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El gusano cogollero avanza sobre el maíz

Redacción 17/10/2026 - 09.02.hs

El gusano cogollero comenzó a generar preocupación en los lotes de maíz de siembra temprana. El programa Manejo de Resistencia de Insectos (MRI) recibió alertas por la presencia de Spodoptera frugiperda y advirtió sobre la importancia de detectar los ataques a tiempo para evitar daños mayores y mejorar la eficacia de los tratamientos.

 

La aparición de la plaga durante las primeras etapas del cultivo plantea la necesidad de reforzar las recorridas y prestar especial atención a los síntomas que presentan las plantas. La detección temprana permite dimensionar el nivel de afectación y decidir si es necesario intervenir antes de que las larvas avancen sobre las partes más sensibles del maíz.

 

También conocida como oruga militar tardía, esta plaga se alimenta de los tejidos vegetales y afecta principalmente las hojas y el cogollo de las plantas. Los daños pueden observarse en las hojas centrales, donde aparecen lesiones provocadas por la alimentación de las larvas. Cuando estas se refugian en el cogollo, quedan más protegidas y resulta más difícil alcanzarlas con insecticidas. En ataques severos, los daños pueden comprometer el desarrollo del cultivo.

 

Ante los primeros reportes, el MRI recomendó intensificar el monitoreo de los lotes y ajustar su frecuencia según la presión de la plaga. En condiciones habituales, aconsejó realizar inspecciones semanales, mientras que, ante ataques importantes, sugirió reducir el intervalo a entre tres y cinco días.

 

La frecuencia de las recorridas resulta clave para seguir la evolución de los daños y detectar la presencia de larvas cuando todavía se encuentran en estadios iniciales. De esta manera, los productores pueden contar con información actualizada sobre la situación de cada lote y evitar que el diagnóstico llegue cuando las posibilidades de control son menores.

 

Para obtener una evaluación representativa, el programa propuso inspeccionar al menos cinco puntos de cada lote, distribuidos entre las cuatro esquinas y el centro. En cada sector se debe observar la presencia de larvas vivas, los daños recientes en las hojas centrales y la proporción de plantas afectadas. El objetivo es contar con una referencia del nivel de presencia de la plaga y no basar la decisión de control en observaciones aisladas.

 

Cuándo intervenir.

 

Uno de los aspectos centrales de las recomendaciones es identificar el momento adecuado para realizar los tratamientos. El MRI aconsejó considerar la aplicación de insecticidas cuando entre el 10% y el 20% de las plantas presente un nivel de daño 3 en la escala de Davis y se detecten larvas vivas en sus primeros estadios de desarrollo, conocidos como L1 y L2.

 

Este criterio combina dos indicadores: la proporción de plantas que presenta daños y el tamaño de las larvas presentes. No alcanza con observar hojas afectadas; también es necesario comprobar si hay insectos vivos y determinar en qué etapa de desarrollo se encuentran. Esa información contribuye a definir el momento de intervención y a mejorar las posibilidades de éxito del tratamiento.

 

La oportunidad es determinante. Las larvas pequeñas permanecen más expuestas sobre las hojas, mientras que, a medida que crecen, se introducen en el cogollo y quedan más protegidas. Por eso, retrasar la intervención puede reducir la eficacia del control y dificultar el alcance de los productos utilizados.

 

El monitoreo, por lo tanto, no debe limitarse a confirmar la presencia del gusano cogollero. También debe permitir seguir la evolución de la población y de los daños, para que las decisiones se tomen en función de la situación concreta del cultivo. La recomendación es evaluar cada lote y ajustar las medidas de manejo de acuerdo con los resultados de las inspecciones.

 

Aplicación y seguimiento.

 

El programa también recomendó utilizar productos y dosis de acuerdo con las indicaciones técnicas, garantizar una buena cobertura durante la aplicación —especialmente en el cogollo— y rotar los modos de acción de los insecticidas para disminuir el riesgo de que la plaga desarrolle resistencia.

 

La calidad de la aplicación es otro factor relevante, ya que los insectos pueden quedar resguardados en sectores de la planta a los que resulta más difícil llegar. Por eso, además de elegir el momento adecuado, es importante procurar que el producto alcance las zonas donde se encuentran las larvas.

 

La rotación de modos de acción forma parte de una estrategia destinada a preservar la eficacia de las herramientas disponibles. El uso reiterado de insecticidas con el mismo modo de acción puede favorecer la selección de individuos resistentes, lo que reduce las posibilidades de control a futuro. En ese sentido, las recomendaciones apuntan a combinar el seguimiento de los lotes con decisiones de manejo que contemplen tanto la situación inmediata como la prevención de resistencias.

 

Finalmente, el MRI aconsejó volver a monitorear los lotes entre tres y cinco días después del tratamiento para comprobar su eficacia y determinar si es necesario adoptar nuevas medidas. Esa revisión permite evaluar la respuesta de la plaga y evitar que la decisión de control se dé por concluida sin verificar los resultados.

 

El MRI está integrado por empresas de la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA) y ArgenBio. Su trabajo apunta a preservar la eficacia de las tecnologías de control de insectos y prevenir la aparición de resistencias, un desafío clave para el manejo sustentable de las plagas agrícolas. (Bichos de Campo).

 

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