Inicio Opinion La basura obliga a no perder tiempo

La basura obliga a no perder tiempo

A mitad del siglo pasado los «naturalistas» -hoy conocidos como «ecologistas»- lanzaron la voz de alarma por una consecuencia inesperada del progreso técnico-científico y la masificación del consumo: la producción de basura a gran escala. Desde entonces el problema no ha parado de crecer.
El actual gobierno nacional derogó recientemente un decreto del macrismo que habilitaba la importación de residuos, una humillante capitulación que nos ubicaba entre los países más pobres y sometidos que aceptan el rol de basureros del primer mundo.
La sociedad capitalista lanzada al hiperconsumo se ha visto obligada a tomar decisiones en lo que se ha dado en llamar «las cinco erres»: reutilizar, reducir, reparar, reciclar y rechazar. Ese planteo se está imponiendo en virtud de un cálculo inquietante: sin considerar la fracción orgánica, en promedio se estima la producción de basura en un kilo diario por persona.
La estadística indica que en Argentina se generan unas 45.000 toneladas diarias de residuos sólidos urbanos. Además de metales, vidrio y textiles las proporciones aproximadas son: 40% de material orgánico, 14% de papel y cartón y 13% de plásticos; si bien estos últimos aparecen con menor volumen son muy peligrosos por su lenta degradación y por la ingestión por parte de los animales, especialmente marinos. Según datos oficiales en el país existen cinco mil basurales a cielo abierto para un total de 2.500 municipios, lo cual habla de la magnitud del problema.
Nuestra provincia no está ajena a la nueva orientación en el tratamiento de los desechos. Durante décadas primó entre nosotros el llamado eufemísticamente «relleno sanitario», que no es otra cosa que el cubrimiento de la basura con tierra -y en algunos casos su incineración- sin tener en cuenta la diversidad de materiales que van a parar a esos depósitos, hoy considerados anacrónicos.
En la actualidad son varios los municipios pampeanos que vienen abordando el problema. Muchos ya comenzaron con la elemental tarea de separación domiciliaria de los desechos, una metodología sencilla de implementar pero que ha dejado de practicarse en la propia capital provincial cuando hace una década se había dado inicio al sistema. Por estos días, en Eduardo Castex la intendenta proyecta la implementación de un programa de tratamiento integral de la basura que comenzará con una campaña de concientización para dar inicio a la separación domiciliaria de residuos. La municipalidad castense pretende instalar esa acción en el marco del Plan de Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos (GIRSU) presentado en marzo por el gobierno provincial con la intención de erradicar los basurales a cielo abierto y convertir los residuos en fuente de energía en 45 localidades pampeanas.
Winifreda, Metileo, Santa Teresa, La Adela e Ingeniero Luiggi son otras comunas que en los últimos meses fueron noticia en virtud de sus avances en la materia. También los municipios de General Acha y General Pico han dado ya los pasos iniciales para racionalizar la actividad. La ciudad norteña tiene desde hace tiempo una recolección selectiva de residuos domiciliarios mientras que los achenses han comenzado a poner en marcha una acción de selección, empaquetamiento y traslado de la basura.
Todos estos avances, todavía modestos, implican una tarea de concientización social porque sin la colaboración activa de la población es imposible obtener buenos resultados. Un párrafo aparte merecen los envases de agrotóxicos que generaran un arduo debate el último verano. Es un problema arduo por su alto potencial contaminante aunque las últimas noticias parecen indicar que se están dando pasos positivos. De todos modos el Estado debe mantener sus sabuesos alertas porque los niveles de conciencia no se desarrollan de un día para el otro.