Volvió para contarlo

(General Pico) – La reconocida modelo Norma Lambrechi presentó el fin de semana en esta ciudad su libro “Alas encadenadas”, en el que narra los abusos sexuales a los que fue sometida por parte de su padrino, durante su infancia en la pequeña localidad de Ojeda. La presentación que estuvo organizada por la escritora local y edil de Cambiemos Propuesta Federal, Olga Liliana Reinoso, se llevó a cabo en las instalaciones de la sede de Utelpa.
En diálogo con LA ARENA, la autora del libro se refirió al abandono que sintió de parte de su familia, y aseguró que volver a La Pampa, fue algo “muy movilizador” para ella.
“Para mí es volver a mis raíces, me fui de acá a los 14 años, y es algo muy movilizador. Me crié en el campo e iba al colegio a Ojeda. El fin de escribir el libro fue porque fue liberador para mí, porque pude contar que yo fui violada desde los 6 a los 11 años por mi padrino”, relató.
“Salía de la escuela y agarraba mi caballo y sabía que tenía que almorzar y después cuando todos dormían la siesta, me tenía que ir al galpón con mi padrino, y todo lo que una pareja hace entre cuatro paredes con el consentimiento del otro, él me lo hacía a mí, y así pasé durante cinco años con una carabina que él se la ponía al costado”, señaló.
“Eso me trajo muchos trastornos. La gente me dice que soy bárbara, que no tengo dramas, pero hago todo ese ‘circo’ para tomar distancia y que nadie me moleste, por eso me cuesta conseguir pareja, por eso el hombre siempre me dejaba, porque no era verdadera, no era yo, siempre estaba con miedo”.

Abandono familiar.
La modelo bonaerense que transitó su infancia en el norte pampeano, dijo que recién a los 30 años pudo contar el calvario que significó haber sido violada durante su niñez, cuando lo habló con su ex pareja, quien la impulsó a iniciar la terapia.
“Ahí abrí mi mochila de tantos años y tuve que empezar la terapia, tuve intentos de suicidios, me daba lo mismo vivir que no vivir. El mensaje que quiero dar es a los padres, que estén siempre atentos, que al hijo se lo escuche. A mí no me registraban, salía de ese galpón y corría a lavarme la boca con jabón blanco, y no sé si no pudieron, si no se dieron cuenta, qué es lo que pasó con mis padres. Estuve mucho tiempo enojada con ellos, pero fui al cementerio, lloré mucho y les dije que los perdonaba”, subrayó.
Lambechi dijo que la “persona violada siempre siente el abandono”, y ahondó en la relación con sus padres. “Fui abandonada de los 6 a los 11 años por mi familia. No se daban cuenta que yo me hinchaba toda, que repetía los grados, que me la pasaba llorando, que siempre me enfermaba y que vivía encerrada. Yo era la loca, la desubicada, siempre yo me quería escapar del campo, quería irme, pero estoy convencida que fui una elegida, de Dios, de un ángel, llámalo como quieras, porque sé que estoy cumpliendo una misión”, explicó.
“Sé que a mi libro, el Papa Francisco lo va a tener en su mano y no voy a parar hasta tener esa casa de cuarenta habitaciones para cobijar a esas niñas violadas”, sostuvo.

Callar la verdad.
La autora del libro, aseguró que los hechos sufridos es algo que “lo llevas con vos y no te olvidas más”.
“Lo llevás contigo y todavía hay un montón de cosas que no las puedo hacer. Yo todos los días le pido a la luna llena, yo soy una enamorada de la luna, que pueda lograr cumplir ese sueño que es algo muy personal, que lo hace cualquier persona normal que se enamora. No era verdadera en la intimidad con mi pareja, siempre estaba a la defensiva”, manifestó.
También pidió que “los niños lo griten” y refirió que muchos adultos prefieren ocultarlo “para que la familia no se rompa”.
“Ya está podrida la familia, porque están escondiendo algo terrible. Yo me tenía que salvar, pero con seis años, imposible”, indicó.

“Sombra que te persigue”.
Lambrechi dijo que los abusos reiterados a los que fue sometida, son “una sombra que siempre te persigue”, y dio cuenta de las alteraciones que aún están presentes, como el aborrecimiento que siente hacia las palomas y a las lechuzas, porque las relaciona con sonidos y palabras que le decía su padrino cuando la violaba.
Por último refirió que pretende “ayudar a todos los niños del mundo” y que quiere creer una casa donde albergar a niñas víctimas de abusos sexuales.
“Soy como una hormiga, salgo todos los días a trabajar y todos los días me encuentro con una niña para hablar del tema, pero no tengo las herramientas para decir, esa casa la puedo tener. Necesito que me ayuden y que los jueces piensen con el corazón y no con el bolsillo”, indicó.
“La vez pasada me peleé con un juez que había soltado a un violador porque hacía nueve años que lo tenía preso y había tenido buena conducta. Le dije que se portó bien porque no le puso adelante una niña durante dos horas, porque vuelve a violar. El violador no se cura, y siempre es del entorno familiar. A mí me decían, tu padrino se vino de Buenos Aires a verte, anda que quiere cazar palomas, tenía que ir, y no se daban cuenta de lo que pasaba”, finalizó.

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