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A partir de la “América Profunda”

Redacción 17/10/2026 - 00.38.hs

El pensamiento de Rodolfo Kusch puede ser una base y punto de partida para avanzar hacia “un mundo en el que quepan varios mundos”, según su propia expresión. Esta es la segunda entrega del artículo publicado en la edición del lunes 12 de octubre en este diario.

 

JORGE GAGGERO*

 

Gunther Rodolfo Kusch estaba estudiando filosofía en la Universidad de Buenos Aires (UBA), cuando el “movimiento peronista” fue gestado, el 17 de octubre de 1945. Apenas se había recibido cuando se realizó en Mendoza, en 1949, un “Congreso Nacional de Filosofía” de impacto global (como consecuencia de la destrucción de Europa por la Segunda Guerra Mundial). El presidente Juan Domingo Perón lo cerró con una exposición que fue la base del texto de su doctrina política, “La Comunidad Organizada”, y a la vez la base conceptual de la Constitución Nacional que se aprobó ese mismo año.

 

Ambos, doctrina y Constitución, se apoyaron en las ideas del filósofo alemán Martin Heidegger –que auspició el Congreso de Filosofía y envió uno de sus trabajos— y las de la doctrina social de la Iglesia. Ambas también nutrieron el pensamiento de Kusch.

 

Sobre estas bases, los más relevantes aportes de Kusch han sido los siguientes (Coloquio continental acerca de “América Profunda”, México, 2003):

 

a) “Quizás sea nuestro destino el de volver a ser hombres sin sucedáneos, porque ese es el destino de América: la comunidad y la reintegración de la especie".

 

b) La otra consecuencia es la diversidad cultural, “un mundo en el que quepan muchos mundos”.

 

c) En términos de Kusch, "América ha sabido fagocitar, incluso, a la colonización”.

 

d) La “América Profunda” es un llamado incluyente en el que todos somos convocados a convivir en la constitución de “la comunidad” y en la “reintegración de la especie”, tal como denominó Kusch a las tareas centrales pendientes.

 

Los desarrollos históricos posteriores a la génesis de la obra de Kusch nos plantean tareas en los campos del pensamiento y las acciones necesarias que multiplican los desafíos entrevistos en su momento por el autor.

 

El mundo se dirige, en este tiempo, en una dirección contraria a la deseable por las mayorías. Predominan la insensatez de las grandes potencias (en especial, la del imperio global en crisis), el nacionalismo xenófobo, tendencias que empujan la ruptura de bloques de países y la desintegración de no pocos Estados-nación, cuando los problemas globales más acuciantes –la guerra, el descontrol económico-financiero, la creciente desigualdad, la crisis ambiental, las pandemias y los desafíos de la IA y el denominado “tecnofeudalismo” (Varoufakis)— demandan la construcción de consensos, de políticas coordinadas e, incluso, de nuevos poderes globales. Vale decir, acuerdos en los que, necesariamente, los Estados deberían ceder parte de su ya menguada soberanía a favor de la construcción del “bien común” global.

 

Las tendencias afianzadas operan en sentido opuesto y alientan la expansión de la guerra global denunciada oportunamente por el Papa Francisco y la posibilidad del descontrol apocalíptico de la IA, que acaba de confrontar el Papa León XIV.

 

Resulta indispensable que la humanidad actúe, de modo individual –a cabal conciencia de lo alertado acerca de estas amenazas— y colectivo. Vale decir, en los múltiples planos de la vida común y la institucionalidad implicados: familias, pequeñas comunidades, ciudades, provincias, regiones intranacionales, Estados-nación, regiones plurinacionales y pluriestatales, o bloques de Estados-nación.

 

En "Nuestra América", el “pensamiento seminal” de Kusch puede constituir una base y punto de partida para avanzar. Parece no sobrar tiempo, ya se destacó, para intentar estos caminos.

 

*Economista.

 

Nota: Ver “América Profunda”. Reflexiones a casi 70 años de su génesis”, Jorge Gaggero (Revista Movimiento, Nº 43, diciembre de 2022, pgs. 71 a 81).

 

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