Obscenos negociados en el fútbol mundial

El megaescándalo que desató la detención, por parte de la policía suiza, de siete altos dirigentes de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), se multiplicó en una secuencia de reacciones en todo el mundo, incluida América y especialmente nuestro país y Brasil, donde aparecen implicados muy notorios personajes ligados a la actividad. Los detenidos son ejemplos cabales de ese grupo de septuagenarios y octogenarios que manejan el fútbol mundial. Y que no frenan sus ambiciones ni siquiera ante el delito.
En realidad la investigación judicial, que recién comienza, vino a confirmar un secreto a voces: que el mayor organismo del fútbol mundial -que mueve miles de millones de dólares- está enfermo de corrupción y no escapa a las reglas más crudas del mundo capitalista: la ganancia manda por encima de todo, incluso de la ética. El pago de sobornos y el lavado de dinero se volvieron operaciones habituales para que el “negocio” siga prosperando en beneficio de unos pocos privilegiados.
Las denuncias de corrupción en la FIFA no son recientes. Alguna vez tuvieron un eco mundial parecido al de estos días, especialmente cuando las promovía una figura popular como Diego Maradona en el apogeo de su fama. Pero carecían de la contundencia de una investigación judicial como la que ahora puso en marcha una fiscal norteamericana.
La bomba explotó en vísperas de la elección de las autoridades de la FIFA. Pero el terremoto ni siquiera inmutó a los dirigentes que se salvaron (por ahora) de las investigaciones y la cárcel. La ceremonia tuvo lugar y el máximo dirigente de la entidad, el suizo Joseph Blatter, fue reelecto por quinta vez, absolutamente inmune al incendio que envuelve a todo ese circo internacional. Hasta las grandes empresas patrocinadoras se mostraron preocupadas por el escándalo y las consecuencias en su propia imagen. Pero las cuentas bancarias de la FIFA están en plena forma con reservas de 1500 millones de dólares y no hay malestar que no tenga su precio.
El escándalo involucra, y mucho, a no pocos argentinos. Hay tres empresarios prófugos buscados por Interpol y la sede de la AFA fue allanada. La AFIP comenzó a actuar ante la evidencia de lavado de dinero, evasión tributaria y asociación ilícita fiscal. Uno de esos empresarios es propietario de una gran empresa televisiva que estuvo mucho tiempo aliada al Grupo Clarín durante los años en que se apoderaron de las transmisiones del fútbol profesional y ese manejo espurio les permitió adueñarse de infinidad de pequeños cableoperadores del interior del país para armar la enorme estructura oligopólica que hoy posee y no quiere desarmar a pesar de las exigencias de la nueva Ley de Medios Audiovisuales.
Otro que ha quedado profundamente herido es el nombre del fallecido Julio Grondona, mandamás de la Asociación del Fútbol Argentino y conspicuo miembro de la FIFA durante décadas. Según advirtió un periodista deportivo, él fue quien mejor definió en vida, con una franqueza brutal, el ambiente hipócrita y mercantilizado que reina en la FIFA: “Aquí -dijo ante testigos- un voto vale cinco millones de dólares”.