Otro cambio: vuelve el FMI

El regreso de las misiones del Fondo Monetario Internacional es otra de las “sorpresas” de Cambiemos. El organismo financiero que monitorea los gobiernos de todo el mundo (menos los centrales que son los que dominan su directorio y envían las misiones a los países periféricos como el nuestro) vuelve luego de diez años de no pisar suelo argentino bajo el kirchnerismo a partir del proceso de reestructuración de deuda más grande que un país haya realizado.
El regreso es celebrado por todo el establishment: bancos, grandes empresarios, funcionarios y dirigentes macristas, periodistas de los grandes medios, usinas de ideas de la derecha, en fin, los grandes ganadores del “cambio” que llegó a la Argentina en diciembre pasado.
Aquel enorme esfuerzo económico que realizó toda la sociedad para sacarse de encima la tutela del FMI es menospreciado por los adalides criollos del neoliberalismo deseosos de volver a alinear al país con las potencias occidentales y su dogma económico. “Hay que volver al mundo”, es el eslogan que repiten hasta el cansancio, aunque el significado real que disfrazan esas palabras es: “hay que arrodillarse otra vez ante los poderosos del mundo”. La maquinaria propagandística del gobierno que cuenta entre sus aliados con las corporaciones mediáticas más grandes contribuye a generar un efecto anestesiante en buena parte de la población.
Hoy son pocos los que recuerdan las nefastas consecuencias de aquella sumisión del país a los dictados fondomonetaristas que se vivieron hasta los primeros años de este siglo. Sus recetas recesivas, sus recordadas propuestas de “ajuste” perpetuo de la economía indiferentes a los altos costos sociales no está en la boca de los analistas televisivos que abundan en las pantallas de los grandes multimedios. Ni siquiera se recuerda aquella célebre “autocrítica” del propio FMI que debió realizar cuando quedó tan mal parado por las grandes crisis económicas que sufrieron los países que siguieron sus instrucciones, y que no fueron anticipadas ni previstas por sus tecnócratas. Las recetas del FMI fueron las causantes de aquellos gigantescos descalabros a escala global que arrasaron las sociedades de tantos países, entre ellos, desde luego, el nuestro.
Hoy los periodistas estrella que opinan en los medios hegemónicos parecen atacados por una epidemia de amnesia. Ninguno de ellos menciona que la mayor catástrofe económica que vivió nuestro país, en 2001, fue producto de la ciega obediencia al organismo financiero que, durante el gobierno de la Alianza delarruísta, defendió y promovió el megacanje y el blindaje. Ambos mecanismos de renegociación de la deuda externa implicaron un enorme fraude a la sociedad argentina. El país sumó casi 50 mil millones de dólares a su endeudamiento, los bancos intermediarios cobraron comisiones obscenas y los sectores populares se empobrecieron a niveles nunca antes vistos. Todavía hoy la justicia investiga a algunos de sus responsables locales como Domingo Cavallo y Federico Sturzenegger, el actual presidente del Banco Central. Claro que lo hace a paso de tortuga y cuidando de no molestar demasiado a esos y otros representantes del poder económico.

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