a oeste.
Graciela, una vecina que vive en la casa 911, denunció el hundimiento de su vereda y de la calle, frente a su domicilio producto de las enormes zanjas que abre el agua durante los días de lluvia. El suelo poco compactado y la fuerza del agua cuando sigue su pendiente natural hacen estragos en la calzada y también en la acera.
“Cada vez que llueve, la calle aparece con zanjas que cada vez se hacen más grandes y más profundas”, explicó. La adjudicataria vive en una calle sin nombre (encontrar un cartel indicador es una tarea difícil), en la cuadra ubicada entre Grassi y Toscano Sur. En frente tiene un enorme predio, en cuyo extremo oeste se erige una cisterna de agua potable todavía en construcción.
“Dentro de la casa no tengo consecuencias pero sí en el patio y en el ingreso del auto. Cuando llueve se abre la calle y la vereda y tenemos que estar tapando los baches enormes. Yo lo que pido es una solución. El primer día que llovió me tuvieron que sacar porque me estaba hundiendo en la tierra”, recordó en diálogo con Radio Noticias.
La situación se agravó tras las lluvias del domingo a la noche. Exactamente frente al ingreso para el auto la calle tiene un pozo de medio metro de profundidad, con una superficie de un metro por cincuenta centímetros. Cerca de ese hay otro más grande aún, con un tambor en su interior, como precaria medida de protección. Tiene dos metros de ancho por cinco de largo y con una profundidad que sorprende.
“Esto está así desde octubre. Cada vez que llueve se hace un poco más grande”, dijo Graciela. Su temor es que el suelo ceda también en los sectores más próximos a su vivienda y que provoque rajaduras en las paredes y el piso. La vecina aseguró que ya elevó sus quejas en todos los organismos públicos competentes pero que todavía no tuvo una solución, ni siquiera provisoria.
En el barrio todavía está el obrador. Muchos vecinos apenas si comenzaron a acopiar los ladrillos y el material con el que levantarán tapiales, buscando algo de privacidad. Este diario visitó el lugar a las 17.30. Piletas de lona en el frente de algunas viviendas y vecinos regando para aplacar la tierra completaban la postal de esa parte de la ciudad lindante con el campo.