“El equilibrio fiscal es un engaño, Nación reduce ingresos”
“Mi hipótesis es que en este momento, en esta Argentina, el equilibrio fiscal es un engaño que se le hace a la población porque lo que está haciendo el gobierno todo el tiempo es reducir sus ingresos”, planteó el economista Ricardo Aronskind, respecto al eje central de las políticas económicas del presidente Milei. “El equilibrio fiscal parece una idea razonable, cuando uno lo piensa en términos más personales: trato de no gastar más de lo que gano, en todo caso pido un crédito, pero incluso si me endeudo trato de hacerlo en una proporción que pueda manejarlo”.
Pero a esto se contrapone otra realidad: “La recaudación viene cayendo hace 10 meses seguidos, no hay un combate a la evasión impositiva. Pagamos impuestos los que no tenemos otra forma de evadirlos, pero los que sí la tienen no los pagan. El gobierno todo el tiempo le saca impuestos a los sectores más ricos, pero lo que dice es ‘no voy a gastar más que estos miserables ingresos que tiene el Estado porque si no violo el equilibrio fiscal’. En el fondo lo que dicen es ‘no voy a gastar más en salud, educación, obra pública, todo lo necesario para que el país sea vivible, porque tengo que evitar cobrarle impuestos a los que pueden pagarlos’. Esa es la trampa”, afirmó en diálogo con Radio Noticias.
Señaló que incluso sectores populares, que se posicionan a favor de la distribución equitativa de los ingresos, prometen “mantener el equilibrio fiscal” en sus propuestas. “La política argentina entró en esa trampa, están todos como loritos prometiendo que si llegan al gobierno no van a tocar el equilibrio fiscal. No están prometiendo equilibrio fiscal, sino respetar la horrible distribución del ingreso que está generando el mileísmo en este momento”.
Empresariado.
Respecto a la propuesta libertaria de “achicar el Estado”, Aronskind remarcó que “es algo que viene desde hace décadas a nivel internacional, con la diferencia de que en los países centrales son los propios empresarios los que se dan cuenta de que el achicamiento del Estado tiene un límite”.
“El empresario francés, el alemán, el japonés sabe la importancia que tiene el Estado para su propio estar en el mundo: para defenderlo, para promoverlo, para estimular las exportaciones, un montón de cosas. En Argentina tenemos un problema gravísimo, que es un empresariado -sobre todo el más concentrado- desinteresado completamente de esta cuestión. Hay élites económicas que son muy eficientes, y hay otras que son realmente inútiles. Y en la Argentina es muy mala, porque teniendo un país capaz de producir muchísima riqueza y exportar mucho, los resultados que consiguen con sus gobiernos son desastrosos. No tendría por qué estar endeudada pero lo está por la inutilidad de los gobiernos que responden a la élite”.
Remarcó que el sistema impositivo tampoco ayuda a la situación. “Mientras que los impuestos a las ganancias son los más importantes en el mundo, en Argentina tienen una importancia menor y encima se los cobran a una porción de los asalariados. Hace décadas que el impuesto más importante es el Impuesto al Valor Agregado (IVA), que lo paga hasta el más pobre cuando compra un caramelo”.
Política.
El economista señaló que cambió el rol de los políticos. “Dejaron de ser las personas que trataban de lograr un gobierno que satisfaga las necesidades de distintos sectores de la sociedad, y se pasó a la idea de que los gobiernos tienen que promover negocios privados. Fue un cambio global, pero en el caso argentino es extremo: han logrado que la política esté intelectualmente subordinada a la idea de qué piensan los mercados, que es una forma elegante de decir ‘los grandes empresarios’”.
Ante este pacto entre política y empresariado, Aronskind propone que “para que esto cambie hay una condición previa, que es que la gente entienda de qué se trata y por lo tanto apoye y sostenga al gobierno que quiere hacer transformaciones”. Y fue tajante con la principal fuerza opositora en el país: “Si el peronismo no se ocupa de crear una conciencia popular más profunda, que se olvide de poder hacer un gobierno que pueda gobernar”.
“Lo que propongo es una reconciliación entre la política popular y el conocimiento. Hay que modernizar la forma de vincularse con la sociedad, de llegar, de comunicar un mensaje. Si la derecha fue capaz de instalar una idiotez completa como ‘se robaron dos o tres PBI’, que no resiste ninguna prueba científica seria, ¿cómo puede ser que los sectores populares no sean capaz de transmitir un mensaje comprensible en forma masiva? Hoy la comunicación está atomizada, la gente lee mucho de otras formas. Y sobre esas otras formas hay que trabajar: en cosas atractivas y que permitan llegar con un mensaje claro, lógico y sensato a la gente”, concluyó.
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