Del ACV a la ultramaratón

Miles de historias se entretejen en La Pampa. Crónicas cotidianas de protagonistas tan simples como dueños de testimonios mínimos que merecen ser grandes. Personas de a pie, sencillas pero con una mochila a cuestas con el peso suficiente para no ser olvidado jamás.
Fabiana Torres es una empleada estatal que vive en Toay. Una mujer como cualquier otra. Una pampeana como cualquier otra. Así lo fue hasta el 2001. Recuerda ese año, como la mayoría, para el olvido. No por el “corralito”, ni por la crisis socio económica que hundió al país sino por una cuestión de salud que la modificaría para siempre.

“Lo recuerdo, fue en el 2001, cuando sufrí un ACV isquémico”, expresa a LA ARENA. A partir de ese momento, su vida daría un vuelco radical. Debido a la complejidad del parte médico y del cuadro, Fabiana fue derivada a un centro médico de Capital Federal. Por suerte, todo salió bien. Sin embargo, hubo consecuencias.
Una vez por año, Torres debe someterse a estudios médicos y tuvo que empezar terapia debido a sentimientos de temor a la muerte. Pero de la enfermedad, del dolor y de la oscuridad, esta pampeana de 49 años sacó lo mejor de sí. “Pude convertir el dolor en amor”, dice.
Y fue el deporte el medio de canalización. Como en infinidad de casos, el escenario de una vida mejor. “Me subí a la bici, participé de competencias locales y después practiqué natación haciendo unas 100 piletas”, rememora.

Pero había algo que no estaba bien. No era su salud, que mejoraba de manera paulatina, sino algo más profundo. “Mi búsqueda de la libertad era más profunda que la bici y la pileta”, sostiene Fabiana.
Y empezó a correr. No para escapar sino para ser más libre. Como una casualidad del destino, Torres participó de su primera competencia de 5 kilómetros en Santa Rosa el día de su cumpleaños: el 12 de marzo de 2017, con 48 años. “Hice lo mejor que pude pero sentí algo que jamás había sentido antes”, afirma.
A partir de ese día su vida cambió. Comenzó a vincularse con otros deportistas y conoció a Caro Solera: la reconocida ciclista que hoy entrena a decenas de deportistas en su mayoría mujeres. “Caro es un pilar fundamental en mi vida deportiva y personal”, reconoce Fabiana.

Montañas.
Y la historia de Torres empezó a tejerse en un telar cargado de cumbres que, para la mayoría, serían imposibles de alcanzar.
De a poco, y con gran capacidad de adaptación, corrió sus primeros 13 kilómetros en la montaña. Luego pasó a los 21 de la mediamaratón. Y fue así como conoció un nuevo y gran amor: la montaña.
“Descubrí otros amaneceres, verdaderos encuentros con la naturaleza”, grafica. Con un estado físico y mental impecable, Fabiana siguió entrenando y corriendo. Sin parar y con perseverancia por los senderos pampeanos. “Con ellos, tengo un amor platónico”, afirma.
En muy poco tiempo corrió una maratón (42 k) y al año de ser una corredora con todas las letras se animó a las ultradistancias: no aptas para cualquiera. Corrió 50, 76 y hasta 110 kilómetros en las montañas argentinas. Logró muy buenas marcas, amistades y una motivación que aflora hoy en cada una de sus palabras.

Cuatro cumbres.
Diciembre de 2017. Villa La Angostura. Llegó La Misión Race: la ultramaratón de montaña más exigente de América Latina. Y allí estaba Fabiana. La misma que pocos años atrás se debatía entre la vida y la muerte.
“Corrí 110 kilómetros en plena montaña de Villa La Angostura, la mochila pesaba casi 8 kilos, porque fue una competencia de autosuficiencia”, detalla. A la carrera largaron 300 ultramaratonistas de todo el país: llegaron 152. Y allí estaba Fabiana que alcanzó el quinto lugar de su categoría.
“Fue una carrera brutalmente bella, corrí durante 43 horas y logré cuatro cumbres”, puntualiza al informar que este año se animará con 50 años y apenas dos de experiencia a esta misma competencia pero en los 160 kilómetros.
“Fue todo muy incipiente, pero logré saber que puedo, las carreras son tan duras como maravillosas”, sostiene la deportista.
Fabiana se define como una corredora de resistencia, con alma, corazón y cabeza. Y sostiene una premisa digna de ser copiada por más de uno en los momentos de oscuridad: “Si no me hubiese pasado lo que me pasó, nunca hubiese corrido ultradistancias, correr le dio significado a mi vida”.