Centrales obreras ante la alternativa que incomoda

Señor Director:
La marejada de despidos producida por el gobierno nacional ha provocado que la dirigencia de las cinco centrales en que se halla dividido el movimiento obrero, acorten distancias y acuerden acciones de protesta en común para resistir efectos de las políticas económicas que se están aplicando.
Habrá quién se pregunte si esa dirigencia ha reflexionado sobre su comportamiento, causa de las divisiones formales todavía vigentes. Tres de estas centrales se mostraron hostiles con el gobierno anterior y puede creerse que influyeron en el resultado de la elección general. La misma pregunta le viene siendo formulada a la conducción del anterior gobierno, puesto que en algo debe haber errado para que se consumara una derrota poco o nada esperada para esta oportunidad. El actual desgranamiento del sector de origen peronista que fue nuclear en el periodo llamado kirchnerista también está dando cuenta de problemas internos que no fueron abordados o no pudieron ser resueltos.
Las derrotas tienen más de una causa y las primeras que se deben considerar incluyen los aciertos ajenos y los errores propios, sin creer que necesariamente éstos han sido todo lo determinante. El cambio de gobierno, que es de un reemplazo profundo, corresponde a un proceso que se está dando en todo occidente, donde se desarrollan expresiones de una tendencia dominante que tiene un signo fuertemente conservador y la orientación económica denominada neoliberalismo.
Esta tendencia política dominante puede verse expresada por lo sucedido en Paraguay y actualmente por las situaciones comprometidas de los gobiernos de Brasil y Venezuela, y también en Bolivia y Ecuador. Cuando se dan estos fenómenos es que hay una causalidad compartida en sus efectos. Obsérvese las similitudes visibles tanto en Argentina como en Grecia como consecuencia de problemas de endeudamiento no resueltos y manipulados para que se acompasen con la línea y el interés de las potencias dominantes, que en occidente son los Estados Unidos y Alemania. O se puede ver el proceso político francés con un gobierno de signo socialista, según la trayectoria de sus dirigentes principales, pero que abandona objetivos tradicionales porque entiende que no puede sostenerlos sin generar situaciones críticas.
Si se medita este estado de cosas desde una perspectiva histórica se puede apreciar -al menos, así lo aprecio- que existen antecedentes de predominio de las líneas conservadora o progresista que se dan en el mundo con cierta sincronía. Además, es muy visible que la interdependencia, que ahora se usa llamar globalización, ha realizado avances muy determinantes y que, si bien se trata de un fenómeno complejo, con aspectos que se pueden llamar positivos o negativos según desde qué expectativas se los contemple, lo dominante es el liderazgo del poder financiero que comenzó por instalarse y predominar en el seno de las potencias mayores, sin excluir a las orientales. En suma (aunque sólo queda insinuada aquí una manera de explicar la actualidad mundial), lo cierto es que lo que pasa en la Argentina se acompasa con los factores que dominan actualmente en el plano internacional.
Lo constante es si la posibilidad de vivir sin apremios extremos, con trabajo e ingresos suficientes y con las libertades básicas necesarias para que las alternativas se expresen, crece o disminuye en cada país. Tal es la pregunta que deben hacerse las dirigencias de las centrales obreras y si, en las actuales condiciones, diferentes a las de los últimos doce años, han de querer y poder jugar el papel necesario para que los mejoramientos sociales (inclusivos) y los avances hacia una economía nacional mejor integrada sean resguardados o si se destruirán hasta generar un estado de cosas intolerable. Lo que está a prueba hoy es la calidad de la dirigencia, no solamente la obrera.
Atentamente:
Jotavé