Pasó Trump y empezó la división entre los árabes

DOMINICALES

El conflicto que ha estallado ahora en Medio Oriente (la zona más caliente del mundo desde hace años) se produce entre naciones árabes musulmanas, cuyas relaciones han sido siempre, de modo muy dominante, determinadas por sus creencias religiosas. Sin embargo, no se trata de un bloque consolidado, porque una grieta tan marcada como la actual de la Antártida, encona a estos países, dividiéndolos entre chiitas y sunitas. Las dos naciones mayores, Irán y Arabia Saudita, tienen esa diferencia: uno es chiita, el otro sunita.
Los cinco países árabes que ahora han roto relaciones con Qatar, acusan a este país de financiar el terrorismo, pero la motivación principal es su buena relación con Irán, con quien comparte la explotación de hidrocarburos en una zona marítima. Otra motivación de la ruptura tiene que ver con que Qatar, siendo el más pequeño territorialmente, es hoy el país más rico del mundo. Será sede de un mundial de fútbol y ya prepara los estadios, al tiempo que contrata técnicos y lleva jugadores de todo el mundo.
El factor más gravitante en Medio Oriente es el choque político entre Irán e Israel y
no por motivos religiosos. Israel ha desoído a las Naciones Unidas y a los acuerdos en favor de que los árabes reconozcan su independencia a cambio del reconocimiento israelí de una nación jordana. Israel ha destruido la franja de Gaza y aumenta constantemente el número de sus colonos instalados en territorio jordano. Para la actual conducción israelí, la cuestión vital es acrecentar su propio territorio y disipar el sentido nacional de los árabes que pueblan Israel y lo que correspondería a una nueva nación jordana. Los Estados Unidos han respaldado las decisiones sobre dos estados, pero han admitido que Israel actúe en Gaza y aumente sus colonias en Jordania. En lugar de favorecer la relación territorial entre Gaza y la zona jordana, la ha dificultado. Ahora, el presidente Trump ha puesto en blanco este apoyo al gobierno israelí y se ha sumado a las acusaciones contra Irán, dibujando la posibilidad de una guerra de exterminio. Sin embargo, el poder militar de USA puede objetar esta política porque Qatar ha sido y es un aliado y hay allí una importante base aeronáutica norteamericana. La política internacional nunca es de lectura fácil, porque la verdad no es parte necesaria del lenguaje diplomático.

Sorpresa.
Sí, sorpresa en la elección del domingo en el Reino Unidos. Pero sorpresa a medias, porque las encuestadoras, que han afinado sus métodos (luego de una serie de fracasos), avisaron que el laborismo estaba creciendo vigorosamente con la conducción de Jeremy Corbyn y su programa de gobierno. Admitían, incluso, la posibilidad de su triunfo. Y se estuvo cerca de que así sucediese. Una diferencia de veinte puntos en la elección anterior se redujo a dos.
Corbyn ha sabido atraer a una parte de la juventud que había dejado de votar y es posible que haya determinado una renovación del espíritu militante de parte de los sectores laborales.
La realidad política británica es compleja. Se trata de los ingleses, muy mayoritarios, pero también de los galeses, los irlandeses y los escoceses. Lo que la elección parece imponer es una separación de la Unión Europea menos dura de lo que proponía Josefa May, quien quiso ser la nueva Dama de Hierro y ahora hay quien ya la llama Dama de Porcelana.

Sanders.
En los Estados Unidos se ha seguido con justificado interés la elección británica. Se recuerda ahora que el precandidato demócrata Bernie Sanders, senador, que compitió con Hillary Clinton y obtuvo un inesperado apoyo, presentó un proyecto que guarda semejanza con el que ahora exhibió el laborismo británico. Sanders es socialdemócrata y su campaña tomó muy en cuenta algunos de los puntos que fueron de importancia para el triunfo de Trump. Puso de manifiesto que el partido Demócrata no es una unidad ideológica, pero que tiene un ala que mira la realidad de la población asalariada y más pobre.
En Francia el socialismo quedó muy desdibujado en la última elección, pero el ex socialista y más izquierdista Mélanchon hizo buena elección con un programa semejante a los de Sanders y de Corbyn. Algunos avizoran hoy que las viejas banderas del socialismo tienen poder de convocatoria, fenómeno que también hemos podido observar en nuestra región sudamericana. El nuevo secretario general del socialismo español, recientemente electo, parece encaminarse a exhibir un programa de este tipo. El socialismo portugués gobierna desde hace años con sostenida aceptación.
Jotavé