“Ya soy más pampeano que tucumano”

Mario Vega – Quien se detenga en esta nota pensará que se trata de vivencias de un futbolista. Y aunque básicamente es la esencia de Estergidio, este tucumano tiene además otras facetas que lo tornan un personaje.
El hombre empuña su guitarra y arranca: "Zamba de mi esperanza, amanecida…". Lo hace con esa espontaneidad de los norteños, que tienen la zamba y la chacarera incorporadas a su existencia. El pelo nacarado -o lo que queda-, la piel morena, los rasgos arábigos que resaltan en su rostro, todavía luce la corbata que es parte de su uniforme de trabajo en el Banco de La Pampa. Nos estaba esperando -a mí y el fotógrafo- con mates y facturas, y con la amabilidad que lo caracteriza…
Siempre me gusta ver que forasteros que vinieron alguna vez a nuestra tierra, se aquerenciaron y llegaron a echar raíces de tal forma que se transformaron, casi, en pampeanos. También he sentido la desilusión -me pregunto por qué me causa ese efecto- por algunos otros que, aunque armaron aquí sus familias, se entrelazaron con nuestra sociedad, trabajaron y tuvieron a sus hijos, no sienten a nuestra tierra como si les fuera propia.

Un hombre agradecido.
Por eso la confesión de Estergidio enseguida se gana mi consideración. Porque lo veo agradecido de su destino, regocijado de mimetizarse entre nosotros como un santarroseño más. Porque seguirá, por supuesto, queriendo a su tierra, le quedarán afectos en su originaria y lejana Tucumán, y obviamente a veces le ganará la añoranza, aunque no llegará a sentir la tristeza del que siempre está evocando lo que quedó atrás.
Este hombre, fibroso y retacón, que camina a las "chuequeadas", es un tucumano que alguna vez llegó para jugar al fútbol y que, sintiéndose reconocido, querido por mucha gente, decidió que esta será su patria chica hasta el final de sus días.
Nacido en Alberdi (Tucumán), sus padres fueron Estergidio (fallecido hace un par de años, aquí en Santa Rosa, donde se había venido hace un tiempo para vivir junto a sus hijos varones) y Julia. Los tres hijos iban a heredar, de alguna manera los nombres de sus padres: Estergidio Pérez (65), es el mayor de los hermanos, una tríada que componen también Julia y Julio.

Futbolista, bancario, músico.
Estergidio, o "Gidio", o "Chispa" como le decían en Tucumán, es un reconocido jugador de fútbol. Y lo de jugador dicho como alguien que está vigente porque, precisamente, sigue despuntando el vicio y no tiene ni pensado que se le haga el partido homenaje que marque el final de su trayectoria. Ciertamente ya no lo practica porque le pagan (en realidad hoy tiene que poner dinero para jugar, como todos los que actúan en los torneos de veteranos), sino por ese placer único e insuperable que sólo pueden sentir los que aman jugar a la pelota.
Estergidio es -más allá de su notable capacidad como futbolista-, un hombre que se ha integrado plenamente a la sociedad santarroseña. Porque es un bancario de más de 30 años de laburo -a punto de jubilarse-, y además un perseverante músico que resalta como bombista, pero no le es ajeno el canto y la guitarra.
"Es que en Tucumán es así… en todo el norte mejor dicho, la música folklórica, sobre todo, y el fútbol, son las pasiones de los changuitos", dice como para ofrecer una explicación de esa afinidad que le hace unir ambas expresiones.

Ancestros árabes.
Nació, como quedó dicho en un pequeño pueblito al sur de su provincia, y enseguida la familia se trasladó a Villa Hileret -el padre trabajaba allí en un ingenio azucarero-; pero a los 6 años ya vivían en la capital donde Don Estergidio iba a empezar a desempeñarse en la Administración Pública. "Sí, mi familia en realidad no sufría privaciones. Mis abuelos tenían comercio: heladería, confitería, y aquí es donde se hacía música y algunos tíos tocaban el piano, el bandoneón, y nosotros mirábamos y un poco aprendíamos. Nos dicen que somos descendientes de turcos, porque a todos los de esa zona los identifican así, pero yo tengo en realidad ancestros árabes… como que mi abuelo materno se llamaba Masmoud Baid, y era sirio", sigue.
La vinculación de los Pérez con el deporte se dio naturalmente, "porque vivíamos frente a un club y jugábamos al básquet, al fútbol, y hasta veíamos rugby; y además ahí nomás estaba el hipódromo y vivíamos en un ambiente que nos hacía competir. Jugué un poco al básquet, pero lo mío era el fútbol… Julio (su hermano, también reconocido futbolista) se destacó un poco más al básquet", reconoce.

Su adolescencia, la juventud.
Obviamente la escuela, primaria y secundaria hasta cuarto año, "porque en ese momento me importaba más la pelota". Después, ya de más grande habría de finalizar el secundario. "Es que ya a los 15 años jugaba al fútbol en primera división (de mediocampista), en el Club All Boys de Tucumán. Era todo el día la pelota, y a eso le dedicaba buena parte de mi vida". Aunque paralelamente iba a cultivar -en forma elemental todavía- su gusto por la música.
"Me gusta mucho tocar el bombo, y algo me defiendo con la guitarra. Pero cuando era más chico era baterista, y tocaba en una orquesta con la que recorríamos distintos pueblos. Así que era el fútbol y la música, donde también me ganaba unos pesos". Más tarde -se salvó del servicio militar por número bajo-, ingresaría a trabajar en Alpargatas (lo que aquí era Calzar en el parque industrial), donde estuvo cinco años.

El futbolista, el crack.
Estergidio es una marca registrada en el fútbol lugareño. Mencionarlo es referir a un futbolista singular -obviamente tomando como parámetro a los que se destacaron por estos lares-, dotado de una categoría que uno advierte en cada gesto, en cada amago que descoloca a los rivales, pero que a veces también confundirá a los propios. Porque Estergidio es defensor, y en la última línea de cualquier equipo que integre prevalecerá la idea del fútbol bien jugado, de la pelota contra el piso, la mirada arriba para dársele al compañero mejor ubicado… y si es necesario la gambeta, el taco o el sombrero, como un lujo que pocos defensores se pueden permitir. "Yo juego así, y si me equivoco mala suerte. No concibo no hacer una jugada porque me pueden sacar la pelota, porque para jugar al fútbol hay que tener convicciones", comenta.

Santa Rosa, el banco.
Estergidio estaba de novio con una coterránea "desde siempre", y cuando decidió radicarse por aquí se casó en Tucumán y se vinieron. Marisa es su compañera desde hace más de 40 años, y construyeron una familia que es la prioridad absoluta de su existencia. Llegaron, su esposa consiguió enseguida trabajo como maestra jardinera; en tanto Gidio jugaba al fútbol y trabajaba en el Parque Industrial, en la fábrica de camisas Indumentaria.
Después llegarían los hijos: Nicolás (28); Florencia (26) cuyo hijo Benjamín (3 meses) es el primer nieto de la familia; y María Belén (15).
Hasta que otra vez el fútbol iba a ser determinante. "Me invitaron a jugar un partido contra un Belgrano que se armaba muy fuerte, dirigido por Teodoro Fernández. Eran muchachos del Banco Pampa, Chiquito Rodríguez, Cacho Rechimont, estaba Guillermo Palma, arquero que después se fue a España. Y ganamos 2 a 0", rememora.
Fue un poco una sorpresa y decidió a la gente del Club Banco Pampa a hacer fútbol, "y allí confluimos además Chiquito Rodríguez, Vidal, Gordillo, y otros muchachos dirigidos por mi hermano Julio, al que All Boys no le dio el pase y fue el entrenador. Me había dicho Cacho Rechimont (tenía un nivel gerencial) que si jugaba me iban a emplear, y así fue: entré en Imprenta y Suministros -frente a la CPE, donde estaba el cine-, después rendí y pasé a atención al público y desde hace más de 20 años soy cajero. Estuve en distintas agencias, y ahora estoy en el Butaló", cuenta.

La jubilación.
A punto de jubilarse, este tucumano que se siente tan pampeano -llevo aquí más años que los que viví en mi provincia, mis hijos son santarroseños", argumenta- no sabe bien que será de lo que viene. "Supongo que disfrutar de la vida, apoyar a los hijos y los nietos que vayan llegando, seguir corriendo detrás de una pelota, que a esta altura de la vida es algo fantástico; y a lo mejor tener más tiempo para dedicarle a la música". Por ahora lo hace en alguna peña, acompañando a algún grupo, o en reuniones donde la guitarreada manda… ¿Entrenador? "No creo, tal vez de los más chicos, que es a quienes se les puede enseñar. Ya veremos".
"Es un gran hombre, un gran padre", coinciden Marisa y las dos hijas mujeres que se sumaron a la charla. Estergidio se revuelve un poquito incómodo ante el elogio y apenas sonríe.
Jugador de fútbol de los buenos, bancario, guitarrero, bombista y cantor, y padre de una familia hermosa. ¿Qué más se le puede pedir a la vida?

Una llegada para siempre.
En 1982 a instancias de su hermano Julio -futbolista de FCO de Alvear, Rácing de Castex y All Boys-, llegó a La Pampa. "Yo jugaba en Tucumán, incluso un regional para San Lorenzo de Alem; y también era baterista de un conjunto que hacía música de Los Beatles, Los Iracundos… Julio en Buenos Aires estuvo en Platense y después fue a San Lorenzo donde jugó pocos partidos en primera división. Un día lo pusieron de 4. ¡De 4! (Julio era un fenomenal delantero), y Ghisso, que era un pibe que surgió con el Beto Alonso en Ríver, le pegó un baile bárbaro", se ríe Estergidio.
Llegó a Buenos Aires cuando se armaba Rácing-Tavella -representaría al albo de Castex en la Liga Pampeana-, dirigido por dos glorias del fútbol argentino, Roberto Telch y Roberto Tojo. Ganaron el torneo -estuvo dos años- y pasó a All Boys, donde también fue campeón. Una vez, en un partido en Cipolletti -torneo Regional-, bajo una lluvia torrencial, All Boys aguantaba el resultado y Estergidio paraba a los rivales que llegaban en malón: les quitaba la pelota, los gambeteaba y salía jugando. Al cabo del primer tiempo se me puso la piel de gallina cuando la platea se paró para aplaudirlo: "¡Bien 2, grande fenómeno!". Aplaudían a un rival que estaba dando una cátedra de fútbol.
Así juega, todavía, Estergidio. Luego pasó al club Banco Pampa -volvió a ser campeón- jugando con Lucio Gamaleri, Daniel Petrucci, Tito Mansilla, todos dirigidos por su hermano Julio. A los 40 años, en Rácing de Castex dijo basta. Pero sólo en lo que refiere al fútbol oficial, porque cada fin de semana estará despuntando el vicio en veteranos.