Despidieron a “Tito" García de La Capital: le faltaba un año para jubilarse
Causó tristeza conocer el despido de "Tito", el mozo emblemático de la confitería La Capital. A solo un año de jubilarse y tras décadas de servicio, el histórico trabajador fue desvinculado de forma abrupta por los nuevos locatarios del comercio santarroseño. La medida generó una sensación de disgusto entre los clientes habituales.
La emblemática confitería "La Capital" se encuentra en el centro de la polémica tras la abrupta y fría desvinculación de uno de sus personajes más queridos: Tito García. El histórico mozo, reconocido por generaciones de santarroseños por su atención atenta y diligente, fue despedido el pasado martes —último día de junio— sin preaviso, sin mayores trámites y con una absoluta falta de empatía por parte de la actual conducción del establecimiento.
A García le faltaba exactamente un año para alcanzar la edad reglamentaria y acceder a su jubilación. Si bien ya cuenta con los aportes previsionales completos producto de 36 años de trayectoria ininterrumpida en el rubro gastronómico —oficio que abrazó desde su infancia en su Realicó natal—, la inesperada noticia cayó como un balde de agua fría.
Despido frío y sin vueltas.
En diálogo con LA ARENA, Tito relató cronológicamente cómo se sucedieron los hechos el último martes: "Vino Jérgoli Díaz a la 1 de la tarde, me pagó lo que faltaba del mes de mayo y el sueldo de junio, pero no me dijo nada. Más tarde llegó Mauricio (Gonzalía), su socio, y ni siquiera me saludó; y poco más tarde un abogado que me hizo firmar que quedaba despedido".
Díaz y Gonzalía son quienes asumieron el control comercial del lugar hace algunos meses, luego de alquilarle el local a los propietarios históricos, Oscar De La Mata y Ángela González, tras un período de cinco meses en el que la confitería permaneció cerrada.
Cuando los De La Mata decidieron alquilar, existía la promesa de que todos los antiguos empleados conservarían sus puestos. Sin embargo, la realidad fue distinta. "Me llamaron sólo a mí, y yo recomendé que tomen al cafetero, Horacio Romero", recordó García con amargura. Además de Tito, se supo que otra empleada, Jazmín Gómez (quien realizaba reemplazos), también fue desvinculada en las últimas horas.
Precarización y aguante.
El panorama puertas adentro ya venía mostrando signos de desgaste. Según explicó el propio García, las condiciones laborales se habían vuelto cuesta arriba en el último tiempo, tanto en las tareas asignadas como en el cobro de los haberes.
"La verdad es que el último tiempo no sólo atendía las mesas, porque a veces tenía que hacer de cafetero, y hasta me ha tocado limpiar los baños… por supuesto todo eso provoca incomodidad, pero la verdad es que igual lo hacía", confesó el trabajador.
Pagos en cuotas.
El salario también se había transformado en un problema. "El último sueldo de mayo me lo habían pagado en tres veces. El último pucho me lo dieron precisamente el martes. Ahora todavía falta que paguen junio y el medio aguinaldo". A pesar del malestar que esto generaba, Tito aclaró que los empleados "se las aguantaban" para cuidar el puesto.
El adiós a un clásico del centro
La noticia del despido de "Tito de La Capital" causó fuerte repercusión. Para los parroquianos y clientes habituales, Tito no era un simple empleado, sino casi un amigo, un eslabón fundamental de la identidad de la céntrica confitería.
Por estos días, cuando La Capital reabre sus puertas, sus mesas ya no cuentan con el servicio, la calidez y la experiencia de un mozo que dejó media vida entre las bandejas y el café.
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