Los inspectores hacen miles de multas

EL ESTACIONAMIENTO MEDIDO, UNA EXCELENTE EXCUSA PARA EL AFAN RECAUDATORIO DEL MUNICIPIO

Cualquiera que en horas de la mañana circule por el centro de la ciudad podrá advertir la presencia de decenas de empleados municipales -con los chalecos verdes que los caracterizan-, decididos a lanzarse a labrar actas por distintas contravenciones que se cometen en el tránsito.
Lo que es seguro es que la generalidad son multas que se realizan en espacios donde hay estacionamiento medido, por la no colocación de tarjetas marcando el horario en que se deja el auto en el lugar, que determina obviamente el momento en que deberá ser retirado.

Desde temprano.
Ya antes de las 8 de la mañana se puede ver un grupo importante de “chalecos verdes” que se diseminan en distintas arterias -lapicera en mano y talonario presto- para comenzar con su tarea y aplicar multas a diestra y siniestra. Sin atender ninguna clase de explicaciones del eventual infractor, y amenazando rápidamente con convocar a “presencia” para que el automovilista cese en cualquier reclamo. “Presencia” no es otra cosa que un móvil policial que, de ser llamado, concurrirá con presteza para disuadir al quejoso.

¡Antes de las 8!
Pero lo preocupante de las multas es que no siempre a los inspectores les asiste la razón, y se ven situaciones ridículas. Esta misma semana, en cercanías de establecimientos de salud ubicados sobre calle Alvear, una persona se quejaba y con razón porque un “zorro” le estaba haciendo una multa cuando aún no eran las 8 de la mañana (aunque por supuesto el acta fijaría que eran minutos después). Al parecer el funcionario público la habría visto descender del auto, ingresar en un consultorio, y puede haber creído que iba a demorarse. Pero el hombre ingresó y salió rápidamente, y se encontró con el inspector labrándole el acta por “falta de tarjeta”. Obviamente las quejas fueron mayúsculas, porque más allá de las explicaciones del personal municipal se podía pensar en una aviesa intención de perjudicar al automovilista.
Los trapitos que ya estaban en el lugar eran testigos de la ridícula situación.
Lo cierto es que desde primera hora los inspectores miran detenidamente cada parabrisa tratando de ver si todo está en orden. Y si un auto no tiene la correspondiente tarjeta, en cuestión de segundos quedará en el vidrio frontal el papel amarillo, que al regresar el propietario le estará “informando” que deberá pasar por el Juzgado de Faltas.

Conducta abusiva.
Obviamente los controles son necesarios, y no deberían resultar motivos de quejas, aunque sí puede mover al reproche el abuso, y ese es el punto.
Se puede señalar que algunos inspectores no parecen estar en condiciones de defender con argumentos sólidos el por qué de la aplicación de una determinada ordenanza; y cuando eso pasa surgirá la frase salvadora: “Si usted insiste llamo a ‘presencia’. En todo caso pase una nota…”, le dicen a quien puede reprochar su accionar.
Hay que decirlo: pocos se animan al laberinto burocrático de dirigirse a las autoridades porque la respuesta del Juzgado de Faltas es casi de cajón. En la enorme mayoría de los casos se desestiman las defensas escritas de los automovilistas.

Molestia a otros vecinos.
La presencia de uniformados munícipes por todas partes tiene no obstante sus secuelas. Hoy en día se encuentran lugares para estacionar en el centro porque muchos prefieren ubicar sus autos por fuera de los límites establecidos para el estacionamiento medido. No obstante las consecuencias las reciben los vecinos de esos sitios, que ahora ven atestadas sus calles por coches que son dejados lejos del alcance de los inspectores. El gesto de disgusto de muchos es evidente cuando advierten que -donde antes tenían sus propios lugares de estacionamiento- hoy en día aparecen saturados y sin dejarles margen para dejar sus propios vehículos.

Infracciones inadvertidas.
Cabe señalar no obstante que otras muchas infracciones -a lo mejor más difíciles de apreciar- pasan inadvertidas. Aunque resulten bastante más peligrosas que no poner en un parabrisas una tarjeta de estacionamiento.
Pueden mencionarse como ejemplos los cientos de automovilistas que no pueden resistir la tentación del uso del celular cuando están manejando; incluso enviando o leyendo mensajes de textos, con el riesgo que ello conlleva. No se sabe de multas cobradas por ese concepto.
Las altas velocidades de los autos -sobre todo en Avenida Perón, donde muy pocos respetan los 60 kilómetros de máxima-, las motos que van y vienen por cualquier lado conducidas arriesgadamente, y las bicicletas de adolescentes que se cruzan aventuradamente por delante de los autos, no merecen ningún tipo de sanción.

Sí al cinturón.
Lo que sí hay que aceptar como positivo -nobleza obliga- es que el accionar municipal ha conseguido con su prédica reiterada (y también con multas) que se utilice en mucha mayor medida el cinturón de seguridad. Y eso está muy bien, claro.
Lo que está bien está bien, y se debe admitir. Pero lo que no es aceptado por quienes se manejan en auto es el abuso. El afán recaudatorio es muy evidente, y el accionar de los agentes municipales sólo en mínima medida contribuye a mejorar un tránsito vehicular que sigue siendo caótico y riesgoso.
Todo en su justa medida sería lo más conveniente.

A 15 pesos.
La tarjeta de estacionamiento medido fue incrementada en un 50%, de acuerdo a lo establecido por la Tarifaria vigente. La medida empezó a regir ayer, y lleva el costo de $10 a $15, para el radio en que está establecida la normativa -el sector céntrico de la ciudad-, lo que hará seguramente que muchos más automovilistas estacionen por fuera del circuito determinado. En algunos lugares el estacionamiento rige desde las 8 de la mañana hasta las 13; y por la tarde desde las 16 a las 20. El excesivo celo de los agentes municipales, que salen talonario en mano a labrar actas de infracción, ha retraído a los conductores que prefieren alejarse del centro para evitarlas.