Una foto que dice demasiado

La imagen de la larga cola de postulantes a un puesto de trabajo que capturó el reportero gráfico de LA ARENA y que fuera publicada ayer es una metáfora de los “cambios” que llegaron al país de la mano del nuevo gobierno nacional. En los últimos días abundan las noticias que están en perfecta sintonía con esa escena: despidos y cierre de negocios en la provincia; quejas de funcionarios locales porque los intentos de generar empleo chocan contra de las políticas nacionales. Ayer también este diario publicó el drama que se vive en Eduardo Castex: de cinco a siete ofrecimientos mensuales de puestos de trabajo cayeron a solo tres… y en siete meses.
El Instituto Estadístico de los Trabajadores (IET) reveló que el promedio de la caída salarial fue del 9,9 por ciento desde diciembre último, en tanto una encuesta de Analogías dejó ver que entre el 60 y el 70 por ciento de la población seguirá bajando el consumo en servicios, alimentos, indumentaria, electrodomésticos y viajes. Qué otra cosa que despidos masivos puede provocar semejante caída del consumo popular. Por no hablar de la invasión de productos importados que ahora entran libremente al país gracias a la “inserción al mundo” que tanto propagandiza el gobierno.
En las últimas horas el jefe de gabinete volvió a advertir que el Impuesto a las Ganancias -que el año pasado el macrismo prometió eliminar para los trabajadores- continuará con buena salud hasta el año que viene. Qué contraste esta demora en otorgar un auxilio a los asalariados frente a la celeridad para conceder grandes beneficios (devaluación y quita de retenciones entre otros) que hicieron crecer en forma astronómica las ya elevadas ganancias que percibían sectores tan concentrados como el agroexportador y la banca.
Pero no solo las crecientes colas ante las cada vez más escasas ofertas laborales son una muestra de la dura realidad que hoy viven los trabajadores. En las últimas semanas comenzó a cobrar fuerza una ofensiva para desarticular la legislación laboral que distingue a nuestro país. Fue el propio Presidente de la Nación quien se refirió al tema y nada menos que en su discurso central por el Bicentenario de la Independencia. Quizás envalentonados por ese “permiso”, desde los medios de comunicación más grandes y conservadores del país se lanzó una campaña para lograr lo que se denomina -con un eufemismo nada inocente- “reducir el costo argentino”. En realidad, no es otra cosa que achicar todavía más los salarios y buena parte de los derechos laborales, una vieja aspiración de los sectores más reaccionarios, hoy ensoberbecidos por la llegada mediante el voto popular de un gobierno que representa cabalmente sus intereses de clase.
En su insaciable avidez desean aprovechar esta oportunidad para lograr lo que siempre desearon: reducir los salarios y las condiciones de trabajo de los argentinos a los niveles paupérrimos que ya existen en países de la región como México, Colombia, Chile o Perú, que son, no casualmente, los principales socios de Estados Unidos en la Alianza del Pacífico y los que más visita el Presidente de la Nación.