Política petrolera y cambio de gobierno

El gesto de confianza hacia Pampetrol que el miércoles brindó la Legislatura provincial, y por unanimidad, puede ser el inicio de un cambio de rumbo en la política petrolera en nuestra provincia. La jerarquización de la empresa con participación estatal mayoritaria, a través de su incursión directa en la producción de hidrocarburos, es una decisión que merece ser respaldada y seguirse con mucha atención. No es un dato menor que esta determinación cuente con el apoyo de todo el arco político provincial con representación legislativa.
Este paso hay que analizarlo en un escenario nacional e internacional de gran complejidad. El derrumbe extraordinario del precio de los hidrocarburos está sacudiendo muy fuerte a toda la industria, generando tensiones políticas en varias regiones del planeta, una muy marcada retracción en todos los segmentos de la actividad y, como lógica consecuencia en el sistema capitalista, una pérdida global de puestos de trabajo.
Sin embargo, en Argentina, cuyo Estado recuperó el control de su empresa de bandera -vilmente vendida durante el menemismo y maltratada bajo la gestión privada- puede mostrar, no sin esfuerzo, una realidad diferente. YPF sigue aumentando la producción, distanciándose cada vez más a los operadores privados. La razón es sencilla de entender: los hidrocarburos son un bien estratégico para el desarrollo de un país y no una mera mercancía sujeta a los -con frecuencia oscuros- vaivenes del mercado. Si un gobierno no entiende esto va a estar siempre, como una hoja al viento, a merced de decisiones adoptadas en remotos centros de poder.
Los últimos datos de producción revelan que en la vecina provincia de Neuquén esa diferencia entre la actividad productiva de YPF y los privados es cada vez mayor. El dato no es ocioso y debería ser evaluado por las autoridades pampeanas por una razón elemental. Si Pampetrol empieza a participar activamente en la actividad petrolera puede tener en YPF al mejor socio estratégico. No solo por su similar conformación societaria con el Estado como actor privilegiado, sino porque cuenta con la mejor plataforma científica y técnica del país. Esa comunión de objetivos de ambas partes -una en el plano provincial y otra en el nacional- debería ser la base para abrir nuevos horizontes de asociación y complementación.
No va a ser fácil modificar la tipología de Pampetrol. El paso de la actividad burocrática a la productiva puede llegar a ser traumático. Se requiere un perfil de directores, gerentes, profesionales y técnicos altamente idóneos y comprometidos con objetivos de productividad que, por lo general, están ausentes en la administración pública. La reconversión de un organismo con actividad oficinesca en una empresa que debe gestionar y obtener resultados en el competitivo mundo de la producción hidrocarburífera no es sencillo.
Pero en vísperas de un cambio de gobierno cabe la esperanza de que, esta vez, no se deje pasar una nueva oportunidad de demostrar que la generación de empleo calificado y el desarrollo de la actividad industrial deben ser algo más que promesas electorales. Si esta vez no se apuesta en serio, la frustración será inexorable.