El aviso del gobernador

El gobierno nacional salió a buscar el apoyo de los gobernadores peronistas para asegurarse en el Congreso la aprobación del Presupuesto 2019 y, de paso, no asumir en soledad el costo político por el duro ajuste que impone el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Frente a un panorama complejo en el PJ con varios mandatarios dispuestos a seguir inclinándose ante el macrismo -a cambio de la consabida asistencia financiera- sobresalió la postura del gobernador pampeano que rechazó de cuajo ese camino. “Yo no apoyo la profundización del ajuste”, fue la breve pero contundente definición que se acaba de conocer y que planta una pica tanto hacia adentro del disperso peronismo nacional como hacia el campo de las relaciones entre el gobierno central y las provincias.
Este pronunciamiento tiene lugar en un marco que merece atención. Semanas atrás había trascendido que el jefe del gobierno pampeano puede tener posibilidades de integrar una fórmula presidencial para octubre de 2019. Muy poco después el ex gobernador y titular del PJ local, Rubén Marín, fue designado para encabezar la comisión del peronismo nacional que busca avanzar en la tan ansiada como dificultosa unidad de ese espacio político. Y a las pocas horas aterrizó en Santa Rosa el líder del Frente Renovador, Sergio Massa, para reunirse con Carlos Verna y elogiar su desempeño. Se suele decir que en política no hay coincidencias, pero lo cierto es que son demasiados hechos de trascendencia política en muy poco tiempo y en una provincia “pequeña” que no suele tener demasiado protagonismo en el escenario nacional.
Que en este contexto el gobernador pampeano salga a posicionarse tempranamente de cara a todo el país y avisar que no respaldará el ajuste que proponen el macrismo y el FMI constituye un hecho inusual. Verna nunca fue un hombre de apresuramientos; antes bien, su larga carrera política lo mostró siempre muy cuidadoso en el manejo de los tiempos a la hora de las decisiones. Pero además esta jugada tiene un fuerte contenido de cara a la política nacional; y por partida doble. Porque si bien octubre de 2019 es una meta electoral que preocupa y mucho dentro de la ancha avenida del PJ, la pelea política frente al duro ajuste que se descargará -en realidad, ya comenzó a descargarse- con el respaldo del gendarme de las finanzas mundiales tendrá condimentos propios y no solo en el plano económico o el de las relaciones puerto-interior.
El peronismo “racional”, de buenos modales y que se desvive por un trato amable de la prensa oficialista porteña, habla de “acompañar” al gobierno nacional aunque ello signifique grandes penurias para las mayorías populares. El perfil conservador de los gobernadores y dirigentes del PJ que defienden esa postura les ahorra problemas de conciencia y, de paso, les reditúa económicamente. (En realidad migajas para apenas sobrevivir en sus feudos). Pero hay otro sector que plantea no acompañar el ajuste -con diversos grados de firmeza opositora, es cierto- y que viene leyendo con más atención el fuerte rechazo que provocó en la sociedad este regreso al FMI. Todas las encuestas lo reflejan, incluso las de los consultores más cercanos al macrismo.
No se necesita demasiada inteligencia para saber que el ajuste que plantea el gobierno será extremadamente duro y generará fuertes respuestas en el campo gremial, social y hasta empresarial. Alguna parte de los socios radicales de Cambiemos que aún mantienen cierto nivel de autonomía lo advierten no sin preocupación. Que el macrismo apueste a no jugar solo este partido y a sumar aliados aparece como una jugada hábil. Quizás fue eso lo que percibió el gobernador pampeano y lo decidió a madrugar y plantar bandera. Una forma de decir que no todo el PJ está rendido bajo el imperio del “látigo y la billetera”. Y que hay lugar para un espacio opositor que no va a quedar vacío.