Van por Lula y por Cristina

Juan Manuel Karg – América Latina transita un inicio de 2016 bien diferente a lo acontecido en la región en la última década y media. Algunos analistas hablan de “restauración conservadora” mientras que otros de un supuesto “fin de ciclo” de los gobiernos posneoliberales. Ambas lecturas coinciden en que la época de apogeo de los gobiernos progresistas ha dado paso a otro momento, de mayor convulsión y confrontación entre dos proyectos disímiles, opuestos. La disputa no está saldada: sólo Mauricio Macri ha accedido al gobierno, algo que aún no han podido concretar ni Henrique Capriles (Venezuela), ni Aécio Neves (Brasil), ni Mauricio Rodas (Ecuador), ni Samuel Doria Medina (Bolivia). Por ende, aún el “balance” es favorable para las fuerzas progresistas.
En ese contexto, hay dos figuras que tienen un enorme carisma a pesar de los embates de los medios concentrados de sus países: Luiz Inácio “Lula” Da Silva y Cristina Fernández de Kirchner. Ambos se han ido con una alta popularidad, como en su momento le sucedió a Michelle Bachelet, quien retornó a la brevedad a la Casa de la Moneda. Es decir: son figuras que aún conservan buenas chances para volver a gobernar sus países. Esta es la razón principal que explica el recrudecimiento de los ataques mediáticos, que pregonan un avance del ámbito judicial.
Apunten sobre CFK.
El periodista Horacio Verbitsky alertó sobre el plan del macrismo: dar vía libre a sectores adictos de la justicia para avanzar sobre CFK, buscando el descrédito de la ex presidenta. “El modelo es el ’55, con la exhibición de vestidos y zapatos en la residencia presidencial, las comisiones investigadoras que ocuparon el lugar del clausurado Congreso, y la ilusión de borrar al tirano depuesto de la memoria popular, presentándolo como un ladrón de los dineros del pueblo”, dijo el periodista.
El plan actual cierra con un blindaje mediático inédito sobre el actual presidente argentino y sus primeras medidas: devaluación, masivos despidos en el Estado, decenas de DNU sin pasar por el Congreso, un plan de endeudamiento externo firmado por los propios autores del Megacanje, y represión a los reclamos. Una batería de medidas impopulares que solo podrán prosperar con una oposición fragmentada, de líderes dispersos: hacía allí apunta el poder de turno, intentando romper un frente que debería confluir con otros sectores para volver a la Casa Rosada.

Lula en la mira.
En Brasil el panorama es similar, aunque allí aún gobierna el Partido de los Trabajadores, que aparece amenazado por dos vías. El intento de “impeachment” contra Dilma Rouseff y los planes de avanzar judicialmente sobre el ex presidente Lula. En este último punto, hay una similitud con el objetivo que, de acuerdo a Verbitsky, planea Macri. Tanto el establishment brasileño como el nuevo gobierno argentino saben que, frente a las medidas antipopulares, la única alternativa es descabezar los liderazgos populares. Tratarán de evitar, como sea, que Lula y CFK se presenten a las presidenciales de 2018 y 2019. El ex líder metalúrgico sufre el hostigamiento permanente los principales periódicos y revistas del país, que buscan erosionar su imagen aún a costa de mentir. De ambos lados de la frontera los medios corporativos descargan su furia contra estos dos ex presidentes.

Evo también juega.
¿Cuál es el temor principal de la derecha regional? Que el supuesto “fin de ciclo” no se verifique en otros países. Que pase rápido la “primavera” que para estas fuerzas supone la seguidilla Argentina-Venezuela. La elección de Bolivia, entonces, concitará la atención continental: un triunfo de Evo quebraría la novedosa racha, mientras una derrota completaría la trilogía conservadora. Habrá que ver la intensidad y los tiempos. Y si el tiro no sale por la culata, como advierte el asesor Jaime Duran Barba, quien pone paños fríos a la idea analizando la historia del peronismo y su gran influencia en los trabajadores.
Pero la decisión está tomada: van por Lula y por Cristina. (Rebelión).