Inicio Opinion Fortalezas y debilidades de Cristina, a la luz de su libro

Fortalezas y debilidades de Cristina, a la luz de su libro

"SINCERAMENTE", A CASI UN MES DE SU PRESENTACION

Nunca es bueno hablar bien ni mal de un libro sin haberlo leído completamente. Ahora sí, luego de recorrer detenidamente sus 594 páginas, puedo opinar.
SERGIO ORTIZ
Esta no es una crítica literaria sino una valoración política con opinión sobre el libro en sí. La impresión es positiva, porque está bien escrito y trasunta sinceramente las características y sentimientos de la dos veces expresidenta de la Nación.
Es un texto político, sobre la historia reciente y actual del país, y por eso muy atrayente e interesante. En su redacción tiene sus imperfecciones. Quizás el apuro de presentarlo el 9 de mayo pasado explique algunas reiteraciones o imprecisiones.
Entre las primeras, anoté que en seis oportunidades dice «mi Dios», para remarcar una conclusión, y en tres reitera «más claro, agua». Quizás con una relectura podría haber quitado las reiteraciones.
Entre las inexactitudes, vi que en dos ocasiones (págs. 59 y 280) afirma que fueron 30 los muertos el 19 y 20 de diciembre de 2001 en alrededores de Plaza de Mayo. Error. En ese lugar fueron asesinados 5, un sexto murió en el Congreso y en total en el país fueron 39 las víctimas de balas policiales con Estado de Sitio del que se tuvo que ir en helicóptero. La autora reconoce que la irrupción de Néstor Kirchner se debió en gran medida a la crisis detonada en diciembre de 2001 que reventó el armado tradicional. Entonces debería saber con precisión cuántas vidas costó el Argentinazo.

Lo positivo.
El macrismo, Clarín y la derecha política, empresaria y judicial recibió de muy mala gana la novedad editorial. Sabía que la autora iba a defender su obra de gobierno y a cuestionar lo que se viene haciendo desde 2015, dejándolos muy mal parados.
Las notas de Clarín y los comentarios de Luis Majul en 4D por América, descalificaban al texto y a quien lo había escrito. La preocupación de esos medios monopólicos se basaba en una presunción: el libro los fulmina como manipuladores de la opinión pública y grandes hacedores de la seudo revolución de la alegría.
«Sinceramente» reivindica en general los doce años K y cita ejemplos como los 5 millones de puestos de trabajo generados y 2 millones de jubilaciones; el medio millón de casas construidas y 600.000 reparadas; la Asignación Universal por Hijo percibida por 3.6 millones de chicos que debían ir a clases y vacunarse. No fue un «relato», como impugnaban quienes trabajaban políticamente para la restauración conservadora y neoliberal.
Cristina destaca como sus dos logros más importantes la recuperación de los fondos previsionales para la Anses, de manos de las AFJP, el 20 de noviembre de 2008 con la ley 26425, y la nacionalización de YPF, el 3 de mayo de 2012. Fueron trascendentes por la importancia política y económica, y por las consecuencias benéficas para la población, más allá de si se trataba de jubilados actuales o futuros, o de habitantes de provincias petroleras o no.

Los déficits.
Como nadie es perfecto, faltó una autocrítica en YPF, donde se designó como titular a Miguel Galuccio, a quien presenta como «un ingeniero experto en petróleo que trabajaba en una importantísima empresa internacional de servicios petroleros». Cristina reivindica que «durante su gestión se lograron importantes inversiones extranjeras con las petroleras internacionales Chevron, Wintershall y Petronas» (pág. 309).
Recuperar el control de la petrolera estatal fue un acto buenísimo, no así la designación del exCEO de la británica Schlumberger. De parecido modo, fue un acierto la creación del Ministerio de Ciencia en el 2007, coherente con los avances en Arsat, los dos satélites en órbita, la repatriación de científicos, mayores fondos para el Conicet, Conectar Igualdad, etc. Al mismo tiempo fue horrible que se pusiera como ministro a Lino Barañao, el único que siguió en funciones con Mauricio Macri.
Otros emprendimientos que la autora presenta como magníficos, se prestan a otra lectura y opinión. Ella se vanagloria de que Néstor pagó toda la deuda con el FMI, por 9.500 millones de dólares, en diciembre de 2005. Y que a partir de 2007 su administración pagó deuda externa por 27.057 millones de dólares, además de abonar en 2014 al Club de París 9.690 millones de dólares y a Repsol 5.000 millones.
Esos gestos de buenos pagadores, que se manifiestan ahora de cara a las elecciones de octubre, apuntaban a una reconciliación para llegar a 2015 en mejor convivencia con el capital financiero internacional. Quizás su idea era renegociar con ese sector, para atraerlos o al menos neutralizarlos en medio de la pugna con el juez Thomas Griesa y los fondos buitres. Todos saben cómo terminó esa historia. Hubo fallos adversos a la Argentina, a pesar de la reunión de la ONU donde 124 países votaron la moción argentina para definir nuevas pautas internacionales que evitaran juicios como los de Paul Singer. EE.UU., del supuesto amigo Barack Obama, votó en contra.
Cristina se pregunta, «¿fuimos ingenuos? ¿Cómo pudimos creer que la derecha y el neoliberalismo son democráticos?».

Poco de Alberto.
Creía que iba a encontrar más referencias a Alberto Fernández, quien nueve días después de presentado el ejemplar se supo era el designado presidenciable.
Decepción. Apenas tres cortas menciones. Que en 2003, antes de asumir, Kirchner no quiso reunirse con Anoop Singh, del FMI, y lo mandó a Alberto. Que en 2006 estuvo en Olivos junto a ella y Néstor recibiendo la visita de Héctor Magnetto y Jorge Rendo, de Clarín, y que antes AF se había reunido con Rendo, quien le pidió explicaciones de por qué Cristina estaba enojada (pág. 541). Y que «AF siempre me criticó mucho por haber elegido a Amado como vicepresidente» (pág. 276).
Gusto a poco en relación al vínculo con quien fue su jefe de Gabinete hasta la derrota frente a la Patria Sojera y los piquetes de la abundancia.
Uno no quiere ser malo, pero de la lectura surgió una gran diferencia política actual entre ambos Fernández, en relación a lo que fue la ley de medios 26552 y sobre todo cómo encarar en el futuro la conflictiva relación con Clarín.
En el reportaje que Alberto F. dio a Martín Piqué en Tiempo Argentino (26/5) se afirmó que fue un error de aquella norma otorgar el 30 por ciento del espectro a las organizaciones sin fines de lucro, porque «la comunicación es un negocio». Eso choca de frente con el libro, que en varias páginas reivindica la ley de servicios audiovisuales, los 21 puntos de la Coalición, los foros regionales y los 200 aportes al proyecto.

«Clarín miente».
Cristina pone en boca de Néstor el «Clarín miente» citando un reportaje que le hizo la televisión pública. El cronista no lo recordaba; creía que esa consigna era anónima, de abajo, y que el copyright K era el conocido en 2009 «¿estás nerviosho, Clarín?».
De «Sinceramente» queda claro que la batalla contra el monopolio de Magnetto ocupó gran parte de sus dos gobiernos, más allá de ese almuerzo en Olivos de 2006 y otras referencias suyas, como que Néstor no quería el Fútbol para Todos porque tenía expectativa de recomponer el vínculo con Clarín.
Los medios concentrados fueron claves en el lock out patronal de 2008 y la presentación del suicidio de Alberto Nisman como un crimen por encargo de la presidenta, pasando por el fogoneo de los cacerolazos, los 5 paros por ganancias, las falsas denuncias de corrupción de los Kirchner, la causa por el Memorando con Irán, etc.
Este cronista contó 35 menciones muy críticas de CFK al accionar destituyente de Clarinete y de articulación con la campaña macrista entre 2015 y nuestros días. Ella no dejó pasar el rol de Daniel Santoro en la asociación ilícita que investiga el juez Alejo Ramos Padilla, amén de recordar la falsa denuncia del periodista estrella del trust contra Máximo Kirchner y Nilda Garré por supuestas cuentas en el banco Felton de Delaware, una mentira total.
Llegado a ese punto de la lectura se entiende el temor de Majul, Morales Solá y la escudería de Magnetto de que un eventual gobierno de Cristina pudiera cuestionarlos a fondo. ¿Podrá hacerlo como vicepresidenta? ¿Cómo se llevará en ese caso con AF que dio por cerrada esa guerra y considera «soldados locos japoneses» a quienes quieran seguirla después de finalizada?