Los tamberos están exhaustos

Las múltiples manifestaciones que tiene la crisis económica -a la que el gobierno nacional prefiere calificar con el eufemismo de “tormenta”- cobran relieve en nuestra provincia con el cierre de numerosos tambos de pequeña y mediana envergadura. Las causas de la desaparición de esos establecimientos (algunos de ellos dotados con avances tecnológicos) son múltiples pero, a excepción de la renovación generacional, casi todas ellas tienen origen en la política económica del macrismo, especialmente el muy bajo precio de la leche que se paga a los pequeños productores. Ellos son el eslabón más débil de una cadena que culmina en los supermercados, donde el producto se vende a un precio muy superior, por no hablar de los derivados. “De seguir así nos vamos a quedar sin leche”: esa expresión de los tamberos, que sonaba exagerado en un principio, pareciera que va camino a concretarse.
Durante muchos años en La Pampa, con esfuerzo de productores y eventuales apoyos de los gobiernos, se habían concretado pequeñas y medianas cuencas lecheras. Unos 200 tambos funcionaban no solamente como proveedores sino también como dinamizadoras de la economía. Pero ahora, con la fuerte caída de la rentabilidad, el panorama ha cambiado drásticamente y unas treinta unidades han optado por abandonar la actividad.
Por cierto que esta situación negativa no concierne solamente a La Pampa sino también a las demás provincias productoras de leche, pero los reclamos colectivos no han tenido resultados ante la indiferencia de un gobierno nacional que desdeña, y de hecho reduce, el mercado interno. Las variaciones climáticas, con un sensible aumento de las lluvias y el consecuente deterioro de la infraestructura, también han contribuido a dar forma a este alarmante contexto. Es un espectáculo triste ver que el trabajo de tantos años, traducido en animales de excelentes condiciones productivas, obliga a venderlos para otros fines o, en el mejor de los casos, cederlos en arriendo a establecimientos económicamente más sólidos y que pueden afrontar en mejores condiciones la crisis.
La considerable caída en la producción de leche y su precio prohibitivo para los bolsillos populares tienen, también, dos consecuencias muy negativas: la primera de ellas es el retaceo del producto a un número creciente de niños y niñas, para quienes ese alimento es fundamental en cuanto al desarrollo en la etapa de crecimiento; la otra, más inmediata y perceptible, la constituye el desempleo que genera el cierre de los tambos, tanto en el nivel de las explotaciones familiares como en los trabajadores dependientes.
La situación viene empeorando sin que se adviertan cambios en las políticas económicas. Un año atrás un productor expresaba a este diario que las autoridades nacionales “van a tener que pagar lo que se reclama” porque, de lo contrario, “no habrá manera de salir de la crisis” que afecta a este sector de la producción primaria.”Tenemos tantas reuniones encima y nunca hemos llegado a nada. No podemos seguir trabajando de esta forma”. La realidad demuestra que en el tiempo transcurrido nada ha mejorado.