Osvaldo Torres, uno de los canillitas más conocidos

Hace dos días Osvaldo Torres, de 61 años, fue a buscar los 40 diarios que carga desde hace tiempo cada día en su bicicleta roja, desde las 7.30, para distribuirlos a sus 18 clientes antes de apostarse en la entrada de La Anónima y así terminar de venderlos. Pero minutos después de cumplir con esa rutina fue atropellado en el centro por una camioneta, y aunque él no sufrió heridas, su transporte sí.
Este no fue el caso de su hermano, otro canillita -porque vienen de una familia de canillitas-, que hace unos cinco años, haciendo su trabajo, precisamente cuando se dirigía a un domicilio a cobrar, por el barrio Las Artes, fue impactado de atrás por el espejo retrovisor de un transporte de larga distancia, lo que le costó la vida.
En el caso de Osvaldo, en el accidente no sufrió heridas, pero su bicicleta quedó estropeada, de modo que ese día no pudo realizar su trabajo, ni ayer, justamente en el “Día del Canillita”, ni hoy tampoco. De esta manera, Osvaldo pasó el primer Día del Canillita de su larga vida en el oficio, descansado; y se tomó unas involuntarias vacaciones de tres días, hasta que, por lo menos, pueda reparar su transporte.
Osvaldo trabaja todos los días, con frío, lluvia o calor, desde las 6.30 hasta las 13. De lunes a sábado carga aproximadamente 40 diarios en la parte trasera de su bicicleta, mientras que los domingos le calcula unos 60, los cuales vende por completo. Reparte a sus respectivos clientes, y luego va a la entrada de La Anónima, mientras que los días que este local cierra se detiene en la esquina de México y Circunvalación.
Vive en la calle Víctor Lordi, en el Barrio Regazzoli. Comenzó en el oficio muy de chico, y lo dejó a los 29 para involucrarse con la albañilería, pero rápidamente retomó la profesión de repartidor ya que era lo que le gustaba y le dejaba más dinero. “Esto lo voy a hacer hasta que me jubile”, dice y se sonríe.
Cada canillita tiene su zona. Son alrededor de 80 en Santa Rosa, alguno de los cuales recorren más calles que otros, que consiguieron puestos estratégicos para vender sus productos.
Antes, la costumbre era la del canillita en bicicleta que vociferaba bien temprano. Ahora eso se fue perdiendo. “Yo antes gritaba, sí, cuando era más joven, pero ahora no, me quedo en el molde”, cuenta Osvaldo.
Los canillitas viven una crisis dentro de otra crisis. Transitan, invariablemente, la caída de las ventas de los diarios, es decir, de la prensa escrita por el avance de la tecnología. Y, como es sabido, la crisis económica por la caída de la actividad y la alta inflación.
“Antes, hace como unos 10 años, yo salía por la calle y vendía alrededor de 130 diarios por día. Ahora solo puedo vender 40 los días comunes, y los domingos que son los mejores días como siempre, aproximadamente 60”, explica Osvaldo.

Día del Canillita.
Todos los 7 de noviembre, desde 1947, se conmemora el Día de Canillita, en honor a la muerte de Florencio Sánchez, el escritor uruguayo que retrató este oficio en una prestigiosa obra de teatro denominada “Canillita”, en 1902.
La asociación del término nace del lunfardo. Proviene de la denominación latín de caña. Fue acuñada para referenciar a la tibia, el extenso hueso que conecta las articulaciones del tobillo y la rodilla, ya que esa parte quedaba expuesta en los vendedores de diarios.