Casi el 80% de los hogares argentinos pertenece a las clases baja y media baja
El ingreso promedio de los hogares argentinos llegó a $2,8 millones mensuales netos durante el primer trimestre de 2026, aunque la cifra refleja principalmente la situación de los sectores con mayores recursos y no la realidad de la mayoría de las familias. De acuerdo con un informe de la Fundación Encuentro, basado en estimaciones de la Consultora W, el 78% de los hogares percibe ingresos inferiores a ese promedio, mientras que el 21% integra el segmento de menores recursos y se encuentra por debajo de la línea de pobreza estimada.
Según publicó El Destape, la distribución muestra una estructura en la que los hogares de ingresos altos elevan el promedio general, mientras una proporción mucho mayor se concentra por debajo de ese valor. En la clasificación utilizada por el relevamiento, solo la clase alta y la clase media alta superan los $2,8 millones mensuales, mientras que los segmentos de clase media baja, clase baja superior y hogares pobres representan en conjunto el 78% de los hogares argentinos.
El estudio de Fundación Encuentro advirtió que esa estructura ayuda a explicar por qué el consumo masivo todavía no logra una recuperación sostenida pese a la desaceleración de la inflación y la recomposición de algunos salarios reales. "El ingreso promedio de $2.800.000 describe mejor la situación de una minoría que la de la mayoría de los hogares argentinos", señaló el documento.
La diferencia entre promedio y distribución resulta central para interpretar la economía cotidiana. Si una minoría concentra ingresos muy superiores, el promedio puede aumentar sin que la mayoría de los hogares disponga de recursos suficientes para incrementar su consumo. Por eso, la evolución del ingreso medio no necesariamente refleja la capacidad de compra del conjunto de las familias.
Cuánto necesita cada segmento.
El Destape indicó que el relevamiento divide a los hogares en cinco grandes segmentos socioeconómicos y permite observar cuál es el ingreso mensual mínimo que corresponde a cada uno. En el extremo superior se encuentra la clase alta, identificada como segmento ABC1, que representa el 5% de los hogares. Para ingresar en esa categoría, el ingreso mensual debe alcanzar al menos los $7,5 millones.
Por debajo aparece la clase media alta, o C2, que representa el 17% de los hogares y tiene como piso de ingresos los $4 millones mensuales. La clase media baja, C3, comprende al 26% de los hogares. El ingreso mínimo para ubicarse en ese segmento se sitúa en $2,2 millones mensuales, por debajo del promedio nacional de $2,8 millones.
El grupo más numeroso es el denominado D1, correspondiente a la clase baja superior no pobre, que reúne al 31% de los hogares. En este caso, el piso de ingresos se ubica en $1,4 millones mensuales. Finalmente, el segmento de menores ingresos comprende al 21% de los hogares, que se encuentra por debajo de la línea de pobreza estimada y registra ingresos de alrededor de $900.000 mensuales.
La composición queda así: 5% en la clase alta, 17% en la clase media alta, 26% en la clase media baja, 31% en la clase baja superior no pobre y 21% en situación de pobreza. La suma explica el 78% de hogares que se encuentran por debajo del ingreso promedio nacional.
El ingreso promedio de $2,8 millones puede generar una lectura distorsionada si no se observa junto con la distribución. En una sociedad donde una porción pequeña concentra ingresos muy elevados, el promedio aumenta aunque la mayor parte de los hogares se encuentre por debajo de ese valor. La propia Fundación Encuentro remarca esta característica al señalar que "de los cinco niveles, solo la Clase Alta y la Clase Media Alta superan el ingreso promedio de $2.800.000". Esto implica que ocho de cada diez hogares argentinos tienen ingresos inferiores al promedio nacional.
La distinción es importante porque el deterioro de los ingresos no afecta de la misma manera a cada grupo. Un hogar que percibe $2,2 millones mensuales puede encontrarse por encima de la línea de pobreza, pero todavía enfrenta restricciones para sostener determinados consumos, ahorrar o afrontar aumentos de servicios. En el extremo inferior, un hogar con ingresos cercanos a $900.000 concentra prácticamente todo su presupuesto en necesidades básicas. El problema, entonces, no es solamente la pobreza medida por la línea oficial, sino la distancia que existe entre los distintos sectores de la distribución.
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