Un buen debate que queda trunco

La desafiante expresión del gobernador sobre la reducción del costo que hoy le insume al Estado crear fuentes de empleo se quedará sin respuesta y los pampeanos nos veremos privados de un sano ejercicio de debate relacionado con un tema de enorme trascendencia para nuestra provincia.
La decisión del jefe de gobierno anterior de guardar silencio puede ser interpretada como una forma de no interferir en el inicio de la gestión que lo sucedió. Ese gesto en favor del buen clima político seguramente será agradecido por la ciudadanía, sobre todo después de la belicosa campaña electoral que convirtió al justicialismo en un campo de batalla hasta que llegó la definición inapelable de las urnas. Pero no todo debate debe conducir indefectiblemente a la crispación y los exabruptos. Que mucho de eso haya ocurrido hasta el año pasado no implica que no haya otras vías, otros recursos y otras miras.
El problema de la generación de empleo productivo es uno de los más importantes que afecta a los pampeanos. El modelo de provincia burocrático-pastoril se agotó sin que la dirigencia política -especialmente la justicialista, por ser la que gobernó sin interrupciones desde 1983 hasta hoy- haya podido encontrar alternativas a ese estrecho horizonte de desarrollo socioeconómico. No en vano la promesa electoral más enfática del oficialismo giró en torno de ese eje. El justicialismo era muy consciente de que había acumulado una gran deuda que no había podido saldar en más de tres décadas de gobierno.
Apenas asumió la actual gestión dejó ver que optaba por una política de generación de empleo diferente a la que se venía implementando desde hacía mucho tiempo. La apuesta a la radicación de grandes empresas fue poco menos que la única vía utilizada y la que, por lejos, más recursos económicos del Estado insumió. Pero los fracasos se fueron acumulando al tiempo que se iban multiplicando en el territorio provincial los enormes galpones vacíos de los emprendimientos que duraban muy poco o ni siquiera daban sus primeros pasos. En consecuencia, los dineros aportados por el Estado para promover la radicación de industrias no se materializaban -en muchos casos- en realizaciones sino que terminaban en los meandros de los reclamos administrativos y judiciales a empresarios foráneos que se marchaban dejando un tendal de ilusiones rotas.
El cambio de modelo que comenzó a observarse en estos primeros meses de gestión vernista descansa en el estímulo a micro y pequeños emprendedores con fuerte apoyo gubernamental. Es muy prematuro arriesgar un diagnóstico pues hace falta ver caminar a la nueva criatura. La intención de crear una nueva generación de emprendedores no parece estar equivocada en una provincia que, a causa de su muy limitada matriz económica, no ha sabido ni podido estimular el crecimiento de esos actores imprescindibles para el despegue económico.
¿Será suficiente? ¿Tendrán mercado como para evolucionar? ¿Habrá lugar propicio para otras escalas también? Estas y otras preguntas son las que justifican el debate que hoy, lamentablemente, quedó como asignatura pendiente.