“Quiero una casa donde vivir”

¿QUIEN ES MAS CIEGO?

María Cristina Torres es una vecina de Toay que atraviesa un muy difícil momento habitacional. Por estos días la mujer se vio obligada a dejar de alquilar un pequeño inmueble ubicado en la calle O’ Higgins de la localidad vecina debido a que no puede continuar pagando la mensualidad.
A raíz de esta situación se mudó con su hija a una pequeña casita lindera al lugar donde María Cristina alquilaba hasta hace unas semanas. Sin embargo en ese pequeño lugar viven cuatro personas prácticamente hacinadas, con humedad en las paredes y en muy malas condiciones edilicias.
La mujer, de unos 40 años, padece desde hace cinco años una ceguera total provocada por una retinopatía diabética; y pese a que por ello percibe una remuneración de 6.300 pesos gracias a una Pensión por Discapacidad, no puede acceder al alquiler de un inmueble acorde y con las necesidades que su discapacidad requiere.
La demanda habitacional es alta y acceder a una casa es muy difícil; y María Cristina es una de las tantas víctimas de ello, al igual que todas aquellas personas que buscan acceder a una vivienda social en momentos en que la Provincia es discriminada por Nación en el reparto de la construcción de casas sociales.
En este contexto la mujer recibió el sábado a LA ARENA y contó las peripecias que tiene que sortear para poder conseguir una vivienda digna.
“Desde hace cinco años sufro de ceguera; alquilaba donde podía, pero mi pensión no me alcanza para seguir pagando un alquiler”, confió. Como la plata no alcanza la mujer optó por hacer una solicitud a la comuna toayense, con el objetivo de conseguir “un lugar donde vivir”. Pese a sus intentos, y de acuerdo a lo expuesto por ella, “desde la Municipalidad no me dieron soluciones. Aún no he podido lograr que el intendente me dé una audiencia”, aseguró.

Hacinados.
Torres estuvo hasta hace cuatro meses alquilando en la calle O’ Higgins al 200, en Toay. Como no podía continuar pagando la mensualidad se mudó con su hija a una casa pequeña que está prácticamente pegada al lugar donde alquilaba. El inmueble es diminuto, consta de una habitación, un bañito que se llueve por encima del techo de chapa y de una cocina con una símil despensa. Allí viven cuatro personas (a veces cinco) completamente hacinados; y en un pasillito que oficia de cocina y en el que hay una rinconera adonde se guardan enlatados y botellas de aceite, duerme María Cristina sobre su colchón, que fue lo único que pudo meter al inmueble.
Mientras tanto afuera, en el patio, quedaron acomodados otros utensilios, también una cocina, una mesita y una heladera que la semana pasada fueron víctimas de un torrencial chaparrón: “es que me pidieron la casa que alquilaba y tuve que sacar todo, por eso está todo afuera”, explicó.

“No consigo nada”.
La mujer sueña con acceder a una vivienda digna y alquilar ya no es una opción (como quedó dicho, su pensión no le alcanza para un alquiler). Otra imposibilidad es que los intentos de conseguir un lugar donde poder vivir hasta ahora fueron infructuosos. En este sentido dijo: “estuve yendo a la Municipalidad para intentar conseguir una casa, o un terrenito. Pero no consigo nada, voy una vez por semana a tratar de que el intendente me dé una audiencia, pero no lo pude lograr todavía”, confió la mujer y agregó que “al IPAV fui también, porque sé que entregan casas para personas con discapacidad, pero no consigo nada”.
También se refirió a aquellos ejemplos en los que adjudicatarios de viviendas sociales (que también cuentan con casa propia) “las alquilan, cuando en realidad esas casas podrían ser para cualquier persona que la necesita de verdad”, se quejó.
Finalmente sentenció: “sólo pido un lugar donde vivir, se que es difícil, pero me gustaría que puedan solucionarme este problema”.