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Turbulencias en un régimen en transición

Redacción 16/10/2026 - 00.41.hs

En un mundo que atraviesa una rápida transformación y cuya definición final aún no vemos, nuestro país está también bajo transformaciones estructurales. En este marco, las malas noticias de la llamada economía real no dejan de acumularse.

 

Eduardo Lucita*

 

El país atraviesa un cambio de régimen. Todas las turbulencias económico políticas de este tiempo tienen que ver con esa transición, tensionada además por la perspectiva electoral. Dilemas del oficialismo y la oposición.

 

En un mundo que atraviesa una rápida transformación y cuya definición final aún no alcanzamos a visualizar nuestro país está también bajo transformaciones estructurales, muchas de ellas tienen que ver con las tendencias globales, pero que incluye características propias de una formación social en transformación y en reconfiguración de su matriz productiva y del bloque de poder.

 

Cambio de régimen.

 

De una economía parcialmente cerrada, sostenida en regulaciones estatales y controles a los movimientos de capital, paritarias libres y estímulos al consumo interno, todo financiado con gasto público, pasamos a una economía más abierta, desregulada y sin mayores controles, con libre movimiento de capitales, paritarias con techo y eje en el equilibrio fiscal, todo financiado con endeudamiento. El periodista Jorge Liotti lo describe como “el pasaje de un estatismo decadente a un librecambismo irrestricto”.

 

Si en el primer caso terminó con restricción externa, fuerte déficit fiscal y alta inflación. En lo que va del nuevo régimen el fuerte ajuste del gasto público para alcanzar el equilibrio fiscal, junto con el aumento de los costos, la apertura indiscriminada de la economía y un tipo de cambio bajo, ha provocado una fuerte caída del consumo, cierre de empresas, pérdida de empleos, aumento de la pobreza y numerosas familias que no llegan a fin de mes y recurren al endeudamiento.

 

Caen fuertemente los sectores ligados al mercado interno (industria, construcción, comercio) y se favorecen los más dinámicos (hidrocarburos, minería, agropecuario, industria del conocimientos) ligados a las cadenas globales y beneficiados por el RIGI. Si los primeros son demandantes de dólares los segundos son fuertes proveedores. El poder económico se está redistribuyendo geográficamente, favoreciendo el llamado arco hidrocarburífero-minero más el agro (regiones andina, patagónica y pampeana) y debilitando las provincias tradicionalmente industriales (Bs.As, Córdoba y Santa Fe), lo que tendrá también impacto poblacional. Nada de esto es momentáneo ni circunstancial es consecuencia directa del cambio de régimen que incluye transformaciones importantes en la matriz productiva, que llegaron para quedarse.

 

Una tras otra.

 

En esta transición las malas noticias de la llamada economía real no dejan de acumularse. El consumo no repunta, la actividad cayó 2.9 y se está al borde de la recisión técnica (dos trimestres consecutivos de caída). El FMI recalculó a la baja el crecimiento del PBI del 4% inicial al 2.1 (estimaciones locales lo reducen a 1.5 -1.7) La caída del mercado interno, la suba de costos y la apertura de importaciones, más la flexibilización de controles aduaneros que favorecen el contrabando, especialmente de bienes que reemplazan ya a buena parte de la producción local, afecta fuertemente a la industria, mientras que la inversión esta en los niveles más bajos de las últimas décadas (en el primer semestre del año es de solo 14,7%). Esta debilidad de la economía afecta fuertemente la recaudación, por lo que para mantener el superávit fiscal primario comprometido con el FMI el gobierno aplicará en este 2026 el mayor ajuste de su gestión, 5.4% llevando el gasto público total a solo el 12.4% del PBI.

 

Según los últimos informes del INDEC crecen la desocupación ( 7.9%), la informalidad (alcanza al 45% y supera el 80% entre cuentapropistas), la pobreza (32.3% y 7.5 la indigencia) y las desigualdades sociales (según el índice de Gini la diferencia entre los ingresos del 10% más rico y el 10% más pobre es de 14 veces).

 

Si algo faltara la FED (el banco central estadounidense) luego de tres años estables elevó las tasas de interés de referencia conmoviendo el mercado financiero mundial. En nuestro país afectó el programa de pagos hasta diciembre 2027 presentado por el ministro Caputo. Descartada la toma de deuda en el mercado internacional para no convalidar tasas superiores al 10%, entre las diversas fuentes de financiamiento contaba la colocación de bonos en dólares en el mercado local pero aquí también subieron las tasas, por lo que el ministro tuvo que desistir de colocar estos bonos. Distintos análisis concluyen que como mínimo el programa tiene ahora un bache de 10.000 millones de dólares. La ayuda del amigo americano, como el año pasado, está en la carpeta del gobierno, pero todo puede depender del resultado de las elecciones de medio término del próximo 4 de noviembre.

 

También la política.

 

Las turbulencias que emanan de la transición no afectan solamente a la economía, la política sufre también sus cimbronazos. En el oficialismo por un lado está el ala política, encabezada por Karina Milei, temerosa del impacto que la fragilidad económica pueda causar en un año electoral, pide flexibilizar el modelo estimulando el consumo, al mismo tiempo el ministro Caputo comparte esas preocupaciones pero quiere resolverlas a su modo, flexibilizando la política crediticia liberando encajes bancarios. Por el otro está el ala dura, Milei y Sturzenegger, que prefiere “morir con la botas puestas” antes que poner en riesgo el equilibrio fiscal. Así las dos alas están ante un dilema de difícil resolución: mantener el rumbo a como dé, puede profundizar aún más la recesión y desembocar en una derrota electoral, pero devaluar y aflojar la política monetaria puede estimular la inflación y llevar también a una derrota porque se vulneró el único capital político del gobierno que es la baja de la inflación. En este tumulto, de dichos y contradichos, el presidente Milei tuvo que salir a desmentir la renuncia del ministro Caputo…

 

En la oposición la crisis sigue sin resolverse, no hay un liderazgo claro, tampoco acuerdo sobre candidaturas. No es solo una disputa de poder o un problema de egos, las fracciones en pugna están también ante el dilema de con qué programa enfrentar esta transición en el régimen económico y qué inserción internacional para el país.

 

Solo la izquierda anticapitalista, expresada en el FIT-U, pareciera tener claro su rumbo. Mientras vuelca todos sus esfuerzos en unificar y centralizar la multiplicidad y diversidad de conflictos que recorren el país, para darle una perspectiva política, espera pacientemente para lanzar la candidatura de Myriam Bregman, con un programa que debiera anular toda la arquitectura jurídica del mileismo, atender la emergencia social e iniciar transformaciones estructurales en una perspectiva anticapitalista socialista.

 

Mientras tanto el humor social, que combina bronca y tristeza por partes iguales, está también a la espera de su propia resolución. ¿Soltará amarras ante una crisis que le ha expropiado el futuro o esperará para manifestarse en las próximas elecciones presidenciales?

 

La incertidumbre campea tanto en el plano de la política como de la economía.

 

* Integrante del colectivo EDI –Economistas de Izquierda-

 

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