Cuatro de cada 10 jubilados comen una o dos veces al día para pagar el alquiler
Más del 40% de las y los adultos mayores que alquilan un techo apenas comen 1 o 2 veces por día, y 7 de cada 10 se vieron obligados a recortar gastos en alimentos, según datos de la Defensoría de la Tercera Edad y la Encuesta Nacional Inquilina.
Mientras desde Nación aseguran haber bajado la pobreza, los datos de las condiciones de ingresos muestran otra realidad: la actividad laboral de mayores de 66 años creció 11% interanual. Esto se debe a la pérdida del poder adquisitivo de las jubilaciones (-23% en comparativa con 2023) frente a una canasta básica del adulto mayor que superó los $1,8 millones y más que cuadruplicó el haber mínimo que reciben más de 5 millones de jubilados (apenas $ 450.000) y casi un millón de personas con discapacidad ($ 328.000). "Esos valores incluyen el bono de $70.000 congelado desde 2024 y que, actualizado, debería ser de casi el triple ($190.000), según estimó la Defensoría de la Tercera Edad", publicó El Destape.
Caída del poder de compra, deudas y miseria
Las condiciones de vida de las personas mayores han enfrentado un empeoramiento marcado durante los últimos años: los ingresos no alcanzan siquiera para cubrir una canasta básica que para jubilados se ubicó en abril en $ 1.824.682 (según estimó la Defensoría de la Tercera Edad de CABA). Esto es cuatro veces más que el haber mínimo que -con un bono de $70.000 congelado desde 2024- alcanza los $ 450.319. De los más de 6 millones de jubilados y pensionados, aproximadamente el 64% recibe la mínima y no llegan a cubrir una canasta básica.
El informe de la Defensoría señala que “las personas mayores en Argentina sufren una triple crisis: alimentaria, sanitaria y habitacional”. Para proveerse su subsistencia, terminan trabajando hasta que su salud se lo permite, o pidiendo por subsidios, comida, medicamentos.
“Esta verdadera iatrogenia social lleva a que aquellos que trabajaron toda una vida, que aportaron al Estado argentino, que conformaron familias y educaron hijos, hoy se tengan que encontrar siendo explotados laboralmente”, alertó Eugenio Semino, Defensor de la Tercera Edad.
Entre los jubilados, el desempleo encubierto (desocupados o trabajadores que trabajan pocas horas en malas condiciones y buscan trabajo) tuvo un crecimiento del 34,1% en un año entre las personas de 66 años o más. La comparación contra el tercer trimestre de 2023 es aún peor: se multiplicaron los jubilados que buscan trabajar más horas.
“El intento de mitigar el problema mediante el anuncio de bonos que son como monedas arrojadas a un pueblo hambriento no solamente son inútiles sino también contraproducentes. Son parches que resaltan el agujero que quieren ocultar. No es que los jubilados sigan estando mal, es que están cada vez peor y no hay perspectivas de que la situación se revierta. La deuda sigue siendo con ellos”, planteó Semino.
Alquileres.
En materia de acceso a la vivienda, la última Encuesta Nacional Inquilina expone una alarmante realidad: el 42% de las y los jubilados realiza solo 1 o 2 comidas por día. "En un marco donde el 86% destina el 40% o más de su haber al alquiler, al menos 7 de cada 10 debió recortar alimentos", agrega El Destape, en base al informe que realiza la organización Inquilinos Agrupados.
En Argentina, hay 400.000 adultos mayores (en torno al 7% de la población adulta mayor total) que dependen de poder pagar un alquiler para tener un techo donde vivir. Esta cifra representa el doble que hace 20 años atrás. El fenómeno de la inquilinización en la tercera edad afecta directamente las necesidades habitacionales y económicas de este sector social: Según el Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (CESO) los jubilados que cobran el haber mínimo deben gastar el 80% del mismo en alquiler un departamento monoambiente medio, sin incluir expensas ni servicios.
Esto se da en un escenario donde, según los datos del relevamiento de Inquilinos Agrupados, el 17,2% de los inquilinos tuvo que mudarse por no poder pagar el alquiler ya que el 70% sufre aumentos cada 3 o 4 meses y los aumentos frecuentes hacen imposible sostener el pago. Como resultado, un tercio de los inquilinos destina menos del 30% de sus ingresos al alquiler, otro tercio destina la mitad de su salario (50%) y y el porcentaje restante es el más afectado ya que destina entre el 60% y el 100% de su sueldo.
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