La pirotecnia le apuntó al público en Jacinto Arauz

FESTEJO CON HERIDOS

La quema del muñeco que simboliza el año que termina, más los fuegos artificiales, pudo tener serias consecuencias tras la falla de una “torta” con decenas de pirotecnia que se aventó sobre la muchedumbre que festejaba la llegada del Año Nuevo en Jacinto Arauz.
Como sucede todos los fines de años, desde hace ya casi 50 años, la mayoría de los habitantes se dan cita en el Pasaje Favaloro pocos minutos antes del que reloj marque el final del año. En ese instante preciso, se inicia la quema del muñeco de unos 2,50 metros relleno de paja ubicado al frente del monumento que recuerda al cardiocirujano René Favaloro.
Más atrás, se ubican los Bomberos Voluntarios, la ambulancia y distintas cajas de pirotecnia que una a una va encendiendo el intendente, Oscar Beilmann. “Algo puede salir mal alguna vez, por eso lo hago yo”, le dijo a esta corresponsalía el jefe comunal.
Y esta vez, algo salió mal. Al encenderse la primera caja, imprevistamente los fuegos artificiales salieron hacia donde estaba ubicada la gente, generándose segundos de incertidumbre y corridas. En una de esas un hombre tropezó y se fracturó un brazo. Algunas personas sufrieron algunas quemaduras (en su mayoría niños), pero ninguna de la gravedad tal que pusiera en peligro su vida.
Tras las primeras palabras, Beilmann dijo que la gente estaba ubicada como siempre, porque nunca hubo problemas. “Nunca nos pasó algo así, pero los fuegos salieron para los costado”, para luego confirmar la existencia de una persona con fractura cuando intentaba escapar del
lugar. Y como si esto fuera poco, uno de los fuegos artificiales dio contra un transformador de luz y enseguida se produjo el corte de energía en todo el pueblo. Fue un susto mayúsculo que pudo terminar de peor manera.

Caso trágico.
Lo ocurrido en Jacinto Arauz trajo a la memoria de los pampeanos el caso de Karen Altamiranda, la niña de la localidad de Toay que falleció después de resultar herida por un artículo pirotécnico en los carnavales toayenses del año 2001. La pequeña, de 10 años, fue alcanzada por un proyectil salido desde el interior del Rey Momo cuando se realizó la quema tradicional del muñeco.
La Justicia responsabilizó del hecho al jefe del Cuerpo de Bomberos Voluntarios, Héctor Rubén Ozán, quien el 11 de abril de 2002 fue condenado a un año de prisión efectiva por el delito de homicidio culposo. Tras varios planteos de su abogado defensor para eludir la prisión, el acusado se profugó durante nueve meses y medio hasta que la Justicia logró capturarlo en enero de 2004.
Al año siguiente, en el fuero civil se condenó a las quince entidades que organizaron aquellos corsos de Toay a indemnizar en 150.000 pesos, más costas, a la familia de Karen.
Aquella madrugada, los organizadores exhibieron en un carro fama el Rey Momo rellenado con cohetes, petardos y bombas de estruendo. Teóricamente la pirotecnia saldría hacia arriba, pero el gigantesco muñeco se cayó cuando le prendieron fuego en la base y la pirotecnia salió en dirección a la muchedumbre.
Los artefactos pirotécnicos hirieron a Karen en la región dorsal, provocándole la muerte, y lesionaron, también, a Néstor Antonio Báez, quien sufrió heridas en la región sacra y
en ambos glúteos.